En la introducción de “Cuentos para Pensar” (recomendación de esta semana), Jorge Bucay explica cómo nos movemos por creencias, paradigmas, verdades, … que durante un tiempo lo son, pero, se modifican, trasforman o descartan al crecer y descubrir nuevos o incompatibles planteamientos. ¿Existen referentes inamovibles que no … caduquen? Jorge Bucay identifica 3 verdades incuestionables para él que he decidido publicar porque creo que en el camino del crecimiento de la autoestima pueden convertirse en faros que guíen nuestro camino. La primera y contundente verdad es que, LO QUE ES, ES. Parece obvio, no? Pero las implicaciones de esta verdad son realmente profundas y reparadoras. Esta 1ª verdad implica la aceptación de los hechos, las cosas y las situaciones tal y como son. “La realidad no es como a mí me convendría que fuera. No es como debería ser. No es cómo me dijeron que iba a ser. Ni es como fue. No es como será mañana. La realidad de mi afuera es como es.” El cambio solo puede darse desde la consciencia del momento actual y para ello...

Hay que ver cómo nos complicamos la vida. Mantenemos relaciones tóxicas, amistades improductivas, casas enormes atestadas de trastos que ni sabemos que tenemos, complicados vestuarios que guardamos para cuando lleve una improbable ocasión, horarios y planificaciones temporales saturadísimas que nos hacen vivir como pollos sin cabeza, etc. Hay que ver cómo nos complicamos la vida con lo sencillo que es vivir. Quitar todo lo superfluo, dejar de materializar nuestro bienestar con compras y compras que atiborran nuestras casas y nuestros armarios y nos complican la vida, aprender a disfrutar de las pequeñas cosas que siempre son sencillas y gratuitas como una puesta de sol, dejar de realizar tareas sucesivas que nos obligamos a hacer como máquinas de las que no obtenemos ningún placer más que la breve satisfacción, o la reducción de la ansiedad, por poder poner un visto en tu lista de pendientes para, inmediatamente después, meter 6 cosas más para el día siguiente, haga solamente una cosa a la vez, haz las cosas más despacio, … Vivir es muy sencillo. Priorízate, valórate, vive el presente, aprende...

¿Vives o estás vivo? ¿Qué entiendes tú por vivir? A las personas que viven se les nota rápidamente. Lo primero que desprenden es una gran felicidad y serenidad. En realidad, en occidente hay un pequeño porcentaje de personas que tienen una alta autoestima. Entre un 5 y un 10%. ¿Te sorprende? ¿Crees que eres uno de ellos? Sigamos con las características a ver si te reconoces en ellas. Las personas que viven, disfrutan de todo. Lo viven todo, un trayecto en autobús, la limpieza de la cocina, una reunión larga, … Disponen, por entrenamiento, de una capacidad excepcional llamada proactividad emocional, que les permite elegir como quieren sentirse al margen de la experiencia. No es magia, tú también puedes hacerlo. Como digo, se entrena. Quieren vivir y lo van a hacer a toda costa. Sea lo que sea. Eligen vivir. Viven en el momento presente. El aquí y el ahora. No te pierdas en anhelos, remordimientos, culpas, preocupaciones, expectativas, … siente el fresquito del aire acondicionado, huele el perfume único de tu bebé, siente la suavidad de la prenda que llevas...

¿Quién quiere una bola de cristal? ¿Quién quiere ver el futuro? Y la pregunta más importante, ¿para qué quiere verlo? Hay quien quiere adelantarse a lo desconocido, saber lo que va a pasar para controlarlo y modificarlo. Está obsesionado con el control y que no le pase nada malo nunca. Se obsesiona con el futuro y le genera infelicidad. Decía Einstein que un hombre feliz está demasiado satisfecho con el presente como para obsesionarse con el futuro. Hay quien ya osa adelantarse al futuro rumiando habitualmente qué le puede llegar a pasar. Es un “¿y si….?” repetido continuamente que genera desesperación. En el fondo desconfía de sí mismo, no de su futuro, que siempre le traerá cosas buenas y malas. Desconfía de su capacidad de enfrentarse al futuro con sus herramientas emocionales presentes. Hay quien quiere ver el futuro para asegurarse que sus sueños se cumplen, que las esperanzas y deseos que ha colocado en el futuro acabarán convirtiéndose en una realidad. Que los sacrificios que realizó en el pasado serán recompensados en el futuro. Que...

Tendemos a estar dispersos, a saltar de un pensamiento a otro, a no estar presentes en aquello que hacemos, nos cuesta mantener la concentración y la conciencia y nuestra atención vuela sin rumbo fijo de una cuestión a otra. Ese es el caldo de cultivo de la ansiedad, el estrés y el desasosiego. Es también la mejor manera de perder el tiempo, y como lo que la llamamos vida, al final es tiempo, esta forma de vivir se convierte en una especie de suicido lento e inconsciente. Pero siempre es posible volver a conectar con la parte material de nuestra existencia, y volver a sentir nuestra conexión con el presente y con el entorno que habitamos en ese momento. Y para lograrlo nuestro cuerpo y en concreto nuestros órganos de los sentidos son nuestros mejores aliados. Por eso, en cuanto notes los primeros síntomas, es el momento de decirte en tu pensamiento “aquí”, fuerte y firme. Y redirigir tu atención al momento presente. Empieza por ser consciente en ese mismo momento de tu respiración y regúlala. Toma conciencia...