Decía Mark Twain que quien dice la verdad no tiene que acordarse de nada. Porque la verdad existe tal cual, sólo inventamos la mentira usando nuestra imaginación para crear algo que no es real. Y cuantas más mentiras creamos, más irreal es nuestra vida. Lo que se apoya en una mentira, por muy importante que sea para nosotros, puede caer ante el más ligero soplo. Las relaciones, las empresas, las amistades,… muchas veces caen porque se construyeron sobre mentiras. La mentira es un mecanismo de defensa tosco y usurero. Tosco porque es vulgar y poco refinado, porque se coge antes al mentiroso que al cojo. Usurero porque te pide un interés desorbitado para seguir vigente, para mantener la mentira ante la fuerza de la realidad. Pero la realidad es la que es. Nos gustaría que fuese de otra manera, pero es como es. Y necesitamos coraje para afrontarla. Decía San Agustín que la verdad existirá cuando el mundo perezca. La ganancia emocional de la mentira es seductora y corremos el riesgo de caer en sus brazos. Queremos...

La traición es destructiva, arrasa y desola la relación que ha costado mucho tiempo y energía desarrollar. Ser traicionado duele, lo sabe quien lo ha vivido. Genera una conmoción, un golpe emocional que destruye la confianza en uno mismo y en los demás. Es una de las situaciones de la vida más difíciles de superar, habiendo personas que se quedan paralizadas tras una traición y no pueden pasar página. Te puede traicionar una pareja, un amigo, un socio de trabajo o un familiar. Te pueden traicionar en el amor, en los negocios o en la amistad. El dolor de la traición es mayor cuanto mayor fuese tu confianza, amor y esperanza depositada en el traidor. La primera reacción suele ser sentir ira y rabia de forma intensa, con ganas de vengarse, de hacer pagar la afrenta dejándose llevar por el rencor y el odio. Dejarse llevar por estos sentimientos es perder dos veces. Una por la propia traición y otra por la respuesta rabiosa y vengativa. No sólo te daña el odio hacia el traidor, también...

¿Por qué te mienten?, ¿por qué otras personas, pareja, hijos, familiares, amigos, compañeros, socios, jefes, políticos,… te esconden la verdad?, ¿por qué se arriesgan a defraudarte, enfadarte, perderte o a herirte? ¿Por qué te mienten si en el fondo saben que con una mentira puede irse lejos pero sin esperanzas de volver? Pueden mentirte porque en el fondo tú eres un medio para conseguir sus fines. Te necesitan para lograr lo que quieren y te usan como un instrumento circunstancial para obtenerlo. Quieren tu voto, tu dinero, tu cuerpo o tu atención y no vacilan en manipularte hasta obtenerlo. Mienten cuando te dicen que sus intenciones se basan en un amor incondicional. Mienten cuando te adulan y te dicen lo que quieres oír. Engulles de un sorbo la mentira que te elogia y bebes gota a gota la verdad que te amarga. Pueden mentirte porque creen protegerte con la mentira, porque como el médico que no revela el diagnóstico, consideran que es mejor para ti que no sepas la verdad. Te consideran incapaz de afrontarla, te consideran...

Los hechos son muchos pero la verdad es una. El mundo real es más pequeño que el mundo de la imaginación. Entre las circunstancias, entre las apariencias, entre las opiniones, entre los sentimientos, entre las experiencias, entre las esperanzas, entre todo lo que nos importa y consideramos necesario, entre lo que deseamos y buscamos, entre el ruido cotidiano y las crisis puntuales, entre toda la contaminación emocional que nos envuelve, la verdad es simple y elemental. Decía Antonio Machado que la verdad es lo que es y sigue siendo verdad aunque nos empeñemos en pensar al revés. Lo que es, es. Negar la verdad es fácil, pero sigue siendo la verdad. La verdad está ahí fuera, esperando a ser aprehendida. El hombre se prepara para aceptar la verdad, para afrontarla y desarrollarse a partir de ella. Su honestidad y buena fe le permiten captar la verdad sin sentirse amenazado por ella. Si la verdad es una amenaza para él, su primer impulso será negarla y rebelarse contra ella. Pero no es la verdad la amenaza, es...

Mentimos porque queremos evitar consecuencias negativas. Sabiendo que hemos actuado mal, preferimos evitar castigos, sanciones o simplemente dar la cara. Aunque interiormente reconocemos nuestra responsabilidad, nos avergüenza que se sepa. También nos resulta cómodo no airear los trapos sucios. Nos autoengañamos pensando que será la última vez, que es una mentira piadosa y que tampoco es para tanto. Pero las consecuencias de nuestros actos, sean consecuencias positivas o negativas, tienen una finalidad importante: sirven para que aprendamos y crezcamos. Rehuir de las consecuencias de nuestros actos, aunque sea cómodo a corto plazo se convierte en una de las formas más fáciles de no crecer, de no madurar y de no responsabilizarnos de nuestras vidas. Demasiado precio para evitar un castigo. Mentimos porque tenemos prisa, queremos algo con urgencia y mentir es uno de los atajos de los que disponemos. Copiamos en un examen en lugar de estudiar porque queremos aprobar ya, manipulamos nuestro curriculum porque necesitamos un trabajo ya, seducimos y hechizamos en lugar de mostrarnos tal y como somos porque queremos algo de otra persona...

La palabra que mejor definía a qué se dedicaba emergía de un compendio de otras: consejero, sabio, analista, maestro, experto,… Fuese cual fuese esa palabra que definía su profesión, el proceso era siempre el mismo. Le llamaban cuando un problema no se solucionaba, cuando se había pasado demasiado tiempo atascados en un obstáculo, cuando sucedía una crisis inesperada o cuando un conflicto estaba a punto de estallar. El proceso tenía una parte de método y una parte de arte. En primer lugar escuchar sin prejuicios, como si fuese la primera vez que escuchase un caso así. Un caso único porque en realidad lo era. Escuchar lo que decían y lo que no decían. Dedicar mucho tiempo a preguntarles, conocerles, entender su recorrido como grupo y adónde querían llegar. Después, comprender qué estaba ocurriendo, no buscando una etiqueta brillante sino percatarse de los pensamientos, sentimientos y procesos que les hacían ser lo que eran y les impedían ser lo que querían ser. Por último, devolver lo comprendido en forma de información honesta, relevante y afectuosa. La...