Echar de menos

Carla está insegura de lo que siente por Roberto. Por un lado, le gusta, y se lo pasa bien con él cuando están juntos. Cuando quedan, se ríen y se da cuenta de que tienen muchas cosas en común y que se entienden bien. Por otro lado, cuando están separados, como cuando trabajan entre semana, o cuando Carla ha estado de viaje, no le echa de menos: se centra en el trabajo, se lo pasa bien con sus amigas o con su familia. Como Carla siempre ha pensado que cuando se quiere a una persona se la echa de menos cuando no se está con ella, cree que eso significa que realmente no quiere a Roberto.

¿Qué significa echar de menos? ¿Qué indica acerca de nosotros o de los demás cuando echamos de menos? ¿Significa realmente que queremos a alguien cuando la echamos de menos?

En contra de lo que cree Carla, echar de menos no tiene nada que ver con querer. Echar de menos tiene que ver con necesitar. Echar de menos no nos indica nada acerca del grado en el que queremos a alguien, nos habla del grado en el que necesitamos a alguien. Mientras que querer es una emoción muy saludable, la emoción de necesitar no lo es. Necesitamos a alguien cuando no estamos bien si no es con esa persona, o no nos divertimos si no es con ella, o no nos sentimos queridos sin ella, o nos aburrimos si no hacemos cosas con ella, o nos sentimos solos sin ella.

En definitiva, necesitamos a alguien cuando nos falta algo que creemos encontrar en otra persona. Es un vacío, una carencia, que dejamos de sentir porque atribuimos a otra persona la capacidad de llenarlo o compensarlo. Cuando la persona está, no sentimos esa carencia o vacío. Cuando la persona no está, sentimos esa carencia o vacío, y decimos que echamos de menos. Pero, en realidad, no echamos de menos a la persona, echamos de menos la plenitud o compleción que sentimos en su compañía. Usamos la otra persona como un parche para ese roto. Cuando está el parche, el roto no se ve ni se siente. Sin el parche, el roto se ve y se siente.

Echar de menos, por lo tanto, no es un indicador del grado en el que se quiere a otra persona. Es un indicador de un área de crecimiento personal. Echar de menos es una de esas emociones, como el miedo, que nos indican el camino que debemos seguir en nuestro proceso de autoestima. Quizás echamos de menos a alguien porque nos divertimos cuando está, o porque nos sentimos seguros en su compañía, o porque nos sentimos queridos por esa persona. Pero divertirnos, sentirnos seguros, o sentirnos queridos no son tareas que se deban, ni se puedan, delegar en otras personas. Son tareas que tenemos que asumir nosotros mismos. Son las tareas fundamentales en el proceso de desarrollo personal y el cultivo diario de la autoestima.

Ninguna relación, ni de pareja, ni de familia, ni de amistad, puede crecer sana sobre los cimientos de la necesidad. Cuando en una relación hay necesidad del otro hay cruce de responsabilidades: a uno se le hace responsable de la felicidad, de la seguridad, o del bienestar del otro. En una relación así, los reproches son continuos: “te vas y me dejas solo”, “tú haces tus planes, mientras yo me aburro en casa”, “nunca tienes en cuenta lo que a mí me hace feliz”…

Las relaciones entre dos personas jamás serán más sanas que las relaciones que cada una de las partes tenga consigo misma. Y una relación sana con uno mismo empieza por responsabilizarse del propio cuidado, del propio bienestar, y de la propia felicidad. Si echas de menos a alguien, si te sientes insegura, o triste, o aburrida, o sola sin esa persona, es que necesitas trabajar tu propia seguridad, felicidad, intereses y bienestar. Nadie hará ese trabajo por ti. Solo tú puedes hacerte realmente segura, feliz y sana.

AUTOR:

Marcos Nadal Roberts

PSICÓLOGO

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Ten un corazón que nunca endurezca, y un temperamento que nunca canse, y un tacto que nunca duela

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