Todas y cada una de las experiencias dolorosas que vivimos a lo largo de nuestra vida tienen un sentido final, por ello, resulta indispensable saber gestionar el dolor para poder marcar la diferencia ante las consecuencias que este nos pueda generar. Estas experiencias están íntimamente ligadas a la oportunidad de aprendizaje, tras cada “mala experiencia” hay un potencial infinito de introspección y escucha que debemos escuchar y validar. El dolor es lo más parecido a sentirnos desnudos, vulnerables, frágiles. La experiencia del dolor se convierte en algo personal, único e intransferible, sin embargo debemos estar preparados, ya que la experiencia del sufrimiento es intrínseca al ser humano. Existe una cantidad ilimitada de situaciones que nos pueden generar dolor o sufrimiento. Algunos ejemplos de ello pueden ser: Perdida del trabajo, la aparición de una enfermedad, la pérdida de capacidades cognitivas o motrices, conflictos con seres queridos, rupturas emocionales o la muerte de seres queridos. Al igual que ocurre con el dolor físico, el dolor emocional es, en cierta medida funcional y adaptativo, siempre y cuando no nos dejemos arrastrar por...

En la vida existe una calma prodigiosa, marcada por la paciencia y los propios ritmos de la naturaleza. Sin embargo en nuestro día a día no hay demasiado espacio para poder mimetizarnos con ella; de hecho, resulta una tarea imposible el poder detenernos y actuar en resonancia con nuestra propia existencia. El problema nace cuando la inmensa mayoría de las personas se mueven o actúan a ritmos descompasados. La mayoría de nosotros, de hecho, nos movemos en extremos donde todo se tiñe o se magnifica. Tenemos grandes expectativas, grandes sueños sobre quienes somos, quienes seremos, qué éxitos o virtudes desarrollaremos. Cuanto más esperamos, más nos exigimos, más exigimos y por ende, más nos alejamos y más nos frustramos. Los seres humanos estamos programados para superarnos, conseguir logros y superar los diferentes conflictos que nos propone la vida, sin embargo, debido a la necesidad de la inmediatez nos volvemos poco eficaces a la hora de resolver los verdaderos problemas, ya sean estos familiares, relacionales, laborales o personales. De hecho, solemos dejarnos arrastrar por los problemas de tal modo...

Tanto nuestro presente como nuestro pasado, bañan siempre las cosas, sin embargo, el saber sentir e identificar qué es lo que nos sucede en nuestro interior es más bien una actitud, una actitud de vivir, de profundizar, de caer y de cicatrizar. El poder sentir, es un valor intrínseco del ser humano y es que pese a que en la actualidad las personas hayamos sometido la emoción a la razón, estas no tienen porqué estar separadas. Aprender a escuchar a través de las manos, de la piel o de las miradas, es igual de importante que el poder hacerlo a través del lenguaje y es que, cuando aunamos sentimiento y razón, el mensaje que transmitimos al mundo, es el haber encontrado un equilibrio y una conexión con nuestro centro. Es importante que recordemos siempre que los sentidos sienten y que la vida nos demuestra a cada instante que lo que no podemos ver este mundo, es mucho más importante y poderoso que cualquier cosa que podamos ver y que, a pesar de la madurez que hayamos podido alcanzar,...

Todo ser humano está compuesto por multitud de dimensiones (relacional, física, intelectual, laboral, ocupacional ) etcétera. Para poder mantener un equilibrio entre todas y cada una de las dimensiones que existen, es importantísimo que todas sean escuchadas, atendidas y cuidadas con mesura, sin embargo…¿cuántas veces nos paramos a pensar en cómo podemos equilibrarnos y prestar una atención equitativa a cada uno de nuestros estados? A día de hoy, la inmensa mayoría de las personas ponen un gran énfasis en lo físico, en mejorar y albergar el mayor número de logros y éxitos a nivel laboral, así como también mantener unas exquisitas relaciones sociales. Tanta deseabilidad, tanta atención en lo externo, nos aleja de nuestro núcleo, de nuestro centro, centro dónde albergamos sin lugar a dudas la fuerza necesaria para realizarnos y mejorar en el resto de aspectos de nuestra vida. Cuando focalizamos tanta atención, tan desmesurada a ciertas áreas, dejamos de cultivar nuestra personalidad, nuestro valor como personas. Transitar conscientemente entre dimensiones no es nada fácil, para ser honestos, es más bien complicado. Siempre existirán ciertos momentos donde podamos...

El odio, ¡qué emoción más corrosiva! El odio se ha definido como una emoción negativa, profunda e intensa, causada por la creencia o prejuicio de que el otro, el odiado, es un ser detestable y malvado. Se asocia con emociones como el desprecio, el asco o la rabia. El odio puede manifestarse en grados y formas muy diversas. La ignorancia, la mentira, la difamación o el prejuicio, entendido como una opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal (influido por historias, mitos, estereotipos, expectativas, miedos…), puede provocar en ti un determinado patrón de tensión muscular, elevarte el pulso, un sentimiento de estar desbordado por la situación, una fijación por lo odiado y deseos de venganza. Que se me queme la comida, que se acabe la tinta de la impresora a mitad de una impresión urgente, la soberbia de mi amigo, la forma de hablar de mi jefe, el sistema de organización de mi hijo, que coman con la boca abierta, cómo aparca mi vecina, … ¡me pone de los nervios y me...

¿Cuántas veces hemos deseado que aquello que nos pesa, nos incomoda o nos abruma desaparezca en tan solo unos segundos?. ¿Cuántas veces hemos deseado que aquello que tanto anhelamos en nuestra vida llegara lo antes posible? ¿Cuánto tiempo hemos perdido generando pensamientos ineficaces para solucionar las necesidades con inmediatez o desmesura? Allan Watts, filósofo estadounidense escribió lo siguiente: “Una persona que piensa todo el tiempo, no tiene más en qué pensar que en los pensamientos mismos, de esta manera pierde el contacto con la realidad y está destinado a vivir en un mundo de ilusión y sufrimiento”. Con mucho acierto, el Sr. Watts, supo identificar una de las tendencias más destructivas de la raza humana: El malgasto de una gran cantidad de tiempo y energía mental en intentar resolver cosas que posiblemente nunca sucederán. Esta predisposición de pensamiento humano, no hace más que generar estados emocionales negativos que, a la larga, nos alejan de nuestras metas y nos hacen sentir insuficientes, insignificantes e insensibles ante la posibilidad de poder disfrutar de la vida; esa que existe precisamente fuera de...

La frustración es la emoción que sentimos cuando una expectativa no se cumple, cuando lo que deseamos no es lo que obtenemos o simplemente cuando la cosas tardan en llegar o no llegan. Es la reacción que tiene un niño cuando le impedimos hacer algo que quiere o no le damos lo que pide. La frustración nos lleva a actuar de forma impulsiva, generalmente desproporcionada, con una alta tasa de malestar y sin valorar las consecuencias de nuestros actos. Normalmente va asociada a la rabia, pero también ir acompañada de miedo, tristeza o decepción. En cualquier caso emociones con connotaciones negativas. El control de la frustración es lo que se conoce como tolerancia a la frustración. Y desarrollar una buena resistencia a la frustración es algo que lleva tiempo y marca la diferencia entre una afectividad infantil y una adulta. Hay muchos adultos que frente a las contrariedades de la vida tienen reacciones infantiles, auténticas rabietas. De hecho muchos de los problemas que surgen durante la adolescencia y posteriormente guardan relación con las dificultades para manejar...

Todos y cada uno de nosotros tenemos un hermoso regalo que nos viene dado desde nuestra más temprana infancia: las emociones. Desde que nacemos disponemos de este termómetro emocional, una brújula que nos indica que dirección tomar para entender nuestra realidad, nuestro aquí, nuestro ahora, ayudándonos de manera natural a reconciliarnos con nuestro verdadero propósito: Ser felices. El problema surge cuando ser felices resulta ser nuestro problema. Por contradictorio que parezca, el cerebro humano está programado para interpretar con mayor claridad y eficacia la negatividad de las cosas más que la positividad de las mismas, y es que en un entorno natural, como por ejemplo la sabana, el modo de codificar la negatividad sería interpretándola como una amenaza. Debemos tener en cuenta en este punto, que nuestro cerebro evolucionó para ser altamente sensible a la información negativa por el simple hecho de sobrevivir a través de la lucha o la huida, por ello la información positiva pierde relevancia a la hora de interpretar nuestra realidad y por lo tanto nuestra felicidad. En resumidas cuentas, por...

La autorregulación es la segunda competencia de la inteligencia emocional. Significa la capacidad de controlar las propias emociones evitando que lo emocional se desborde y contamine otras áreas de la persona. Se trata de impedir que lo que estás pensando llegue filtrado por lo que estás sintiendo. De evitar que los afectos se mezclen con el razonamiento, para que no se produzca una distorsión en el análisis y la observación. Impedir que la atención sea secuestrada por las emociones y solo te fijes en determinadas cosas, produciéndose una pérdida inevitable de objetividad. Este tipo de cosas suceden cuando tienes miedo y cualquier bulto en la penumbra se convierte en una amenaza, o cuando sientes rabia y cualquier comentario te pone a la defensiva, o cuando estás muy alegre y todo te parece bien. Cuando la interferencia emocional es muy fuerte, puedes perder el contacto con la realidad, percibir las cosas de una manera alterada y razonar sin coherencia. El otro aspecto importante del autocontrol emocional es que te ayuda a regular la conducta. Las emociones funcionan como...

El autoconocimiento es la primera competencia de la Inteligencia Emocional. Y por lo tanto la que abre la puerta al resto de las competencia emocionales. Es decir, sin autoconocimiento es imposible desarrollar cualquiera de las demás competencias. Por lo tanto no tendrás capacidad real de autocontrol, te dejarás llevar por tus impulsos y deseos y la motivación será algo ajeno a ti. En tus relaciones sociales tu empatía será pobre, mezclaras lo que tú sientes con lo que crees que sienten los demás y tus habilidades sociales serán insuficientes y posiblemente inadecuadas. Todos creemos que nadie nos conoce mejor que nosotros mismos. Y solo es una verdad a medias. Hay muchas cosas propias e íntimas que nadie conoce como tú, hay otros muchos aspectos que tú desconoces de ti. Un ejercicio muy interesante para tomar conciencia de los diferentes aspectos del autoconocimiento es trabajar con “La ventana de Johari”. Según este modelo la información sobre uno mismo puede ser de cuatro tipos:   Hay una parte pública. Donde reside todo aquello yo sé de mí y que los...