El legado

¿Qué es lo más valioso que quisieras dejar a tus hijas y a tus hijos? ¿O a tus sobrinas y sobrinos? ¿O a otros familiares o amigos? Si pudieras elegir una sola cosa para dejarles, ¿qué sería? ¿Un reloj? ¿Una joya? ¿Un coche? ¿Dinero? Los objetos y el dinero pueden tener un gran valor económico, pero con el tiempo todos se estropean, se gastan, y se pierden. Sería bonito poder dejarles algo duradero, algo que puedan llevar consigo toda la vida. Es cierto que los objetos pueden tener también un gran valor sentimental, pero el recuerdo y el sentimiento están realmente en la memoria del poseedor, no en el objeto. El valor sentimental radica en la memoria, y eso no podemos darlo ni quitarlo.

Creo que lo más bonito que podemos dejarles es el hábito de cultivar su autoestima. Creo que el legado más importante que podemos dejar es el conocimiento de cómo ser felices, de cómo quererse. Ese es el regalo más preciado y más duradero que le podemos hacer a alguien.

Pero, ¿cómo se aprenden los hábitos de autoestima? ¿cómo se enseña a ser feliz? Cualquier cosa se puede aprender de los libros, o de los tutoriales de YouTube. Pero cualquier conocimiento que no se traduzca en acciones, en cambios, es un conocimiento inerte, un trasto más que ocupa lugar. El conocimiento útil es el conocimiento que lleva a la acción, el que se practica, y a través de esa práctica, transforma. Ese es el conocimiento vivo. Podemos creer haber aprendido todas las teorías de la autoestima, y podemos creer saber cómo ser felices, pero no ponerlo en práctica. Eso tiene tanto sentido como creer que se sabe pilotar un avión comercial por haber memorizado a la perfección los manuales. La única buena teoría de la felicidad dice así: “Déjate de teorías y pasa a la práctica”.

Todos, y en especial los niños y las niñas, aprendemos más del ejemplo que de los discursos. Aprendemos mucho más observando cómo otros ponen en práctica, y lo que les sucede como consecuencia, que escuchando cómo debe hacerse. La autoestima y la felicidad se aprenden igual: observando cómo la practican los demás.

Nuestros hijos, hijas, sobrinos, sobrinas, nietos y nietas nos observan. Nos usan como modelos sobre los que construir sus propios hábitos de autoestima, sus propias maneras y estilos de ser felices. Observan la manera en la que nos hablamos y nos comportamos, cuando salen bien las cosas y cuando salen mal. Observan cómo disfrutamos cuando somos felices, y observan cuando nos vemos desbordados por alguna situación. Observan cómo afrontamos problemas, aprenden de lo que observan e interiorizan esos estilos de afrontamiento como propios. De nada sirve decirle a nuestros hijos que no hay que preocuparse cuando nos ven padecer pensando en lo malo que puede traer el futuro. De eso aprenden dos cosas: a preocuparse, porque hacen suyo nuestro estilo de afrontamiento, y a desconfiar de lo que decimos, puesto que nuestras palabras no se corresponden con nuestros hechos. 

El regalo más bonito, el más duradero, y quizás el más importante, que podemos hacer a otra persona es demostrar que nos queremos, demostrar que somos felices: ser modelos a partir de los que se pueden construir su propia manera de quererse y de ser felices. Ese regalo lo damos cada vez que demostramos a otra persona:

que nos aceptamos, es decir, que demostramos que somos tolerantes con nosotros mismos, que tenemos paciencia con nosotros, que nos decimos “me gusto como soy”, “me siento bien conmigo mismo”, “me encanta ser yo”.

que confiamos en nosotros mismos, es decir, que nos animamos cuando surgen dificultades, que tenemos la convicción de que sabremos, de que podremos, de que estaremos bien, que nos decimos “así todo está bien”, “me siento seguro”, “yo puedo”.

que nos amamos, es decir, que nos dedicamos tiempo, nos cuidamos, nos mimamos, que nos felicitamos cuando algo nos sale bien, y nos animamos cuando algo nos sale mal, que nos demostramos que somos lo más importante del mundo para nosotros, que anteponemos nuestro propio bienestar ante todo lo demás, que nos preguntamos “¿qué puedo hacer para disfrutar de este día maravilloso?”, que nos decimos “te amo”, “qué persona tan hermosa”.

Sobre la base de lo que hacemos, los demás—especialmente niños y niñas—construyen sus hábitos de autoestima. Con lo que decimos construyen su diálogo interior, su manera de pensar acerca de sí mismos, acerca de lo que les rodea, y acerca de su futuro. Poner en práctica tu autoestima, demostrar que eres feliz, es servir de ejemplo y de modelo para los demás. Es poner un granito de arena para que el mundo sea un lugar mejor, para ti y para los demás.

ESCÚCHALO AQUÍ:

“No es tu responsabilidad conseguir lo que los otros crean que debes conseguir. No es tu responsabilidad ser como otros esperan que seas. Ese es su error, no tu defecto”

Richard Feynman

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.

Abrir chat
¿Necesitas ayuda?
Hola, ¿en qué puedo ayudarte?