Somos animales sociales, vivimos en sociedad y nos relacionamos continuamente con otras personas, siendo estas relaciones muy importantes para nuestro bienestar y éxito personal. Comunicarnos bien con los demás nos es necesario, nos ayuda a crecer, nos nutre emocionalmente y nos protege de conflictos y aislamientos. Desarrollar unas buenas habilidades sociales es uno de los cimientos de nuestra autoestima. Con habilidades sociales pobres, nuestro autoconcepto sufre y nos sentimos poco capacitados para integrarnos y desarrollarnos en nuestro hábitat social. En primer lugar, las habilidades sociales son herramientas de comunicación, útiles que usamos para relacionarnos con los demás de forma eficaz y a la vez emocionalmente sana. Como herramientas, las habilidades sociales se aprenden desde niños, se copian observando cómo se comunican los demás, especialmente los padres, y se convierten, cuando se han aprendido bien, en conductas que nos permiten interactuar con otras personas de forma exitosa. Las habilidades sociales también se desarrollan o se empobrecen a través de los refuerzos y castigos, de los premios y sanciones que recibimos desde que somos niños cuando nos relacionamos. El...

Las relaciones sanas comienzan con la propia felicidad. De ahí la importancia de arrancar con una autoestima fuerte. Porque no podemos ser felices con nadie si antes no somos felices siendo nosotros con nosotros. Tampoco podemos hacer felices a otras personas si ellas no quieren serlo. La felicidad es únicamente una elección y solo cada persona es capaz de poner en marcha la suya propia. Lo más que podemos hacer cuando nos relacionamos con otras personas es facilitar al máximo las cosas sin llegar a perdernos y compartir la propia felicidad. Lo cual ya es mucho. Según Patrick Lencioni, experto en relaciones interpersonales y gestión de equipos, todas las relaciones para que funcionen deben subir una serie de escalones hasta llegar a lo más alto y no hay atajos ni posibilidad de dar saltos. Confianza: La clave para que cualquier tipo de relación tenga posibilidades de funcionar está en crear una base sólida de confianza. Jamás habrá relaciones auténticas, ni llegaremos a crear algo juntos si desconfiamos de la persona o las personas con la que...

¿Te has dado cuenta alguna vez de cómo te habla tu inconsciente? ¿sabes interpretar sus mensajes? ¿entiendes sus señales? Como sabes, la autoestima es la relación que mantienes contigo mismo. Según como sea esa relación, te sientes y se refleja en cada una de las áreas de tu vida (laboral, sexual, en tu entorno, en tu salud, etc.) de ahí la importancia de cuidarla como la relación más importante que mantienes en tu vida. Autoestima es sinónimo de felicidad. Esa interacción se realiza por diferentes canales de comunicación y hoy te quiero hablar de las formas más ocultas o inconscientes, esas que cuestan más de apreciar. Uno de los canales que utilizamos para relacionarnos con nosotros mismos se expresa a través del cuerpo mediante síntomas o sensaciones que no se dicen, se somatizan. Accidentes laborales, tics, dolores, enfermedades,… nos están trasladando un mensaje que no hemos atendido previamente de manera verbal o que ha encontrado que era la forma de expresarnos que algo no marcha bien. Otra manera que tenemos de hablarnos es a través de los sueños. Un...

“¡En cuanto cumpla los 18 me voy de casa!”, “no es culpa mía”, “ahora lo hago”, “nunca me entiendes”, “ese profesor me tiene manía”, “no me escuchas”, “¡no pienso quedarme en casa esta noche!”, por nombrar algunas de las frases más suaves que oímos con frecuencia en casa de familias con un adolescente. Pero pongámonos en su lugar ¿Cómo reaccionaríamos nosotros a algunos de los métodos más comunes que usamos para que los adolescentes hagan lo que nosotros queremos que hagan? “No haces nada más que comer y dormir”, “si te pilló alguna vez fumando…”, “no seas ridícula, vas a ir a la universidad sí o sí”, “¿quieres romper el corazón a tus abuelos?”. Esos métodos suelen ser culpar, acusar o atacar, amenazar, insultar, dar órdenes, castigar, martirizar, sermonear o moralizar, advertir, usar comparaciones, el sarcasmo o las profecías. Esos métodos dañan la autoestima, crean enojo y resistencia por parte de los adolescentes siendo finalmente inefectivos o alcanzando el objetivo de que hagan lo que dices con un gran coste emocional para ambos y, hasta la...

Algunas relaciones de pareja fracasan teniéndolo todo a su favor y otras sin embargo, se mantienen en el tiempo, son estables e incluso parecen felices a su manera, cuando nadie habría apostado nada por ellas desde el principio. Nos podemos preguntar si existe alguna fórmula que haga posible el buen funcionamiento de una pareja, algún sistema que nos permita entender lo que está pasando en la relación y si cabe que son sirva de ayuda en el caso de que la pareja naufrague. Tal vez exista esa fórmula o tal vez no. Lo que es cierto es que lo que funciona y va bien en unas relaciones, no sirve de nada en otras. Incluso lo que a una misma persona le servía con una pareja puede serle un inconveniente con otra. Eso es así porque cada pareja es todo un mundo con reglas propias e identidad en sí mismo, que transciende a quienes lo componen. Las personas nos encontramos para crear experiencias comunes con las que aprender y crecer juntos, y aquellas personas que escogemos como nuestra...

Como actores en paro que se resisten a aceptar su suerte, todos actuamos para un público imaginario. Se trata de aquellas conductas que realizamos “por el qué dirán”, los comportamientos o hábitos que mantenemos porque “siempre ha sido así”, o todas las ideas preconcebidas y razones múltiples con que justificamos muchos de nuestros actos. Cuando nos detenemos a reflexionar, incluso somos capaces de darnos cuenta de que no es eso lo que nosotros queremos, que no es así como nos comportaríamos si nos sintiésemos libres para elegir. Aún así, nos mantenemos fieles a nuestro programa operativo, esa especie de app instalada no sabemos cuándo, pero que nos redirige continuamente a las mismas prácticas. No existe un mismo público para todos. Por más que las personas que comparten con nosotros el planeta tengan cada una su nombre y apellidos, no representan las mismas figuras para cada uno de nosotros. Incluso aunque esas personas sean de carne y hueso, no es en concreto para ninguna de ellas para quienes “actuamos”, sino para la idea que de ellas hemos...

No hay relación real sin conflictos. Ya sea en el trabajo, en la familia o en la pareja, la propia dinámica del día a día conlleva la aparición de desencuentros. Es un error de inmadurez confundir relación sana con relación sin problemas. La relación sana es la que resuelve los problemas, no la que los esconde. Esconder un conflicto genera una sensación de armonía artificial, donde la tensión se encuentra latente y estalla en momentos inesperados o se manifiesta continuamente de forma solapada. Einstein decía que la formulación de un problema era más importante que su resolución. En la formulación del problema se incluye su aceptación como tal, la aceptación de las partes que intervienen y de los intereses de cada parte. Conflicto no es sinónimo de violencia. Conflicto tampoco implica agresión. Conflicto es simplemente diferencia. No somos iguales, tenemos intereses diferentes que provocan posiciones contrapuestas. Lo que convierte al conflicto en algo violento es cómo se encara, no la presencia del mismo. Gandhi decía que para una persona no violenta, todo el mundo era su...