María José Hernández / 11.08.2014

Como actores en paro que se resisten a aceptar su suerte, todos actuamos para un público imaginario. Se trata de aquellas conductas que realizamos “por el qué dirán”, los comportamientos o hábitos que mantenemos porque “siempre ha sido así”, o todas las ideas preconcebidas y razones múltiples con que justificamos muchos de nuestros actos. Cuando nos detenemos a reflexionar, incluso somos capaces de darnos cuenta de que no es eso lo que nosotros queremos, que no es así como nos comportaríamos si nos sintiésemos libres para elegir. Aún así, nos mantenemos fieles a nuestro programa operativo, esa especie de app instalada no sabemos cuándo, pero que nos redirige continuamente a las mismas prácticas. No existe un mismo público para todos. Por más que las personas que comparten con nosotros el planeta tengan cada una su nombre y apellidos, no representan las mismas figuras para cada uno de nosotros. Incluso aunque esas personas sean de carne y hueso, no es en concreto para ninguna de ellas para quienes “actuamos”, sino para la idea que de ellas hemos...

David del Bosque / 04.08.2014

Puede resultarte sencillo otorgar el derecho a ser libres a personas que están lejos de ti. Lo otorgas cuando opinas sobre otros, tomando un café, cuando te interesas por un conflicto convertido en noticia o cuando enjuicias ideas y creencias. Te indignas si consideras que se coarta ese derecho, participas en manifestaciones, votas desde tus convicciones o donas dinero a las causas que consideras justas. Luchas por la libertad de otros y es bueno que lo hagas. Es más difícil que otorgues el derecho a ser libre a quien tienes muy cerca. Cuando ese derecho ejercido en la práctica en tu ámbito vital genera un conflicto importante en ti. Cuando ser tolerante con la libertad de los demás llega a tener un alto precio o se convierte puntualmente en un obstáculo a tus planes o creencias. ¿Tiene tu pareja derecho a separarse de ti?, ¿tiene tu jefe derecho a despedirte?, ¿tienen tus hijos adolescentes derecho a tener relaciones sexuales?, ¿tienen tus empleados derecho a hacer huelga? San Agustín decía que nadie puede ser perfectamente libre hasta...

Miguel Ángel Paredes / 28.07.2014

El dolor físico cumple la función de ser la señal de alarma ante algún peligro para tu biología. Un corte, un golpe, una quemadura, son agresiones que sufre tu cuerpo y el dolor te obliga primero a retirarte de la fuente de agresión y, en segundo lugar, a parar y dejar lo que estuvieras haciendo. Mediante el dolor físico recuperas la atención para ti, obligándote a concentrarte en esa parte de tu cuerpo que te duele y corrigiendo cualquier tipo de dispersión o distracción. El dolor físico te devuelve al momento presente de una forma rotunda y absoluta. Y a partir de ese momento tu biología comienza el proceso de recuperación y sanación. El sufrimiento psicológico es diferente. Seguramente no haya emoción más inútil que el sufrimiento psicológico. Ya sea en forma de culpa, preocupación, ansiedad, pánico o depresión. Entrar en el sufrimiento psicológico es comenzar la caída al pozo sin fondo de la parálisis, el victimismo y la amargura. Siempre vas a encontrar razones para sufrir. ¡Siempre! Porque siempre hay cosas a mejorar, injusticias, situaciones terribles,...

María José Hernández / 21.07.2014

Si hay una relación que nos marca con intensidad, es la que mantenemos con nuestras madres. De alguna forma, son nuestro primer recipiente corpóreo, nuestra primera experiencia con la materia. Nuestras mentes, nuestras ideas y pensamientos comienzan a formarse dentro de su propio cuerpo. Recibimos de ellas, a través de las intrincadas vías neuro-hormonales, todas sus vivencias, sus emociones más profundas, sus alegrías y sus ansiedades. En el cobijo de su útero, bebemos un singular cóctel emocional cuyo sabor paladearemos quizás años después. Fuera de ellas, las echamos de menos si por segundos su piel se aleja de la nuestra, y buscamos su alimento y su calor, difíciles de sustituir. Hasta ese momento, somos apenas ovillos de instinto, cachorrillos incapacitados para la supervivencia, pues nos falta la herramienta más valiosa con que el ser humano ha sido dotado: la mente. La mente es, en ese sentido, como el traje que nos ayuda a defendernos del mundo. La mente es todo un sistema de conocimientos, actitudes, recursos y estrategias orientados a procurar ni más ni menos que...

David del Bosque / 14.07.2014

Es una palabra de moda: Indignación. Más allá de la coyuntura actual, indignarse siempre ha sido una posible respuesta a todo lo que te ofende. La indignación surge de la razón, del considerar que algo es injusto y debería ser de otra manera. La indignación es el resultado de una forma de pensar, de una inteligencia que se enerva ante un problema y provoca un sentimiento de irritación. Indignarse es fácil, es cómodo, es hasta adictivo. Ante un problema, juzgas, sentencias y exiges un cambio al culpable. Juez y parte. Si no cambia, refrendas su culpabilidad, te indignas más y aumentas el castigo. Este círculo vicioso de huida hacia delante sólo se rompe cayendo en una dinámica de rebeldía y amargura vital o dándose uno por vencido y usando el sarcasmo, la resignación o la victimización para salir lo más airoso posible. Pero la indignación por sí sola no hace que avances. Suele ser al revés, te estanca. Te encierra en una prisión que tú has construido y donde tú eres la llave. Necesitas determinación y...

Miguel Ángel Paredes / 07.07.2014

¿Quién soy yo? ¿Qué hago aquí? Son las eternas preguntas que aunque tal vez te hayas hecho varias veces, posiblemente ya hayas olvidado por no encontrar una respuesta que te convenza. Pero que en algún momento de tu más o menos lejana adolescencia te cuestionaste sobre el sentido de tu existencia o las razones para vivir. Con esas preguntas buscabas aclararte para salir de la confusión entre el personaje o los personajes que has ido construyendo y representas y Quién Realmente Eres. Es la segunda cuestión de la que hablaremos hoy. ¿Qué haces aquí? ¿Qué sentido tiene tu vida? ¿Para que has venido a vivir esta existencia? Pienso que al menos existen cuatro respuestas. Cuatro razones para vivir. La primera razón de tu existencia es que has venido para ser feliz. La felicidad es tu estado de ánimo natural, de la misma manera que la salud es el estado natural de tu biología. Y al igual que la enfermedad es solo una excepción a tu salud, el malestar, la angustia, la depresión o el sufrimiento son excepciones a...

María José Hernández / 30.06.2014

Si nos situamos en nuestro momento presente, podemos ponderar dos opciones. Una, revisar nuestra memoria, nuestro almacén de datos, emociones, vivencias e ideas. Probablemente este análisis nos ayude a comprender cómo hemos llegado a donde estamos, tanto si consideramos que hemos tenido éxito en nuestros propósitos como si creemos que no tanto. Pero la memoria es un almacén impreciso, altamente selectivo. Si contrastáramos todas nuestras vivencias con un diario íntimo, un blog en el que hagamos aportaciones regulares o con grabaciones en vídeo de nuestra vida, nos daríamos cuenta del desfase que existe entre lo que recordamos y lo que realmente vivimos. Sin embargo, es la memoria que guardamos de las experiencias vividas lo que configura nuestra personalidad actual, no las vivencias en sí. También podemos hacer precisamente lo contrario, y aquí está la segunda opción. Se trata de orientar nuestra mente hacia el futuro y seleccionar conscientemente los pensamientos, las sensaciones y los actos que nos conducirán a las experiencias que queremos vivir. En realidad, son los mismos elementos, pero asimilados de modo distinto. En lugar...

David del Bosque / 23.06.2014

No hay relación real sin conflictos. Ya sea en el trabajo, en la familia o en la pareja, la propia dinámica del día a día conlleva la aparición de desencuentros. Es un error de inmadurez confundir relación sana con relación sin problemas. La relación sana es la que resuelve los problemas, no la que los esconde. Esconder un conflicto genera una sensación de armonía artificial, donde la tensión se encuentra latente y estalla en momentos inesperados o se manifiesta continuamente de forma solapada. Einstein decía que la formulación de un problema era más importante que su resolución. En la formulación del problema se incluye su aceptación como tal, la aceptación de las partes que intervienen y de los intereses de cada parte. Conflicto no es sinónimo de violencia. Conflicto tampoco implica agresión. Conflicto es simplemente diferencia. No somos iguales, tenemos intereses diferentes que provocan posiciones contrapuestas. Lo que convierte al conflicto en algo violento es cómo se encara, no la presencia del mismo. Gandhi decía que para una persona no violenta, todo el mundo era su...

Miguel Ángel Paredes / 16.06.2014

Como todos, naciste seguro, lleno de confianza en la vida y con capacidad para ser feliz. Sobrevivir sin esos requisitos habría sido imposible. Todos llegamos a este mundo dotados de los recursos suficientes como para sentir que la Vida es una experiencia maravillosa de la que saldremos fortalecidos y más sabios. Siendo un bebé, algo dentro de ti sabía que tendrías comida suficiente, aunque no fueras capaz de alimentarte solo por ti mismo, que alguien estaría contigo cuando sintieras frio o malestar, a pesar de no tener ninguna garantía de que iba a ser así. Todos fuimos bebés felices y nos sentíamos seguros al margen de las circunstancias que nos encontramos con nuestra llegada. Y eso fue posible porque todos los bebés llegan dotados de autoestima. ¿Qué sucede entonces para que llegando todos así haya tantos adultos inseguros? Sencillamente, que a partir de un determinado momento aprendemos a vivir con el miedo y dejamos que éste vaya ocupando el espacio que antes perteneció a la seguridad y al amor. El miedo no siempre es la señal de alarma ante...

María José Hernández / 09.06.2014

Este es el fondo de ahorro más importante del que nunca te va a hablar ningún banco. Empezar a invertir es muy sencillo, puedes comenzar a cualquier edad, en este mismo momento y con el tipo de depósito que prefieras. El beneficio que recibirás empezarás a percibirlo a corto plazo, y se irá incrementando en el futuro, a un interés multiplicativo. Tu capital siempre estará disponible en el momento en que lo necesites, con la peculiaridad de que cada retirada será una oportunidad para ampliarlo. El plan consiste en lo siguiente. Se trata, en primer lugar, de abrir una cuenta corriente contigo mismo, con tu consciencia, con tu capacidad de aprender de lo que te rodea. Hazte preguntas. Cuestiona las respuestas que siempre te has dado. ¿Qué pasaría si dejo de pensar mal sobre mí mismo? ¿Cómo serían las cosas si, en vez de creer que no puedo, esta vez lo consigo? ¿Y si no tengo toda la razón? ¿Qué lección me quiere enseñar la vida en este momento? ¿Cambiaría la relación con mi pareja, mi...