El poder es una fuerza incontrolable. Es una mezcla de dominio, licencia y empuje que obnubila al más lúcido y desequilibra al más templado. El poder convierte en manipulador, mentiroso, abusador y frío a quien no se protege de él. No hay ser humano que controle al poder, es el mismo autoengaño que sufre el adicto cuando cree controlar la droga que consume. Quien quiere poseerlo, es poseído. Donde hay poder, hay psicópatas. Nacidos ya así o modelados por el propio poder. Les encanta, se sienten atraídos como la miel a las moscas. Cuántas personalidades psicopáticas camufladas y durmientes salen a la luz en cuanto tocan el poder. Un ascenso, un puesto de responsabilidad, manejar un gran presupuesto, ser nombrado jefe, un golpe de fama o tener más ascendencia que otros en un momento dado es una invitación a que el ego empoderado campe a sus anchas. El poder mal gestionado da lugar a conductas psicopáticas con resultados devastadores para quienes sufren dichas conductas… pero también para los propios psicópatas. Quién recibe el regalo envenenado del poder...

Más allá del lenguaje como herramienta de comunicación, de utilizar palabras como códigos que nosotros entendemos y otros entienden, hay una teoría lingüística que afirma que el lenguaje determina nuestra manera de organizar, pensar y percibir el mundo. El lenguaje como moldeador de nuestro pensamiento, como cincel que esculpe nuestra realidad. El lenguaje, entonces, es un regalo en forma de llave para abrir nuevos mundos y nuevas oportunidades. Cuantas más llaves, cuantos más lenguajes dominemos, más poder tendremos. Decía Emerson que nadie debería viajar hasta que no haya aprendido el idioma del país que visita porque de lo contrario se convierte voluntariamente en un bebé, indefenso y ridículo. Se refiere a la riqueza cultural, social y personal que genera aprender otros lenguajes. Posiblemente ya no sólo idiomas sino también dentro de nuestro mismo idioma el “lenguaje de la calle”, el lenguaje de los adolescentes, el lenguaje de la música, el lenguaje de la abundancia, el lenguaje de la felicidad o el lenguaje de posiciones políticas diferentes. El poder del lenguaje como refleja esta teoría requiere que abramos...

El mal: la maldad entendida como el ejercicio del poder que tiene cada persona para hacer daño a otros a propósito. El bien: la bondad entendida como el ejercicio del poder que tiene cada persona para beneficiar a otros a propósito. Es una elección, optar por usar el poder de uno para dañar o beneficiar. Ahí reside la clave entre las conductas malvadas y las conductas bondadosas: cómo, ante una misma situación, alguien elige hacer el mal y alguien elige hacer el bien. A veces los actos bondadosos son incómodos porque recuerdan a otros las decisiones de hacer el bien que no tomaron. La dificultad de la elección entre actuar desde el bien o desde el mal, cuando uno se enfrenta a un sistema deshumanizante, anónimo, que difumina las acciones individuales y relativiza el poder de hacer el bien de cada miembro. Cuando desde el entorno lo más cómodo es hacer el mal, es la conducta fácil que la mayoría pide y excusa. Incluso peor, cuando para el sistema, hacer el bien es hacer el tonto....

Estamos en un momento cultural que confunde la cantidad con la calidad, el más con el mejor. Los límites son cada vez más difusos y confusos y en la época de la superación, el desarrollo personal, el culto al cuerpo y la imagen, se glorifica el abandono y la dejadez como si fueran el remedio al estrés. Son tiempos paradójicos. Seguramente nunca hemos acumulado tanto y posiblemente jamás nos hemos sentido tan vacíos y tan torpes con el manejo de nuestra felicidad. Somos muy sensibles y reactivos a la frustración, nos hemos vuelto cada vez más intolerantes, complacientes, despóticos e infantiles. Y estos tiempos vertiginosos de respuesta rápida, nos llevan a buscar la satisfacción inmediata y cuando no la conseguimos, nos irritamos, entristecemos o perdemos el control. Lo fácil e inmediato son criterios con lo que tomamos muchas decisiones importantes, nos autoengañamos y regateamos con nuestro inconsciente para evitar el esfuerzo y cumplir con la disciplina. La distracción y la dispersión están envenenando la pasión por vivir, el valor por ser nosotros mismos y el principio...

Tu salud está muy relacionada con lo qué piensas y lo qué sientes. Y lo qué piensas y sientes te lleva a tomar unas decisiones u otras y con ellas a actuar de determinada manera, con lo que te creas una experiencia que refuerza lo que piensas y sientes. Y cuando esa experiencia se repite de forma sostenida en el tiempo se modifican tus hábitos y tus hábitos terminan modificando tu biología. Puedes hacer esta meditación tras una sencilla relajación, después de haber tranquilizado tu respiración, tu mente y tu cuerpo. Si la tienes grabada puedes escucharla con los ojos cerrados tratando de concentrarte en sentirla y repitiéndola varias veces al día. Sé consciente de como tú eres quien construye tu realidad. Tú eres el arquitecto de tu destino. Y construyes tu experiencia diaria con tus pensamientos, emociones y conductas. Por eso a partir de este momento, elijes con cuidado cada palabra que piensas y dices, te tratas de una forma amable y cariñosa, te responsabilizas de todo lo que sientes y actúas en consecuencia de una...

En la vida existen dos maneras básicas de actuar, reaccionar de manera más o menos consciente a los sucesos que te acontecen, o anticiparte a las situaciones y crear las circunstancias necesarias para que los sucesos que tú deseas acontezcan. La primera actitud se conoce como reactividad. Las personas se limitan a reaccionar cuando algo sucede en su entorno. Por ejemplo esperan en su trabajo a que les digan lo que tienen que hacer, que aparezca un cliente o a recibir una llamada. O modifican su dieta y su actividad física cuando el médico tras has últimas pruebas comenta que tienen el colesterol alto y empiezan a tener sobrepeso. O hablan con su pareja cuando la notan distante e incómoda en su presencia. Hasta que no “sucede nada” se colocan en “modo espera” y ven la vida pasar mientras “hacen lo de siempre” sin plantearse cambios o mejoras. Ser reactivo es una actitud válida. Es mucho mejor que no reaccionar y no hacer nada cuando las circunstancias te empujan a pasar a la acción. No hacer nada,...

Es una palabra de moda: Indignación. Más allá de la coyuntura actual, indignarse siempre ha sido una posible respuesta a todo lo que te ofende. La indignación surge de la razón, del considerar que algo es injusto y debería ser de otra manera. La indignación es el resultado de una forma de pensar, de una inteligencia que se enerva ante un problema y provoca un sentimiento de irritación. Indignarse es fácil, es cómodo, es hasta adictivo. Ante un problema, juzgas, sentencias y exiges un cambio al culpable. Juez y parte. Si no cambia, refrendas su culpabilidad, te indignas más y aumentas el castigo. Este círculo vicioso de huida hacia delante sólo se rompe cayendo en una dinámica de rebeldía y amargura vital o dándose uno por vencido y usando el sarcasmo, la resignación o la victimización para salir lo más airoso posible. Pero la indignación por sí sola no hace que avances. Suele ser al revés, te estanca. Te encierra en una prisión que tú has construido y donde tú eres la llave. Necesitas determinación y...