EL ODIO

Decía Victor Hugo que cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga. El odio es la rabia de los débiles, que otorgan importancia reverencial y acobardada al odiado. El odio es un despilfarro, un gasto de tiempo y atención que el odiado no merece y que, al otorgárselo, le regalamos lo mejor de nosotros mismos. No sólo le damos nuestro presente, también le damos nuestro futuro ya que mientras odiemos será él quien nos dirija a nosotros.

Baudelaire decía que el odio es un borracho al fondo de una taberna que constantemente renueva su sed con la bebida. El odio crea dependencia, es la esclavitud permanente de alimentarlo para que no se extinga. Y para alimentar ese odio todo le vale y todo lo exige, ya que se apodera del que odia haciéndole creer que es él quien domina a su odio. Es la trampa de toda droga, empieza seduciéndonos para terminar dominándonos. Y al final el odio, como cualquier droga, te consume y aniquila.

Y el peor odio de todos, el odio a uno mismo. Es el anti-yo, nuestro enemigo interno que nos critica y nos exige con demandas irrealizables. El odio a uno mismo nos insulta, nos llama inútiles, no merecedores de lo bueno que hay en la vida. Y en vez de plantarle cara, cuando ese odio vence, nos anula y amilana. Porque el odio, hacia uno mismo o hacia otros, es un sentimiento más barato que el amor. Por eso es menos valioso, por eso empobrece a quien lo adquiere. El odio es cobardía, la falta de valor para elegir amar la propia vida en vez de optar por odiarla.

Frase: “El odio es la venganza de un cobarde intimidado” · George Bernard Shaw

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RECOMENDACIÓN:

“Patria” · Fernando Aramburu

El día en que ETA anuncia el abandono de las armas, Bittori se dirige al cementerio para contarle a la tumba de su marido el Txato, asesinado por los terroristas, que ha decidido volver a la casa donde vivieron. ¿Podrá convivir con quienes la acosaron antes y después del atentado que trastocó su vida y la de su familia? ¿Podrá saber quién fue el encapuchado que un día lluvioso mató a su marido? Con sus desgarros disimulados y sus convicciones inquebrantables, con sus heridas y sus valentías, la historia incandescente de sus vidas antes y después del cráter que fue la muerte del Txato, nos habla de la imposibilidad de olvidar y de la necesidad de perdón en una comunidad rota por el fanatismo político.

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