Todas y cada una de las experiencias dolorosas que vivimos a lo largo de nuestra vida tienen un sentido final, por ello, resulta indispensable saber gestionar el dolor para poder marcar la diferencia ante las consecuencias que este nos pueda generar. Estas experiencias están íntimamente ligadas a la oportunidad de aprendizaje, tras cada “mala experiencia” hay un potencial infinito de introspección y escucha que debemos escuchar y validar. El dolor es lo más parecido a sentirnos desnudos, vulnerables, frágiles. La experiencia del dolor se convierte en algo personal, único e intransferible, sin embargo debemos estar preparados, ya que la experiencia del sufrimiento es intrínseca al ser humano. Existe una cantidad ilimitada de situaciones que nos pueden generar dolor o sufrimiento. Algunos ejemplos de ello pueden ser: Perdida del trabajo, la aparición de una enfermedad, la pérdida de capacidades cognitivas o motrices, conflictos con seres queridos, rupturas emocionales o la muerte de seres queridos. Al igual que ocurre con el dolor físico, el dolor emocional es, en cierta medida funcional y adaptativo, siempre y cuando no nos dejemos arrastrar por...

¿Nunca os habéis levantado con la sensación de saber que el día que acaba de comenzar no va a ser un buen día?. Quizás este amanecer oscuro se deba a que durante un corto, medio o largo periodo de tiempo, hayamos acumulado tal cantidad de sensaciones, sentimientos u emociones de índole negativa que nuestra psique se vea obligada a gestionar dicho colapso a través de una ira desbordante asomando a cada instante ante cualquier oportunidad que se le presente. Supongo que la inmensa mayoría de nosotros, ante tal cruel perspectiva de día intentará activar aquellas llamadas respuestas salvavidas: “quédate en casa y no te muevas de la cama”. Cierto es que todas las opciones deben ser valoradas, sin embargo, el escondernos, mirar hacia otro lado o respondiendo negativamente ante las situaciones que se nos presentan ¿son las soluciones que debemos alentar?. Bien sabemos que no; por lo tanto ¿Cómo podemos amortiguar el impacto negativo de las cosas? Quizás lo realmente importante es aprender a tener en nuestro día a día un pequeño “Kit de rescate emocional” para así poder...

La vergüenza es una de las emociones más invalidantes y apunta directamente a la línea de flotación de tu autoestima. Aquellas situaciones en las que sientes vergüenza te limitan para hacer lo que deseas, envenenan tu felicidad y te hacen sentir despreciable porque te impiden ser tú. El deseo más profundo cuando tienes vergüenza siempre es desaparecer, diluirte o hacerte invisible. Si la autoestima es la relación que tú mantienes contigo. La vergüenza destruye esa relación, porque a diferencia de la culpa que se activa frente a algo que has hecho, la vergüenza ataca tu propia identidad, hace que te sientas mal, no solo por lo que haces, sino por lo que tú eres. Sientes culpa, por haber tratado mal a otra persona, haber robado o no haber ayudado a quien te necesitaba. Todas son conductas por acción u omisión. En todas las situaciones donde la culpa aparece se juzga tu comportamiento, pero tu yo queda a salvo. La vergüenza es mucho más letal porque no la sientes por tu comportamiento, la sufres por ser quien...

En el mundo de las relaciones existe una clase de manipuladores que se alimentan de tu energía positiva y te dejan vacío y agotado. Son los vampiros emocionales, personas que se nutren emocionalmente de otras personas cuando se relacionan con éstos. Cuanto más tiempo se pase con ellos y más cercanía se tenga, más peligro tendrás de ser víctima de uno de ellos. Porque estar junto a este tipo de explotador te debilita, los vampiros emocionales te “chupan” la energía y te dejan exprimido y exhausto emocionalmente. El vampiro emocional seduce e hipnotiza con una promesa inicial irresistible. En su promesa convierte en fácil lo difícil, te hace sentir especial sin apenas conocerte, te sugiere éxito sin esfuerzo, dice amarte cuando simplemente te quiere, pide que te entregues ya que él haría lo mismo por ti. Su relación de amistad, de pareja o de trabajo es el paraíso convertido poco a poco en infierno. Son promesas falsas pero brillantes, promesas que nunca cumple. Dice el refrán que más vale un “toma” que dos “te daré”. Sabe...

Un sujeto proactivo según la RAE es aquel que “toma activamente el control y decide qué hacer en cada momento, anticipándose a los acontecimientos”. En términos generales podemos hablar de tres maneras de afrontar las circunstancias a los que todos estamos expuestos: Pasividad: Consiste en no hacer nada frente a los sucesos de nuestro entorno. Son esas personas que ante una perdida emocional, un despido o una enfermedad se bloquean. No reaccionan. Se limitan a esperar que sean los otros, el estado o la suerte quienes resuelvan su situación. Reactividad: Pasan a la acción y hacen cambios solo cuando las circunstancias del entorno se han modificado. Son los que apagan el fuego en el momento que ven las llamas. Intentan arreglar su pareja ante una posible separación o se toman muy en serio las recomendaciones del médico tras el diagnóstico de una enfermedad. Proactividad: Va más allá porque estos se anticipan y emprenden acciones con las que van modificando sus circunstancias y evitan sucesos no deseados o se adaptan más fácilmente. Los proactivos están más preparados para transitar...

Todos y cada uno de nosotros tenemos un hermoso regalo que nos viene dado desde nuestra más temprana infancia: las emociones. Desde que nacemos disponemos de este termómetro emocional, una brújula que nos indica que dirección tomar para entender nuestra realidad, nuestro aquí, nuestro ahora, ayudándonos de manera natural a reconciliarnos con nuestro verdadero propósito: Ser felices. El problema surge cuando ser felices resulta ser nuestro problema. Por contradictorio que parezca, el cerebro humano está programado para interpretar con mayor claridad y eficacia la negatividad de las cosas más que la positividad de las mismas, y es que en un entorno natural, como por ejemplo la sabana, el modo de codificar la negatividad sería interpretándola como una amenaza. Debemos tener en cuenta en este punto, que nuestro cerebro evolucionó para ser altamente sensible a la información negativa por el simple hecho de sobrevivir a través de la lucha o la huida, por ello la información positiva pierde relevancia a la hora de interpretar nuestra realidad y por lo tanto nuestra felicidad. En resumidas cuentas, por...

El fundamento de la psicología positiva es la búsqueda del bienestar en las personas, que es distinto del objetivo de sentirse siempre bien. En la psicología positiva hay aceptación de emociones negativas, por ejemplo, cuando forman parte de nuestro camino para conseguir un objetivo a largo plazo. La psicología positiva nos enseña que no hay emociones buenas o malas, todas cumplen una función para nuestro bienestar. Las emociones que consideramos perjudiciales para nuestra felicidad, como la tristeza, el miedo o el enfado, nos ayudan a auto-regularnos y a comunicarnos con nosotros mismos y con los demás. La psicología positiva no anhela una felicidad “a granel”, no ansía una felicidad “idiota”, no espera evangelizar a masas incautas e ilusas, no ambiciona “la tiranía de la felicidad”. En cambio, tiene muy en cuenta las circunstancias, contexto, capacidades, experiencias y habilidades de cada persona para que tengan una mejor vida. La psicología positiva se apoya en las fortalezas de cada uno de nosotros para que obtengamos nuestro máximo de bienestar. Las cinco claves de la psicología positiva para lograr un...

¿Tienes dificultades con tus emociones? ¿Te cuesta respetar los límites? ¿Pierdes el contacto con la realidad? Todos los niños y adolescentes que fuimos siguen viviendo dentro de nosotros. Todas esas experiencias pasadas y formas cambiantes de ser, todas esas vivencias, están dentro de ti. Muchos de tus problemas o dificultades actuales pueden tener origen en ese niño que fuiste y que quizás sigue estando herido. Si con consciencia te observas y eres capaz de abrir tu mente o salir de la soberbia y atender a lo que tus allegados te dicen sobre tu manejo de la frustración, esa emoción que aparece cuando no se cumplen tus deseos o expectativas, si tienes tendencia a buscar la satisfacción inmediata, siendo incapaz de postergar las recompensas, y buscas ser independiente y autónomo, pero sin embargo, necesitas a los adultos existiendo una ambivalencia frente a la dependencia, estás reconociendo los indicadores de que tu niño interior está herido. La codependencia, la agresividad, la desconfianza, la inseguridad y el miedo, la impulsividad, la indisciplina y la falta de límites, todas las adicciones y...

Lo que comes muchas veces no guarda relación con tus necesidades reales de alimentación. Y en otras ocasiones son tus emociones o los hábitos sociales los que determinan lo que te acabas metiendo en la boca. Nada tiene que ver el hambre. Tu autoestima es la relación que tú mantienes contigo. Y esa relación también incluye la relación que tienes con tu cuerpo. Cuando escuchas a tu cuerpo con atención seguramente te das cuenta de que sus necesidades nutritivas tienen poco que ver con tus comidas. La forma con la que nos relacionamos con la comida está muy conectada a tus emociones y tus costumbres culturales. Existe una estrecha relación entre tus necesidades nutritivas y tus necesidades emocionales. Vivimos en un mundo donde coexisten en paralelo la sobrealimentación y los productos hipercalóricos con la desnutrición emocional y la carencia afectiva. Por eso es tan habitual compensar el vacío emocional con unos bocados de más. De esta forma la alimentación no solo sirve para cubrir las necesidades nutritivas de nuestro organismo, además hace de “distractor” y nos permite...

Tu salud física es una expresión de tu autoestima. Porque tu salud habla de ti, del tipo de vida que haces, de cómo te cuidas o te abandonas, de la atención con la que escuchas tu biología, habla incluso de cómo te conoces, de la importancia y valor que te das, de la fortaleza o fragilidad de tu sistema de defensas o de la coherencia entre lo que piensas, sientes y haces. Si la autoestima es la relación que mantienes contigo y cómo te sientes biológicamente tiene mucho que ver con cómo es esa relación. Porque existe una relación directa entre las emociones que sientes y tu salud. Para algunos autores, la enfermedad es el resultado de algún tipo de trauma, crisis o sufrimiento emocional muy intenso o sostenido durante largo tiempo, que termina cristalizando en una alteración en el cuerpo. Esa alteración es lo que denominamos enfermedad. Ser consciente de que emociones sientes, entender por qué las sientes, aprender a regularlas amplificando las que te hacen sentir bien y bajando el volumen a las que te...