¿Y si tu vida ya está bien como está ahora? ¿Y si eres feliz ahora mismo? ¿Y si tienes éxito ya aunque no hayas llegado aún a las metas que te propusiste? Puede pasar que ya esté ocurriendo todo esto en el presente y no lo distingas. Quiero darte unas pistas para que puedas saber si la respuesta es afirmativa a las preguntas que te he hecho al principio. Son señales de que ya estás bien, de que estás triunfando: La primera señal es que estás vivo y tienes salud. Y es el éxito más importante de todos, porque sin salud no hay bienestar ni éxito posible. Recuérdalo siempre: estar sano es una urgencia, una prioridad y un requisito imprescindible para ser feliz. La segunda señal es que vives tu vida siendo tú mismo. Eres fiel a ti mismo, eres coherente con tus valores y tu sentido de la vida, eres comprometido con tu palabra y tus pensamientos. Te responsabilizas de tu bienestar y te quieres tal y como eres. Sabes que tu valor como persona es...

Tu realidad personal está ordenada en función de la escala de prioridades que hayas construido. La experiencia que vives es el resultado de ir infiltrando y clasificando cada una de tus decisiones y conductas según tus prioridades personales. ¿Te has parado a pensar con detenimiento cuáles son tus verdaderas prioridades? Pensamos que sabemos muy bien qué es lo más importante para nosotros, pero muchas veces hay contradicciones entre lo que decimos y el tiempo, el dinero y la energía que le dedicamos a eso “tan importante”. Por ejemplo, puede que pienses que lo más importante para ti es tu pareja o tu salud. Y sin embargo es posible que le dediques más tiempo a internet o al trabajo. O tal vez gastas más en el vestuario o en el coche. En realidad rara vez somos conscientes de cual es nuestra verdadera escala de prioridades. Te animó a que te preguntes por las cinco prioridades de tu vida. Y reflexiones sobre los resultado. ¿Qué es lo primero? ¿Es de verdad lo más importante para ti? ¿Es a lo que...

La autoestima es la relación que mantienes contigo. Es una relación permanente e irrenunciable, porque no puedes “divorciarte” de ti. Puede que sea una relación consciente o inconsciente, pero continuamente te estás hablando, comentando y opinando sobre todo lo que te sucede y vives, mientras das valor emocional positivo o negativo a cada experiencia. Lo que generalmente se entiende por autoestima, es una relación intrapersonal buena y sana. La persona se habla a sí misma en un tono amable y compresivo, presta atención a los logros y lo momentos de bienestar, está de buen humor, valora positivamente cada experiencia, no pierde el tiempo en quejas, culpas o críticas y está centrada en el presente y el ahora. Dyer, en el último capítulo del clásico “Tus zonas erróneas” , describe de forma detallada el perfil de una persona libre de zonas erróneas, o lo que es lo mismo, con una autoestima sana. El resultado emocional de una buena autoestima es siempre una felicidad incuestionable, o lo que es lo mismo, emociones de alegría y serenidad. La autoestima tiene mucho...

La autoestima es la relación que tú mantienes contigo. Es exactamente igual que cualquier otro tipo de relación. Cuando te llevas bien con otra persona, tienes ganas de estar con ella, todo parece funcionar, hay momentos divertidos, momentos para el apoyo y la ayuda o momentos para conocerse, aceptarse, confiar y quererse. Cuando te llevas mal con alguien lo primero que sucede es que no te apetece nada estar con esa persona. Eso pasa contigo cuando tu autoestima es baja. No quieres ni verte. Sin embargo la autoestima tiene una peculiaridad que la hace distinta a cualquier otro tipo de relación. No puedes separarte de ti. Por eso cuando tu autoestima es baja, tu vida no termina de gustarte. Hay personas que confunden la autoestima con el narcisismo apabullante, la necesidad de protagonismo, el egoísmo recalcitrante o con el infantilismo de darse caprichos. Nada de eso es autoestima. En realidad todos esos comportamientos son el resultado de tratar de ocultarse a sí mismo la triste realidad. Que uno no se soporta. Y por mucho que se empuje a...

El fundamento de la psicología positiva es la búsqueda del bienestar en las personas, que es distinto del objetivo de sentirse siempre bien. En la psicología positiva hay aceptación de emociones negativas, por ejemplo, cuando forman parte de nuestro camino para conseguir un objetivo a largo plazo. La psicología positiva nos enseña que no hay emociones buenas o malas, todas cumplen una función para nuestro bienestar. Las emociones que consideramos perjudiciales para nuestra felicidad, como la tristeza, el miedo o el enfado, nos ayudan a auto-regularnos y a comunicarnos con nosotros mismos y con los demás. La psicología positiva no anhela una felicidad “a granel”, no ansía una felicidad “idiota”, no espera evangelizar a masas incautas e ilusas, no ambiciona “la tiranía de la felicidad”. En cambio, tiene muy en cuenta las circunstancias, contexto, capacidades, experiencias y habilidades de cada persona para que tengan una mejor vida. La psicología positiva se apoya en las fortalezas de cada uno de nosotros para que obtengamos nuestro máximo de bienestar. Las cinco claves de la psicología positiva para lograr un...

La dependencia emocional es un estado psicológico que se caracteriza por falta de autonomía y baja autoestima y que no sólo se manifiesta en las relaciones de pareja, de familia o de amistad. También aparece en las relaciones laborales, con más asiduidad de la deseada y con consecuencias negativas en forma de estrés, ansiedad, depresión o inseguridad; consecuencias que no se suelen asociar a dicha dependencia y sí a factores externos al trabajador como un mal jefe, un mal empleo, compañeros trepas y pelotas, una crisis económica,… Por supuesto que los factores externos como el estilo de liderazgo o la cultura de la organización afectan enormemente al trabajador y son por sí mismos generadores de estrés y malestar significativos cuando son nocivos. Estas opciones no niegan la dependencia emocional, la agravan cuando ocurren ambas. Séneca nos recordaba que quien teme es un esclavo. El entorno laboral del pasado fomentaba la dependencia emocional del empleado, que se sometía, idealizaba y magnificaba al empleador o a la empresa. Desde la necesidad de reconocimiento, el trabajador dependiente mostraba una...

Queremos sentirnos bien, queremos ser felices en todos los ámbitos de nuestra vida. El área económica no es una excepción, queremos no sentir estrecheces, no preocuparnos por la falta de dinero o poder comprar lo que necesitamos o deseamos. Para mejorar nuestras circunstancias es preciso mejorar nuestra mentalidad. Desgraciadamente, a menudo nos acordamos de nuestro bienestar económico cuando no lo tenemos y nos hace falta o lo deseamos mucho. Cuando no nos gusta nuestro empleo actual y cómo se nos valora económicamente en él, cuando querríamos poner en marcha un proyecto propio desde una idea de negocio que nos parece brillante y rentable o cuando necesitamos dinero urgentemente y no lo conseguimos. Queremos que cambien nuestras circunstancias económicas, pero solemos ser inflexibles y reacios a cambiar nuestra forma de pensar sobre el dinero. Porque muchas veces el camino al bienestar económico requiere desaprender lo que se ha demostrado que no funcionaba pero que se instaló como una verdad intocable en nuestras cabezas. Para conquistar la independencia económica, para ser libres financieramente, se recomienda educarnos cuanto antes,...

Cuando cambia tu estado emocional, tu mundo también cambia. Si estás “depre” todo se vuelve gris, si sientes alegría, todo se vuelve rosa, si sientes preocupación, todo se vuelve negro. Tu estado emocional puede ser tu tirano o tu aliado, tu motivador o tu debilitador, tu facilitador o tu obstáculo. Cómo te sientes, fisiológica y emocionalmente, influye en cómo piensas. Y lo que piensas, lo que decides, aquella parte de tu mente donde reside tu libertad para elegir, tu imaginación y tus ideas del futuro, están influidos por tu estado emocional. Sin libertad emocional no hay libertad real. Por muy buenas intenciones que tengas, por muchas buenas oportunidades que se te presenten, por mucha gente interesante que conozcas, la ausencia de libertad emocional es un lastre. Y recuerda que libertad es independencia y responsabilidad, no es hacer lo que te da la gana. La libertad emocional no es sentir emociones positivas a cada momento, es saber qué sientes a cada momento y saber cómo gestionar dichos estados emocionales. La libertad emocional empieza por saber calibrarte, reconocer...

El egoísta se excede en el amor a sí mismo, atiende de manera tan exagerada su propio interés que se hace un adicto a sí mismo. Todo empieza y acaba en él, es el alfa y el omega de su vida. Para el egoísta todo es yo, y yo, y más yo. El egoísta es capaz de prender fuego a la casa del vecino para poder freírse un huevo. Su excusa es su necesidad y ese fin justifica cualquier medio. Su individualismo es su pan para hoy y su hambre para mañana. El egoísta tiene una buena idea, la importancia de uno mismo, pero no la culmina con la segunda parte de esa idea: que todos somos grandes, conectados a algo más grande que nosotros mismos. El egoísta es avaricioso. Por la codicia del egoísmo, lo mucho siempre es poco. Como un saco sin fondo, que por mucho que introduzca, siempre sentirá vacío. No hay recursos suficientes en la tierra para todos los egoístas que la pueblan. La ambición del egoísta es su condena, continuamente consciente...