Carla había acordado con su madre que la acompañaría a hacer la compra esta tarde. Pero llegado el momento siente pereza, y prefiere quedarse en casa viendo la televisión. Pedro lleva unos días yendo al gimnasio por la mañana, pero hoy está perezoso, y cree que por un día que se quede en la cama durmiendo un poco más no pasa nada. Susana se está preparando unas oposiciones, pero hoy le da pereza estudiar y se pasa la mañana en las redes sociales. La pereza es un sentimiento paradójico: es muy común pero poco entendido. Es decir, por un lado lo sentimos muchas personas y con bastante frecuencia, pero por otro lado, generalmente sabemos bastante poco sobre él. La pereza es un sentimiento que evocamos al anticipar en negativo los costes de alguna acción que tenemos prevista, especialmente cuando los comparamos con los beneficios de no realizar la acción. Los costes anticipados pueden ser la molestia, el tiempo, esfuerzo físico o mental, o la incomodidad que supondrán emprender la acción. Los beneficios de la alternativa suelen ser el entretenimiento, descanso, la comodidad, poder no...

De todas las relaciones que construimos a lo largo de nuestras vidas, la primera es la que construimos con nosotras y con nosotros mismos. Es la primera en orden cronológico, porque empezó antes que ninguna otra. Es la primera, porque es la más importante. Y es la primera porque de ella son reflejo las demás. Todas la demás relaciones que construyamos a lo largo de nuestras vidas siguen a la que tenemos con nosotras y nosotros. La siguen porque empezaron después, porque son secundarias en importancia, y porque reflejan la primera. Por estos motivos, si no tenemos una buena relación con nosotras y nosotros mismos, no es posible tener relaciones gratificantes con las personas que nos rodean: nuestras parejas, nuestros amigos, nuestras familias, nuestros vecinos, o nuestros compañeros y compañeras de trabajo. Pero tampoco será posible entablar relaciones gratificantes con nuestro entorno: nuestro hogar, nuestras posesiones materiales, nuestro trabajo, nuestra economía, etc. Si la relación que mantenemos con nosotras y nosotros mismos no es buena, tendremos propensión a pasar de un conflicto a otro con los demás, y a sentirnos insatisfechas o insatisfechos con nuestro entorno. Es muy común que pasemos por alto...

Nos enseñan historia, geografía, matemáticas, incluso latín… y esta genial saber todas esas cosas. Son muy necesarias. Pero hoy, tras haber escrito 60 blog en parentepsis, quiero hablar de educar en lo importante. La clave de la felicidad para mí no está en saber 10 idiomas, ser el mejor abogado, contar con un buen sueldo o con 20.000 euros en tu cuenta y tener un cuerpo 10, que no está nada mal. Pero hay muchas personas con esas características profundamente infelices o queriendo acabar con su vida. ¿Por qué? Porque no toleran la frustración en su día a día, sea por un atasco en la autopista o por una reunión inesperada; porque confunde la autoeficacia con la autoestima y pueden ser muy capaces y tratarse fatal y no valorarse ni quererse en absoluto, en definitiva, porque no son inteligentes emocionalmente hablando. Es crucial que se siga implantando en escuelas y, sobre todo, que se transmita y ejemplifique en los hogares un sistema educativo que coloque en un lugar destacado a la inteligencia emocional. Ser feliz, para mí, no significa que todo te vaya bien ni que cada día estés alegre y sonrías....

Pensamos en el cuerpo como algo cercano pero ajeno a nosotros, de hecho hablamos de algo nuestro, no de algo que seamos. Lo entendemos más como una propiedad que como un signo de identidad. De hecho no decimos “yo soy mi cuerpo”, sino “yo tengo un cuerpo”. Cuando hablamos de atribuciones psicológicas, sí nos identificamos con ellas, por ejemplo decimos “soy inteligente, o soy una persona sensible”. Esta percepción de propiedad sobre el cuerpo, puede llevarnos a pensar que se trata de algo así como un animal doméstico que nos obedece ciegamente, algo que controlamos como el equipo de música o la televisión, mediante el mando a distancia de nuestro pensamiento o nuestra voluntad. Pero no siempre es todo tan sencillo. Hay veces que es el cuerpo el que toma el control de nuestra voluntad, nos arranca de un zarpazo el “mando a distancia” de nuestra mente, nos arrincona y hace que hagamos cosas impensables. Puede ocurrir cuando el miedo nos paraliza y nos impide pensar y reaccionar, porque aunque queramos hacer algo notamos el cuerpo y la...

Tu autoestima es un escudo contra los chantajes emocionales. Cuanto más claro tengas esto, cuanto más desarrollada esté tu autoestima, menos oportunidades darás a los chantajistas para amenazarte. Menos capacidad tendrán de utilizar tu miedo, tu sentido del deber o tu sentimiento de culpa para conseguir de ti lo que realmente no quieres darles. Y tienes todo el derecho a no hacerlo. Si es un principio básico respetar a los demás, también lo es respetarte a ti mismo. Aquellos derechos que otorgas a los demás fácilmente, otórgatelos también a ti mismo. Porque muchas veces los chantajistas emocionales atacan tu autoestima, te hacen dudar para que consideres que sus deseos y necesidades son más importantes que los tuyos. Se aprovechan de tu necesidad de aprobación, de que evites sus enfados, de tu miedo al conflicto o de que te hayas cargado con la obligación de que ellos siempre estén bien para chantajearte. Ante el miedo o la culpa ha de prevalecer el amor hacia ti mismo y tu deseo de desarrollarte y convertirte en todo aquello que puedes...

Todas y cada una de las experiencias dolorosas que vivimos a lo largo de nuestra vida tienen un sentido final, por ello, resulta indispensable saber gestionar el dolor para poder marcar la diferencia ante las consecuencias que este nos pueda generar. Estas experiencias están íntimamente ligadas a la oportunidad de aprendizaje, tras cada “mala experiencia” hay un potencial infinito de introspección y escucha que debemos escuchar y validar. El dolor es lo más parecido a sentirnos desnudos, vulnerables, frágiles. La experiencia del dolor se convierte en algo personal, único e intransferible, sin embargo debemos estar preparados, ya que la experiencia del sufrimiento es intrínseca al ser humano. Existe una cantidad ilimitada de situaciones que nos pueden generar dolor o sufrimiento. Algunos ejemplos de ello pueden ser: Perdida del trabajo, la aparición de una enfermedad, la pérdida de capacidades cognitivas o motrices, conflictos con seres queridos, rupturas emocionales o la muerte de seres queridos. Al igual que ocurre con el dolor físico, el dolor emocional es, en cierta medida funcional y adaptativo, siempre y cuando no nos dejemos arrastrar por...

En la vida existe una calma prodigiosa, marcada por la paciencia y los propios ritmos de la naturaleza. Sin embargo en nuestro día a día no hay demasiado espacio para poder mimetizarnos con ella; de hecho, resulta una tarea imposible el poder detenernos y actuar en resonancia con nuestra propia existencia. El problema nace cuando la inmensa mayoría de las personas se mueven o actúan a ritmos descompasados. La mayoría de nosotros, de hecho, nos movemos en extremos donde todo se tiñe o se magnifica. Tenemos grandes expectativas, grandes sueños sobre quienes somos, quienes seremos, qué éxitos o virtudes desarrollaremos. Cuanto más esperamos, más nos exigimos, más exigimos y por ende, más nos alejamos y más nos frustramos. Los seres humanos estamos programados para superarnos, conseguir logros y superar los diferentes conflictos que nos propone la vida, sin embargo, debido a la necesidad de la inmediatez nos volvemos poco eficaces a la hora de resolver los verdaderos problemas, ya sean estos familiares, relacionales, laborales o personales. De hecho, solemos dejarnos arrastrar por los problemas de tal modo...

Tanto nuestro presente como nuestro pasado, bañan siempre las cosas, sin embargo, el saber sentir e identificar qué es lo que nos sucede en nuestro interior es más bien una actitud, una actitud de vivir, de profundizar, de caer y de cicatrizar. El poder sentir, es un valor intrínseco del ser humano y es que pese a que en la actualidad las personas hayamos sometido la emoción a la razón, estas no tienen porqué estar separadas. Aprender a escuchar a través de las manos, de la piel o de las miradas, es igual de importante que el poder hacerlo a través del lenguaje y es que, cuando aunamos sentimiento y razón, el mensaje que transmitimos al mundo, es el haber encontrado un equilibrio y una conexión con nuestro centro. Es importante que recordemos siempre que los sentidos sienten y que la vida nos demuestra a cada instante que lo que no podemos ver este mundo, es mucho más importante y poderoso que cualquier cosa que podamos ver y que, a pesar de la madurez que hayamos podido alcanzar,...

Todo ser humano está compuesto por multitud de dimensiones (relacional, física, intelectual, laboral, ocupacional ) etcétera. Para poder mantener un equilibrio entre todas y cada una de las dimensiones que existen, es importantísimo que todas sean escuchadas, atendidas y cuidadas con mesura, sin embargo…¿cuántas veces nos paramos a pensar en cómo podemos equilibrarnos y prestar una atención equitativa a cada uno de nuestros estados? A día de hoy, la inmensa mayoría de las personas ponen un gran énfasis en lo físico, en mejorar y albergar el mayor número de logros y éxitos a nivel laboral, así como también mantener unas exquisitas relaciones sociales. Tanta deseabilidad, tanta atención en lo externo, nos aleja de nuestro núcleo, de nuestro centro, centro dónde albergamos sin lugar a dudas la fuerza necesaria para realizarnos y mejorar en el resto de aspectos de nuestra vida. Cuando focalizamos tanta atención, tan desmesurada a ciertas áreas, dejamos de cultivar nuestra personalidad, nuestro valor como personas. Transitar conscientemente entre dimensiones no es nada fácil, para ser honestos, es más bien complicado. Siempre existirán ciertos momentos donde podamos...

El odio, ¡qué emoción más corrosiva! El odio se ha definido como una emoción negativa, profunda e intensa, causada por la creencia o prejuicio de que el otro, el odiado, es un ser detestable y malvado. Se asocia con emociones como el desprecio, el asco o la rabia. El odio puede manifestarse en grados y formas muy diversas. La ignorancia, la mentira, la difamación o el prejuicio, entendido como una opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal (influido por historias, mitos, estereotipos, expectativas, miedos…), puede provocar en ti un determinado patrón de tensión muscular, elevarte el pulso, un sentimiento de estar desbordado por la situación, una fijación por lo odiado y deseos de venganza. Que se me queme la comida, que se acabe la tinta de la impresora a mitad de una impresión urgente, la soberbia de mi amigo, la forma de hablar de mi jefe, el sistema de organización de mi hijo, que coman con la boca abierta, cómo aparca mi vecina, … ¡me pone de los nervios y me...