Detectando la personalidad tóxica

El adjetivo que mejor define a la personalidad tóxica es “problemático”. Ya sea por su actitud negativa que les hace pasarlo mal hasta en una fiesta, por sus maneras tan “particulares” de resolver sus dificultades echando gasolina al fuego o por su capacidad de manipular a los demás para priorizar siempre su propio beneficio, la persona tóxica es un alquimista a la inversa, convierte el oro en plomo.

En su actitud cotidiana, se aprecia el peso que tienen los pensamientos y emociones negativas en su vida. Desde la queja y el victimismo hasta la envidia y el resentimiento, pasando por la culpabilización hacia los demás o directamente su descalificación y minusvaloración, hay demasiado estado mental dañino en su cabeza y en su corazón. Y los estados mentales negativos se contagian fácilmente, como el pánico cuando alguien grita «¡Fuego!” en un teatro. Convivir con una persona tóxica es acostumbrarse a lo malo y convertirlo en lo habitual y esperable. De hecho, para el tóxico que otra persona desee un estado mental positivo es una traición, un disparate o una irresponsabilidad.

Decía Nietzsche que quien con monstruos esté luchando, cuídese de convertirse él mismo en un monstruo. Y ese es uno de los peligros de las personalidad tóxica, que te pueden infectar con los mismos rasgos venenosos. Por eso, recuerda y reafirmarte en el concepto clave de que tienes capacidad de decisión sobre tu relación con los tóxicos, aléjate de ellos y no mires atrás. Van a apelar a tu paciencia, a tu bondad, a tu ambición y tu lealtad para que no les abandones, recuerda que son expertos manipuladores. Pero es cuestión de no dejar que las emociones de las personas tóxicas te contagien y te envenenen. Porque eso es lo que va a ocurrir, te acabarás sintiendo mal sin motivo que lo justifique. Y no hay ninguna razón ni meta ni resultado que excusen que sufras de forma habitual. El sufrimiento constante no fortalece ninguna relación, la debilita.

¿Y si uno mismo detecta estos rasgos tóxicos en su propia persona? La propia autodetección es una muy buena señal, pues el tóxico puro es un ciego de sí mismo. Todos podemos ser tóxicos en un momento dado. Cuando tu personalidad tóxica te domina, tus zonas más oscuras toman el control. Esas zonas oscuras se construyen sobre el cimiento de emociones negativas que todos tenemos, como la culpa, la envidia, la ira o el orgullo. Son emociones primitivas, nos han acompañado en nuestra historia como Humanidad y no podemos reprimir o eliminar, por lo que el mejor camino es educarlas para que no dominen tu mente y no dañen tu autoestima. A veces no podemos elegir cómo nos sentimos, pero siempre podemos decidir qué hacer con lo que sentimos. Esa responsabilidad y ese poder es lo que nos salvará de caer nosotros mismos en una personalidad tóxica.

AUTOR:

David del Bosque

PSICÓLOGO

Podcast

Recomendación:

LIBRO: Gente tóxica (Bernardo Stamateas). En nuestra vida cotidiana no podemos evitar encontrarnos con personas problemáticas. Jefes autoritarios y descalificadores, vecinos quejosos, compañeros de trabajo o estudio envidiosos, parientes que siempre nos echan la culpa de todo, hombres y mujeres arrogantes, irascibles o mentirosos… Todas estas personas «tóxicas» nos producen malestar, pero algunas pueden arruinarnos la vida, destruir nuestros sueños o alejarnos de nuestras metas.

Ningún hombre conoce lo malo que es hasta que no ha tratado de esforzarse por ser bueno. Sólo podrás conocer la fuerza de un viento tratando de caminar contra él, no dejándote llevar

Clive Staples Lewis (escritor británico)

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