Aprender a renunciar como parte de nuestro camino en la vida. Dejar ir aquello que ya tuvo su momento, que antes tenía sentido pero ya no lo tiene. Aquello que una vez fue magnífico, intenso, enriquecedor y novedoso pero que ya no lo es. Aprender a dejar ir cuando nuestro ego se niega a aceptar lo que está ocurriendo, a aceptar que lo dejamos ir porque ya no nos hace falta. Renunciar a nuestro ego que se apega a lo que ya no es bueno para nosotros, por miedo, rencor u orgullo. Y la mejor manera de dejar ir y superar nuestro orgullo es agradecer a aquello que soltamos por todo lo que nos dio. Gracias. Adiós. Decidir es renunciar, vaciar para otorgar espacio a lo que ha de venir. Escoger es abandonar, elegir una opción es renunciar a otras. Abandonar no es lo mismo que abandonarse, lo primero puede ser necesario para volver a sentirnos bien o para seguir creciendo. Abandonarse es rendirse, es una de las mayores señales de baja autoestima. Abandonar sobre todo...

Hay muchas cosas que puede producirnos una enorme vergüenza. Cometer un error ante otros, tropezarnos por la calle, pedir una cita a una chica que nos gusta, no saber algo, hablar con tu madre de sexo, pedirle a un cliente despistado que te pague, cruzarte con un exnovio, pedir comida, que se te rompa el pantalón al agacharte, comer en público o incluso habrá a quién le de vergüenza pedir un café. ¿Que hay detrás de esa inseguridad, ese temor, esa inestabilidad o esa vergüenza? Hay una baja autoestima. La vergüenza va directamente a lo que somos. Me avergüenzo de lo que soy y me siento culpable de lo que he hecho. Si te da vergüenza hazlo sería la máxima para poder lidiar con ella y superarla ya que sino, corres el riesgo de dejar de ir a fiestas, a la cafetería, quedarte solo o aislarte, quedarte sin cobrar, … por no tener que afrontar esas situaciones embarazosas y huir de ellas o evitarlas. Afróntalo, con vergüenza sí, pero para delante! Date permiso para cometer un error, céntrate en lo...

En la introducción de “Cuentos para Pensar” (recomendación de esta semana), Jorge Bucay explica cómo nos movemos por creencias, paradigmas, verdades, … que durante un tiempo lo son, pero, se modifican, trasforman o descartan al crecer y descubrir nuevos o incompatibles planteamientos. ¿Existen referentes inamovibles que no … caduquen? Jorge Bucay identifica 3 verdades incuestionables para él que he decidido publicar porque creo que en el camino del crecimiento de la autoestima pueden convertirse en faros que guíen nuestro camino. La primera y contundente verdad es que, LO QUE ES, ES. Parece obvio, no? Pero las implicaciones de esta verdad son realmente profundas y reparadoras. Esta 1ª verdad implica la aceptación de los hechos, las cosas y las situaciones tal y como son. “La realidad no es como a mí me convendría que fuera. No es como debería ser. No es cómo me dijeron que iba a ser. Ni es como fue. No es como será mañana. La realidad de mi afuera es como es.” El cambio solo puede darse desde la consciencia del momento actual y para ello...

¿Qué acostumbrados estamos a ver el vaso medio lleno? ¿Verdad? Ser optimistas, confiar en que las cosas que estamos esperando o en las que trabajamos llegarán, ver los avances alcanzados, no impacientarnos, no criticarnos, … ¡Hay que ver lo que nos cuesta! La buena noticia: ¡Todo es entrenarlo! Toma la decisión firme de no volver a criticarte jamás. Lo has hecho muchos años y no te sirve de nada. De nada bueno. Te ancla en la situación actual y te impide avanzar y ver el lado bueno de las cosas. Estás haciéndolo muy bien, estás creciendo, trabajando duro, consiguiendo grandes cambios, ya no estás en el mismo punto que hace unos meses o unos años, … ¿te das cuenta? No solo aprecies lo que quisieras haber conseguido ya, lo que deberías de…, lo que ya tendrías que haber, … está en camino. Confía. Invierte. Ya está llegando. Mirar el vaso medio lleno solo te hunde, te desmotiva y desanima, te entristece o te enfada contigo mismo por los debería que acompaña. Ya debería haber perdido peso, o encontrado trabajo o pareja o...

La traición es destructiva, arrasa y desola la relación que ha costado mucho tiempo y energía desarrollar. Ser traicionado duele, lo sabe quien lo ha vivido. Genera una conmoción, un golpe emocional que destruye la confianza en uno mismo y en los demás. Es una de las situaciones de la vida más difíciles de superar, habiendo personas que se quedan paralizadas tras una traición y no pueden pasar página. Te puede traicionar una pareja, un amigo, un socio de trabajo o un familiar. Te pueden traicionar en el amor, en los negocios o en la amistad. El dolor de la traición es mayor cuanto mayor fuese tu confianza, amor y esperanza depositada en el traidor. La primera reacción suele ser sentir ira y rabia de forma intensa, con ganas de vengarse, de hacer pagar la afrenta dejándose llevar por el rencor y el odio. Dejarse llevar por estos sentimientos es perder dos veces. Una por la propia traición y otra por la respuesta rabiosa y vengativa. No sólo te daña el odio hacia el traidor, también...

Un sujeto proactivo según la RAE es aquel que “toma activamente el control y decide qué hacer en cada momento, anticipándose a los acontecimientos”. En términos generales podemos hablar de tres maneras de afrontar las circunstancias a los que todos estamos expuestos: Pasividad: Consiste en no hacer nada frente a los sucesos de nuestro entorno. Son esas personas que ante una perdida emocional, un despido o una enfermedad se bloquean. No reaccionan. Se limitan a esperar que sean los otros, el estado o la suerte quienes resuelvan su situación. Reactividad: Pasan a la acción y hacen cambios solo cuando las circunstancias del entorno se han modificado. Son los que apagan el fuego en el momento que ven las llamas. Intentan arreglar su pareja ante una posible separación o se toman muy en serio las recomendaciones del médico tras el diagnóstico de una enfermedad. Proactividad: Va más allá porque estos se anticipan y emprenden acciones con las que van modificando sus circunstancias y evitan sucesos no deseados o se adaptan más fácilmente. Los proactivos están más preparados para transitar...

¿Conoces a Louise Hay? Louise Hay, recientemente fallecida, fue una escritora y oradora estadounidense, considerada una de las figuras más representativas del movimiento del Nuevo Pensamiento y una precursora de los libros de autoayuda.​​ Con una vida llena de experiencias que supo utilizar para crecer, se convirtió en una gran maestra del amor propio y de la autoestima que comunicó al mundo con enorme generosidad. La primera e indiscutible forma de amor consiste en dejar la crítica. Deja de criticarte. Acepta y aprueba quién eres y desde ese punto crece, mejora, … pero con amor. Criticarte no cambia nada, solo te ancla en el problema y en el dolor. La segunda manera que propone Hay consiste en el perdón. Perdónate. Deja ir el pasado y no te dañes con él. Sea lo que sea que hayas vivido, perdona. Lo hiciste como sabías en ese momento. Ahora lo ves de otra manera, eres capaz de actuar, pensar, … de otra manera y eso habla de tu crecimiento personal, pero entonces no lo sabías. No te juzgues con tus conocimientos actuales...

Es sorprendente como llegamos a separarnos de nosotros mismos hasta ser completamente unos desconocidos y muy alarmante darnos cuenta de la profunda desconexión que existe con nuestro cuerpo. La autoestima, esa relación que mantenemos con nosotros mismos a todos los niveles (social, económico, laboral, …), también se establece de una manera muy estrecha con nuestro cuerpo. ¿Eres capaz de reconocer las sensaciones que siente tu cuerpo? ¿las manejas? ¿Qué me dices del dolor o de aquellas más desagradables? Con la ira se tensa la musculatura de tu cuerpo, aprietas la mandíbula, frunces el ceño, … el miedo nos oprime el pecho o la garganta y la vergüenza es capaz de hacer que nos pongamos como un tomate. Si la ira tensa la musculatura, soltar la musculatura y relajarte te va a tranquilizar. Nuestra mente y nuestro cuerpo están conectados. Ser consciente de esa relación y entrenar estrategias de autocontrol y regulación es profundamente útil. Ya sea ante dolores menstruales, a la hora de afrontar el parto, para llevar enfermedades con dolor crónico, ante tratamientos con efectos secundarios como la quimioterapia,...