Miguel Ángel Paredes / 10.11.2014

Para mantener el orden, ya sea en el ámbito personal, profesional, emocional, de la salud o financiero, necesitarás reglas. Las reglas además te permiten llegar a acuerdos con otras personas y crear sistemas y métodos para hacer las cosas de forma más o menos estable al margen de quien las haga. Las reglas funcionan como un hilo invisible y te conducen paso a paso por el laberinto de lo incierto hacia un final previsible y estable. Por eso cuando las sigues te otorgan seguridad durante el proceso y confianza en los resultados que esperas lograr. Pero para que las reglas te resulten útiles, tienen que ser tus reglas. Las reglas de los otros tal vez no siempre resulten para ti. Eso no quiere decir que sean únicas, puedes compartirlas con otras personas, pero en algún momento has tenido que hacerlas tuyas. Las reglas ajenas son como los zapatos ajenos, a veces no son tu talla, te hacen rozaduras, se te salen, no te permiten avanzar a tu ritmo y puede que te termines cayendo. Para que tu sistema...

María José Hernández / 03.11.2014

Por nuestra condición de seres sociales, más tarde o más temprano nos toparemos con la crítica de los demás. En algún momento habrá alguien que se sienta con el derecho, y hasta con la obligación, de darnos su opinión sobre nuestra conducta, nuestras ideas, o nuestros sentimientos. En principio, una opinión ajena no tiene por qué ser dañina para nosotros o nuestra autoestima. Es más, conocer el punto de vista de otras personas puede aportarnos una nueva visión y enriquecer nuestra forma de ver la vida. Muchas veces esas opiniones son emitidas con un juicio de valor implícito, y con una intención tácita de redirigir nuestro comportamiento. En suma, el problema deriva de considerar esa opinión como un modelo imitable hacia el que hemos de conducir nuestras acciones o nuestros pensamientos. Pero, por muy demoledora que llegue a ser, la crítica no procede de quien la emite, sino de quien la percibe. En realidad, importa poco que la crítica se haga en buenos o malos términos, ya que su capacidad lesiva reside en la falta de...

David del Bosque / 27.10.2014

Hay dos tipos de inteligencia que en pleno siglo 21 aún siguen sin fomentarse de forma sistematizada en la escuela. Una de ellas es la inteligencia emocional, el conjunto de habilidades personales que permiten que conectemos con nuestras propias emociones y demos respuesta a las mismas de la forma más equilibrada y eficaz posible. La inteligencia emocional también nos permite comprender mejor las emociones de los demás y actuar en consecuencia. El segundo tipo de inteligencia es del que quiero hablarte hoy, la inteligencia financiera. Se refiere al conjunto de habilidades, herramientas y conocimientos que permiten a una persona tomar las mejores decisiones financieras en cada momento y circunstancia de su vida. La economía, el dinero y las finanzas forman parte de un mundo cada vez más económico en donde crecerán tus hijos y de la inteligencia financiera dependerá una parte importante de su bienestar y de su éxito. Cuanto antes se formen en esta área, cuanto más fomentemos en ellos su inteligencia financiera, más probabilidades tendrán de que su Coeficiente Intelectual (CI) financiero sea una...

Miguel Ángel Paredes / 20.10.2014

Sin orden reina el caos, el desconcierto y la incoherencia. Sin disciplina lo que hay es dejadez, postergación e incertidumbre. Orden y disciplina guardan relación con la excelencia en los resultados, el logro de metas y objetivos, madurez, fiabilidad, solidez, estabilidad, credibilidad y confianza. Y también guardan relación con salud, poder y felicidad. Cuando tu cuerpo se desordena, y tu corazón late de forma desacompasada y arrítmica, o la respiración se te altera, seguramente sufres algún tipo de problema físico. Cuando tus funciones biológicas se desorganizan y no se ajustan de forma disciplinada a los procedimientos impresos en tu ADN desde hace miles de años, tus digestiones ya no siguen el riguroso proceso habitual o tu sistema nervioso parece haber olvidado el método para que todo funcione con sincronía y precisión, seguramente has enfermado. Te guste o no, disciplina y orden se relacionan de forma muy estrecha con salud física y psicológica. Todas las adicciones son el resultado de la pérdida de disciplina y lo primero que hay que entrenar para recuperar el control sobre la propia...

María José Hernández / 13.10.2014

El trabajo es ese sitio en el que pasamos tantas horas. En el que hacemos amigos y enemigos. Un lugar donde socializamos y donde nos enemistamos. Donde encontramos a veces nuestra vocación y nuestra razón de ser. Otras veces se convierte en un lugar tortuoso al que acudimos únicamente por la recompensa monetaria que nos proporciona. Muchas veces ni siquiera todo el oro del mundo puede hacer que encontremos la felicidad o algo parecido en las largas horas que pasamos allí. Sea como fuere, el trabajo es fuente de placer o malestar y se convierte en un área importantísima de nuestras vidas, hasta el punto de que puede llegar a interferir con las demás. Incluso puede superponerse y hacernos olvidar que hay algo más después de la jornada laboral. Si sientes que el trabajo te impide relacionarte sanamente con otras personas, o que las horas que le dedicas no te compensa la falta de tiempo, o que incluso el dinero que ganas no sirve de contrapeso a tu esfuerzo, tal vez necesitas replantearte tu relación con...

David del Bosque / 06.10.2014

Mentimos porque queremos evitar consecuencias negativas. Sabiendo que hemos actuado mal, preferimos evitar castigos, sanciones o simplemente dar la cara. Aunque interiormente reconocemos nuestra responsabilidad, nos avergüenza que se sepa. También nos resulta cómodo no airear los trapos sucios. Nos autoengañamos pensando que será la última vez, que es una mentira piadosa y que tampoco es para tanto. Pero las consecuencias de nuestros actos, sean consecuencias positivas o negativas, tienen una finalidad importante: sirven para que aprendamos y crezcamos. Rehuir de las consecuencias de nuestros actos, aunque sea cómodo a corto plazo se convierte en una de las formas más fáciles de no crecer, de no madurar y de no responsabilizarnos de nuestras vidas. Demasiado precio para evitar un castigo. Mentimos porque tenemos prisa, queremos algo con urgencia y mentir es uno de los atajos de los que disponemos. Copiamos en un examen en lugar de estudiar porque queremos aprobar ya, manipulamos nuestro curriculum porque necesitamos un trabajo ya, seducimos y hechizamos en lugar de mostrarnos tal y como somos porque queremos algo de otra persona...

Miguel Ángel Paredes / 29.09.2014

“Dejarlo para mañana”, “empezar un poco más tarde” o “hacerlo en otro momento con más tranquilidad”, son frases y decisiones que abren la puerta de la postergación, la procrastinación, el aplazamiento, la distracción, el fracaso, la culpa y muchas adicciones. Cada postergación resta en tu autoestima, por una doble razón primero porque el mensaje de fondo que te das es “yo no puedo ahora”, cuando sí puedes. Y segundo, porque cuando postergas y no lo haces en ese momento, ni mañana, ni pasado mañana, y solo cuando la urgencia o lo inevitable afloran te pones en marcha, el riesgo de error se dispara y la actividad, sea la que sea, se convierte en algo muy desagradable. Obviamente, solo aplazas lo postergable, lo urgente no se puede postergar. Pero tal vez ahí reside una trampa, porque muchas veces lo no urgente es precisamente lo más importante, y termina convirtiéndose en urgente justamente por haber sido postergado. Y de esta forma, pasas a la acción pagando una cuota muy alta de estrés e insatisfacción y con los resultados chapuceros...

María José Hernández / 22.09.2014

Puede que tengas una vida agradable, una vida cómoda o una vida que no te gusta. Seguramente en algún momento te has planteado mejorarla, lo habrás logrado, o habrás desistido del intento. Quizás te has acostumbrado a hacer lo de siempre y ni siquiera esperas otros resultados. A lo mejor te conformas con realizar tu trabajo, cumplir con tus responsabilidades y tener algunos ratos de ocio. Vas viviendo. De repente algo imprevisto sucede: nace un hijo, muere alguien cercano, te quedas sin trabajo, te diagnostican un tumor, te salta el airbag del coche al estrellarte, se inunda tu vivienda o te quedas colgando en el vacío mientras practicas puenting. Al principio no eres capaz de valorar lo que te pasa, y te da la sensación de que tu vida se ralentiza, todo comienza a suceder a cámara lenta, y grabas en tu mente cada segundo de la experiencia. Después, el miedo te mira de frente, y lo que ves te asusta tanto que te quedas paralizado. No quieres enfrentarte a eso, no quieres estar ahí, no quieres...

David del Bosque / 15.09.2014

Por falta de valentía, temiendo equivocarte y cometer errores, permites que otros decidan por ti en aquello que te inquieta. Que sea otro quien te despida, en vez de irte de un trabajo en el que realmente lo único que tienes que perder es el sueldo. Que sea otro quien se sitúe en primer plano, se “moje” opinando y diga lo que piensa aunque no sean ideas bienvenidas. Que sea otro quien arriesgue por un sueño, una idea o una relación. Julio Verne decía que todo lo que una persona pueda imaginar, otra podía hacerlo realidad. Que sea otro quien te saque de tu espacio de seguridad para así, si salen mal las cosas, poder culparle en vez de agradecerle que apostase por ti y confiase en ti más de lo que tú lo haces. Puede que no sea miedo a las dificultades y peligros del camino, a lo mejor la decisión que te asusta y que dejas en manos de otros es qué ruta vital escoger porque eso significa dejar de recorrer otros caminos. Por...

Miguel Ángel Paredes / 08.09.2014

Todos tenemos algún tipo de miedo irracional y limitante que nos hace prisioneros y con el que saboteamos nuestro crecimiento personal. Las fobias son miedos intensos y desproporcionados ante objetos o situaciones concretas y cotidianas que te secuestran mentalmente llevándote a conductas de huida o evitación para escapar del miedo. Tres son los indicadores que se manifiestan en las fobias. La tendencia a anticipar catástrofes mentales relacionadas con la temática fóbica que desbordan tus recursos para hacer frente a la situación. Predisposición a la evitación y la huida para escapar del objeto fóbico. Y cuando ya te encuentras expuesto a él, síntomas fisiológicos que van desde sequedad en la boca, hasta sensación de mareo, diarreas, sudoración, taquicardia, palidez o enrojecimiento. El tema de estos miedos puede ser muy variado, en realidad cualquier cosa o circunstancia cotidiana y del día a día puede convertirse en objeto fóbico: Las arañas u otros animales como las ratas, los pájaros, los perros, los insectos o los caballos, la sangre, las inyecciones, los hospitales, las enfermedades o la muerte, los espacios cerrados...