David del Bosque / 01.06.2015

Einstein aseguraba que la fuerza motriz más poderosa que existía en la naturaleza no era la electricidad o la energía atómica, era la voluntad. La voluntad como determinación, la decisión poderosa de conseguir lo que uno quiere. La voluntad puesta en marcha es la sensación íntima de querer realmente algo, no de buscarlo por la apetencia del momento o por un deber o necesidad. Tener la voluntad es querer. El deseo más potente es el que surge de uno mismo, y es que los deseos prestados son menos poderosos. La voluntad que emana de la propia inteligencia, de la propia intuición, de los propios sentimientos, de las propias creencias y de la propia experiencia es la energía más movilizadora. Otros deseos, los deseos de otros, sus metas y objetivos, pueden parecer más razonables, más posibles, más importantes, más urgentes, más ineludibles… pero si habitualmente se hacen propios los deseos de otros, la voluntad se moverá más desde el deber que desde el querer. La decisión que nace de la voluntad, el querer que surge de lo que...

Miguel Ángel Paredes / 25.05.2015

La realidad es neutra y cada persona la filtra mentalmente con sus creencias, valores, costumbres, cultura y paradigmas. Entonces la interpretamos adjudicándole un valor emocional. En el fondo no existen experiencias buenas o malas, agradables o desagradables, positivas o negativas. El partido de futbol que a tantos apasiona y por el que algunos son capaces de ir al otro lado del planeta, a otros sencillamente les aburre. Las creencias y ceremonias religiosas que dan sentido, orden y paz a la vida de muchas personas, a otros les produce rechazo o incluso actitudes violentas. La búsqueda de música a muchos decibelios, alcohol, sexo fácil y muchedumbre que muchos entienden como pasarlo bien, placer o felicidad a otros les produce hastío o incluso repugnancia. No todos queremos lo mismo ni disfrutamos con las mismas experiencias. Lo que a muchos les hace sufrir, a otros les produce placer. De hecho la frontera entre el gozo y el dolor es difusa y cambiante. Y lo que arranca gustando, a partir de determinado momento comienza a molestar, se convierte en algo desagradable...

David del Bosque / 18.05.2015

El aburrimiento es uno de los males emocionales de nuestra sociedad. Incluso en esta época de múltiples estímulos y distracciones, de más opciones vitales y profesionales que nunca, estar aburrido es una queja habitual en muchas personas, que se aburren en su trabajo, en su tiempo de ocio o en su relación de pareja. Desde el aburrimiento de no saber qué hacer en unas vacaciones o en un fin de semana, pasando por el aburrimiento de repetir las mismas tareas en el trabajo hasta el aburrimiento de la rutina de la convivencia en la pareja. También la sensación de vacío, como que falta algo, ese estímulo que de repente cambie el hastío por excitación. La espera desesperante de una aventura, una persona o una ocupación nueva que nos rescate de nuestro aburrimiento. Algo o alguien que nos empuje fuera de nuestro espacio de comodidad y nos asegure pasarlo bien sin pasarlo mal. Excitación sin inquietud, el deseo de nuestro tiempo. El aburrimiento puntual no es peligroso. Hay personas que necesitan sentir continuamente sensaciones positivas, sentirse en...

Miguel Ángel Paredes / 11.05.2015

En la vida existen dos maneras básicas de actuar, reaccionar de manera más o menos consciente a los sucesos que te acontecen, o anticiparte a las situaciones y crear las circunstancias necesarias para que los sucesos que tú deseas acontezcan. La primera actitud se conoce como reactividad. Las personas se limitan a reaccionar cuando algo sucede en su entorno. Por ejemplo esperan en su trabajo a que les digan lo que tienen que hacer, que aparezca un cliente o a recibir una llamada. O modifican su dieta y su actividad física cuando el médico tras has últimas pruebas comenta que tienen el colesterol alto y empiezan a tener sobrepeso. O hablan con su pareja cuando la notan distante e incómoda en su presencia. Hasta que no “sucede nada” se colocan en “modo espera” y ven la vida pasar mientras “hacen lo de siempre” sin plantearse cambios o mejoras. Ser reactivo es una actitud válida. Es mucho mejor que no reaccionar y no hacer nada cuando las circunstancias te empujan a pasar a la acción. No hacer nada,...

David del Bosque / 04.05.2015

La angustia vivida como un angostamiento, una estrechez perturbadora. El angustiado como oprimido, apretado en el cráneo, en las costillas y en el estómago. Éste es el origen etimológico de la palabra angustia. Una sensación de estrechamiento físico, ahogo pulmonar, inestabilidad psíquica y hasta temblores y escalofríos en todo el cuerpo. Por sufrirla con mucha intensidad y de forma continua, hasta puede llegar la sensación de perder el control y volverse uno loco. La angustia en una de las peores sensaciones que puede llegar a sentir un ser humano y, paradójicamente, una de las patologías más desatendidas por la medicina actual, que se afana en recetar psicofármacos para enmascarar los síntomas sin solucionar las causas. Tratar la angustia sólo con ansiolíticos y antidepresivos es como calmar la sed sólo con refrescos de cola: solución de emergencia a corto plazo que se convierte en sí mismo en otro problema a largo plazo. La angustia es una sensación “flotante”, a la espera de unirse a algo que justifique su existencia. Se puede estar angustiado por todo y por...

Miguel Ángel Paredes / 27.04.2015

El acto de comer es un acto de amor. De amor a ti y en el caso de cocinar para otras personas, es siempre un acto de entrega a los demás. Hay personas que solo se alimentan. Tal vez ni eso, quizás solo se limitan a ingerir. Y les da lo mismo meterse en la boca lo que sea con tal de aplacar la sensación de hambre en el estómago. Comen cualquier cosa, de cualquier manera, en cualquier momento. Puede ser tomar el café o algo caliente y oscuro por la mañana en vaso de cartón reciclado mientras caminan a la oficina, o terminar el croissant en el coche al tiempo que van conduciendo al trabajo. Puede ser tomar un sándwich rápido mientras corren por el aeropuerto hacía la puerta de embarque o delante del ordenador a la vez que terminan ese informe que parece más importante que ellos. O tal vez se trate de fulminar de una sentada la tableta de chocolate a modo de cena cuando miran con una concentración casi hipnótica su serie...

David del Bosque / 20.04.2015

Decía Lope de Vega que los celos son los hijos bastardos del amor. El celoso dice que ama más, más intensamente, pero no ama mejor. A veces ama mal, tal y como apuntaba Stendhal al acusar al celoso de soportar mejor la enfermedad de su amante que su libertad. El celoso se debate entre el miedo y la codicia a los que confunde con el amor. Miedo a perder al ser deseado, el sufrimiento por creer estar perdiendo a quien realmente nunca ha poseído, porque nadie pertenece a nadie más que a uno mismo. Y la codicia del ego, el orgullo de sentirse merecedor de lo que desea, simplemente por ser él. El celoso ciego de egoísmo clama que es a él a quien hay que querer. Cuantas veces en el amor, el infierno se revela al pasar del número dos al número tres. De la pareja exclusiva del matrimonio o de la madre y el hijo o de las amigas inseparables al triángulo tormentoso del amante o de la novia del hijo que se convierte en...

Miguel Ángel Paredes / 13.04.2015

Cuando piensas en una persona agresiva generalmente te viene a la cabeza alguien intimidante, con tendencia a hablar en voz alta o gritar, de modales bruscos y palabras groseras, expresión de enfado, incluso de furia, facilidad para la crispación y la tensión, que transpira miedo y amenaza, y con tendencia a la impulsividad y al descontrol. Lo puedes imaginar conduciendo de una manera temeraria, discutiendo con otras personas con el volumen de voz elevado y haciendo gestos con las manos, riñendo a su hijo con una mirada intimidante, dando un golpe en la mesa en una reunión o pegando una patada con furia a la papelera o al perro cuando la noticia que ha recibido no es de su agrado. Se trata solo de un tipo de agresividad. La más “florida”. La que hace un mayor despliegue de efectos especiales en sonidos fuertes, gestos bruscos y expresiones terribles. Es la agresividad activa, que hincha las venas del cuello, inyecta los ojos en sangre, aprieta los puños con crispación y somete el cuerpo a una elevada tensión. Hay, sin...

David del Bosque / 06.04.2015

Los tímidos suelen ser personas sensibles y con una gran capacidad de reflexión, a los que se les escapan pocos detalles cuando se relacionan con los demás. Es por esto que viven con mayor intensidad las experiencias de relación con otros, lo que les hace más proclives al miedo social. Es paradójico que lo que a veces les hace sufrir, su miedo, parte de una capacidad más elevada de lo habitual, su sensibilidad y su inteligencia. Son más fuertes de lo que ellos mismos creen, hasta alguien dijo una vez que había que evitar a toda costa a los enemigos tímidos. Desde esta sensibilidad mal gestionada, una persona tímida es más propensa a sentir el rechazo de otros por una simple palabra o gesto entre cientos de ellos, a idealizar a otros por parecer en un primer momento mejores comunicadores, más expresivos y ocurrentes en una conversación o a focalizarse en lo que deberían cambiar de sí mismos, como si ese hipotético elemento negativo fuese lo que les definiese globalmente. Por ejemplo, si se ponen rojos...

Miguel Ángel Paredes / 30.03.2015

Cuando pudiendo ser feliz no lo eres, seguramente te estás excluyendo. La exclusión es la forma que tienes de vivir de una manera dolorosa cualquier tipo de experiencia cuando las circunstancias son objetivamente positivas y favorables. Puedes excluirte en solitario y no disfrutar de la salud que tienes o de la ciudad en la que vives. También puedes excluirte de otras personas y no ser feliz con unos amigos que te quieren o con un hijo que te adora. Seguramente te estás excluyendo cuando tu trabajo tiene muchos más aspectos positivos que negativos, porque cuentas con un buen contrato, ganas un sueldo aceptable, se te reconoce y dices tener un buen jefe, pero ni lo disfrutas, ni lo valoras. O cuando en opinión de cualquiera tienes una buena relación de pareja, que sabes que te quiere y te lo demuestra con hechos, pero tú pones más la atención en las carencias o en las cosas que fallan que en todos los valores que la relación te aporta y con los que creces. La exclusión tiene mucho que...