¿Vives o estás vivo? ¿Qué entiendes tú por vivir? A las personas que viven se les nota rápidamente. Lo primero que desprenden es una gran felicidad y serenidad. En realidad, en occidente hay un pequeño porcentaje de personas que tienen una alta autoestima. Entre un 5 y un 10%. ¿Te sorprende? ¿Crees que eres uno de ellos? Sigamos con las características a ver si te reconoces en ellas. Las personas que viven, disfrutan de todo. Lo viven todo, un trayecto en autobús, la limpieza de la cocina, una reunión larga, … Disponen, por entrenamiento, de una capacidad excepcional llamada proactividad emocional, que les permite elegir como quieren sentirse al margen de la experiencia. No es magia, tú también puedes hacerlo. Como digo, se entrena. Quieren vivir y lo van a hacer a toda costa. Sea lo que sea. Eligen vivir. Viven en el momento presente. El aquí y el ahora. No te pierdas en anhelos, remordimientos, culpas, preocupaciones, expectativas, … siente el fresquito del aire acondicionado, huele el perfume único de tu bebé, siente la suavidad de la prenda que llevas...

¿Has oído hablar alguna vez del efecto placebo? El efecto placebo es un conjunto de efectos sobre la salud que se producen por la administración de un placebo, que es una sustancia que carece de acción curativa pero que consigue un efecto terapéutico en la persona que se lo toma convencido de que es realmente eficaz. No es magia. Nuestro cuerpo tiene una inteligencia innata que nos permite proporcionarnos toda una serie de componentes químicos con propiedades medicinales naturales (analgésicos, antidepresivos, etc.) y esa farmacia se activa con la mente, con el pensamiento. Experimentos como los realizados en la década de 1950 en los que se realizaba, a uno de los dos grupos de enfermos con problemas cardíacos, una operación real de ligadura de las arterias mamarias que consistía en exponer las arterias dañadas y ligarlas, mientras que a los otros, pacientes del grupo placebo, no se les realizaba ningún procedimiento quirúrgico aunque sí una cirugía falsa (un corte en el pecho y nada más), demostró que el 83 % de los que habían sido sometidos a esa...

¿Prácticas algún deporte? ¿Te planteas hacerlo pero no acabas de comprometerte? ¿No sabes muy bien como retomarlo? El deporte, sea el que sea, jugar a pádel, pedalear, nadar, el yoga o escalar montañas, es una fuente de autoestima. No solamente porque cuides de tu salud o de tu imagen o cambie tu estado de ánimo por eso de la liberación de endorfinas que sí, sino porque el deporte es un reto constante. Volver al gimnasio tras años de abandono y tener que ponerte unas mallas en público, para muchas personas ya es un paso enorme. Afrontar el miedo, la vergüenza y la incertidumbre al salir a lo desconocido, son algunas de las barreras con las que se encuentran las personas que tratan de comenzar una actividad deportiva. Ante esas resistencias la clave está en la insistencia y, en esa insistencia, el crecimiento. Pasa la vergüenza siendo amable contigo mismo, afronta el miedo con valentía y no vuelvas corriendo a tu cueva, exponte y persiste porque pronto, antes de lo que tú te crees, esas mayas y esa sala...

Lo que comes muchas veces no guarda relación con tus necesidades reales de alimentación. Y en otras ocasiones son tus emociones o los hábitos sociales los que determinan lo que te acabas metiendo en la boca. Nada tiene que ver el hambre. Tu autoestima es la relación que tú mantienes contigo. Y esa relación también incluye la relación que tienes con tu cuerpo. Cuando escuchas a tu cuerpo con atención seguramente te das cuenta de que sus necesidades nutritivas tienen poco que ver con tus comidas. La forma con la que nos relacionamos con la comida está muy conectada a tus emociones y tus costumbres culturales. Existe una estrecha relación entre tus necesidades nutritivas y tus necesidades emocionales. Vivimos en un mundo donde coexisten en paralelo la sobrealimentación y los productos hipercalóricos con la desnutrición emocional y la carencia afectiva. Por eso es tan habitual compensar el vacío emocional con unos bocados de más. De esta forma la alimentación no solo sirve para cubrir las necesidades nutritivas de nuestro organismo, además hace de “distractor” y nos permite...

Tu salud física es una expresión de tu autoestima. Porque tu salud habla de ti, del tipo de vida que haces, de cómo te cuidas o te abandonas, de la atención con la que escuchas tu biología, habla incluso de cómo te conoces, de la importancia y valor que te das, de la fortaleza o fragilidad de tu sistema de defensas o de la coherencia entre lo que piensas, sientes y haces. Si la autoestima es la relación que mantienes contigo y cómo te sientes biológicamente tiene mucho que ver con cómo es esa relación. Porque existe una relación directa entre las emociones que sientes y tu salud. Para algunos autores, la enfermedad es el resultado de algún tipo de trauma, crisis o sufrimiento emocional muy intenso o sostenido durante largo tiempo, que termina cristalizando en una alteración en el cuerpo. Esa alteración es lo que denominamos enfermedad. Ser consciente de que emociones sientes, entender por qué las sientes, aprender a regularlas amplificando las que te hacen sentir bien y bajando el volumen a las que te...

Con los años la percepción de la realidad se va modificando, el paso del tiempo hace que nos fijemos en cosas distintas a la juventud, que las valoremos de otra forma y lo que el la infancia parecía, divertido, en la juventud insoportable y en la madurez habíamos olvidado, en la vejez puede volver a llamar nuestra atención. Tal vez esa sea una de las claves del buen entendimiento entre abuelos y nietos. También cambian nuestros estados emocionales, con los años hemos aprendido a templan las emociones, cabe esperar que los impulsos se hayan moderado y que toda esa chispa y bravío de los años pasados se haya ido transformando en una mayor paciencia y en un emociones más estables. Los hábitos de conducta, se van haciendo cada vez más rutinarios, es como si hubieran cristalizado y cada día tiende a ser una repetición del anterior, la repetición produce placer y seguridad por eso salir de esas rutinas inquieta al anciano. Las metas son otras, más sencillas, menos ambiciosas, más a corto plazo, las prioridades...

Es habitual confundir orgullo, egoísmo y soberbia con autoestima. Sentirse superior a los demás, más listo, más capaz, más comprometido, con más recursos, con más dominio sobre un mundo que en el fondo tiende a ser incontrolable. El orgullo magnifica los éxitos y los atribuye a las propias fortalezas. Asimismo, el orgullo reniega de los fracasos y los achaca a factores externos a la propia persona como la mala suerte o la ineficacia de otros. Es la soberbia de considerarse único padre de las victorias y víctima cruel de las derrotas. De dicha soberbia surge la arrogancia, la testarudez y el exceso de control. Cuando las derrotas se hacen demasiado numerosas o duran demasiado en el tiempo, cuando una mala racha o un problema no resuelto se tornan en algo crónico, la falta de autoestima queda al descubierto y el orgulloso se queda atrapado en su propia trampa. El orgulloso esconde el problema, intenta amordazarlo, quiere dominarlo, repite constantemente aquellos patrones que le dieron éxito en el pasado porque quien tiene un martillo sólo ve clavos....

El mundo actual ha cambiado mucho en pocos años a nivel tecnológico. Los padres de hoy hablaban por teléfono en pocas ocasiones cuando eran jóvenes, a través un terminal fijo situado en una zona concreta de la casa y sólo lo utilizaban para “cosas importantes”. Ahora es habitual que en una casa haya más teléfonos que personas. Lo mismo ocurre con los ordenadores. De los antiguos modelos cuyos programas se cargaban a través de cassettes y disquetes a la moderna tecnología donde el contenido se descarga de no se sabe dónde a través de algo tan inmaterial como es internet. Por esta razón, el primer ejercicio de un padre ante el uso que sus hijos van a hacer de las “maquinitas” es un ejercicio de empatía, de ponerse en su lugar: ¿en qué mundo van a vivir los jóvenes? En una sociedad digitalizada, básicamente para lo bueno y a veces para lo malo. Los jóvenes son nativos digitales, los padres son inmigrantes digitales. Tecnológicamente, ocupan el mismo espacio pero nacieron en culturas diferentes. En este...

Dice un proverbio árabe que libros, caminos y días dan al hombre sabiduría. La lectura es fuente infinita de conocimiento, es el acceso al saber desde la curiosidad y la autoestima de querer progresar como persona. Un libro es una puerta para salir del espacio de seguridad y plantarse en territorios nuevos, elaborar planes y objetivos diferentes y provocar la ruptura de prejuicios mentales que lastran y empobrecen. Hay un libro para cada momento de la vida, para cada aprendizaje que uno necesita afrontar. Hay libros para desarrollar la inteligencia emocional, la inteligencia financiera o la inteligencia social. Libros que en un momento de nuestra vida nos parecen equivocados, superficiales o incomprensibles en otras circunstancias, con otras experiencias ya vividas, nos parecen acertados, profundos y entendibles. Es la magia de los libros, que cambian a través de los ojos de quien los lee. La lectura es un ingrediente básico en la dieta de la felicidad. Leer es un ejercicio que desarrolla fortaleza emocional, ayuda a entender en profundidad las emociones propias y ajenas así como dar...

Tu salud está muy relacionada con lo qué piensas y lo qué sientes. Y lo qué piensas y sientes te lleva a tomar unas decisiones u otras y con ellas a actuar de determinada manera, con lo que te creas una experiencia que refuerza lo que piensas y sientes. Y cuando esa experiencia se repite de forma sostenida en el tiempo se modifican tus hábitos y tus hábitos terminan modificando tu biología. Puedes hacer esta meditación tras una sencilla relajación, después de haber tranquilizado tu respiración, tu mente y tu cuerpo. Si la tienes grabada puedes escucharla con los ojos cerrados tratando de concentrarte en sentirla y repitiéndola varias veces al día. Sé consciente de como tú eres quien construye tu realidad. Tú eres el arquitecto de tu destino. Y construyes tu experiencia diaria con tus pensamientos, emociones y conductas. Por eso a partir de este momento, elijes con cuidado cada palabra que piensas y dices, te tratas de una forma amable y cariñosa, te responsabilizas de todo lo que sientes y actúas en consecuencia de una...