La vuelta al trabajo

En el año 67, Holmes y Rahe publicaron los resultados de su investigación sobre eventos estresantes. Habían observado que muchas de las personas que acudían a ellos en busca de ayuda psicológica habían experimentado recientemente eventos que les habían requerido un esfuerzo importante de adaptación y cambio, y que habían sido difíciles de sobrellevar. Estos eventos incluían cambios en la situación familiar, en el matrimonio, el empleo, la economía, la residencia, las relaciones, la salud y la educación.

De los 43 eventos vitales que identificaron en su estudio, el más difícil de sobrellevar resultó ser la muerte de una pareja, con una puntuación de 100 sobre 100, y las que menos difíciles de sobrellevar resultaron ser las pequeñas violaciones de la ley, con una puntuación de 11 sobre 100.

Resulta curioso que en esta escala figuren las vacaciones como eventos estresantes, incluso más que una multa de tráfico, con una puntuación de 13 sobre 100, pero que no figure el final de las vacaciones y el regreso al trabajo.

Aunque no se haya recogido incorporarse al trabajo después de las vacaciones como un estresor vital en este tipo de escalas, no hay duda de que volver al trabajo reúne muchas características de una situación estresante: cambios en nuestros hábitos, horarios, horas de sueño, nivel de actividad, lugar más frecuentado durante el día, personas con las que estamos, y el nivel de responsabilidad. Además de estos cambios, el retorno al trabajo comparte otras características que definen una situación o evento estresante:

En primer lugar, es un evento que requiere de un esfuerzo de adaptación o ajuste

En segundo lugar, se puede dar la percepción de algún aspecto del trabajo, ya sea la propia actividad, nuestro jefe o jefa, compañeros o compañeras, como amenazas o problemas.

En tercer lugar, las demandas que nos exige el trabajo son, habitualmente, mayores que las que nos exigen las vacaciones.

En cuarto lugar, los eventos estresantes habitualmente interrumpen nuestros objetivos o planes, o dificultan nuestro bienestar.

Cuando volver al trabajo suponga un gran esfuerzo de ajuste de personal, o hacer frente a una situación muy problemática, volver a someterse a demandas muy exigentes, o interrumpir de manera muy negativa nuestros planes, es muy posible que aparezca el llamado estrés postvacacional. Cuando este nivel de estrés es muy alto o se prolonga en el tiempo, puede dar lugar a tristeza, apatía, irritabilidad, desmotivación y conductas de evitación, como demorar todo lo posible la reincorporación, trabajar a un ritmo muy bajo, o postergar tareas.

Para reducir el estrés que supone reincorporarnos al trabajo, podemos echar mano de todas aquellas estrategias que reducen el estrés en general, como evitar el abuso de sustancias excitantes, como la cafeína, hacer ejercicio o practicar algún deporte, o poner en práctica ejercicios de respiración controlada o relajación. Pero también podemos poner en marcha algunas estrategias específicas para evitar o reducir el estrés ligado a la reincorporación al trabajo.

Todas esas estrategias tienen como finalidad suavizar la transición del modo vacacional al modo laboral:

Si has estado de viaje o fuera de casa, procura regresar unos días antes para aclimatarte.

Durante esos días, y antes de incorporarte al trabajo, procura retomar progresivamente tu horario laboral.

Procura mantener los nuevos hábitos que hayas podido cultivar durante las vacaciones, como caminar o leer, a pesar de volver al periodo laboral.

Una vez de regreso al trabajo, empieza por organizar: Ordena, coloca, revisa la agenda, prepara la semana que viene, y planifica con objetivos realistas.

Si es posible, prioriza aquellas tareas más agradables o más interesantes, y aquellas que sean menos exigentes. Deja para más adelante las que sean más tediosas o las que supongan una mayor exigencia.

El vaso está medio lleno: No te permitas darle vueltas a todo lo que has dejado atrás en las vacaciones, y presta atención a aquellas cosas que te interesan o te motivan del trabajo que haces.

Sé paciente, no seas demasiado exigente y permítete momentos de descanso.

No olvides premiarte a medida que vayas consiguiendo objetivos y metas.

No olvides tampoco reservar tiempo para ti a lo largo de la semana, para cuidar de tu bienestar y mimarte.

Organiza actividades lúdicas o de ocio a lo largo de la semana, cosas que te puedan ilusionar.

AUTOR:

Marcos Nadal Roberts

PSICÓLOGO

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