LA PEREZA

Carla había acordado con su madre que la acompañaría a hacer la compra esta tarde. Pero llegado el momento siente pereza, y prefiere quedarse en casa viendo la televisión. Pedro lleva unos días yendo al gimnasio por la mañana, pero hoy está perezoso, y cree que por un día que se quede en la cama durmiendo un poco más no pasa nada. Susana se está preparando unas oposiciones, pero hoy le da pereza estudiar y se pasa la mañana en las redes sociales.

La pereza es un sentimiento paradójico: es muy común pero poco entendido. Es decir, por un lado lo sentimos muchas personas y con bastante frecuencia, pero por otro lado, generalmente sabemos bastante poco sobre él.

La pereza es un sentimiento que evocamos al anticipar en negativo los costes de alguna acción que tenemos prevista, especialmente cuando los comparamos con los beneficios de no realizar la acción. Los costes anticipados pueden ser la molestia, el tiempo, esfuerzo físico o mental, o la incomodidad que supondrán emprender la acción. Los beneficios de la alternativa suelen ser el entretenimiento, descanso, la comodidad, poder no hacer nada, etc.

La pereza tiene tres características: es miope, resbaladiza, y traicionera.

La pereza es un sentimiento miope. Es el resultado de sopesar costes y beneficios en el futuro más inmediato, perdiendo de vista los costes y beneficios futuros. Cuando Susana compara el esfuerzo de estudiar con el entretenimiento de las redes sociales se está fijando solo en el muy corto plazo. No ha tenido en cuenta los beneficios de aprobar las oposiciones ni los costes de no aprobarlas. Para ser justa, Susana debería haber comparado el esfuerzo de estudiar esta mañana y el beneficio de aprobar las oposiciones, por un lado, con el entretenimiento de las redes sociales y el coste de no aprobar las oposiciones, por otro. Pedro y Carla han hecho algo parecido.

La pereza es un sentimiento resbaladizo. Con mucha facilidad resbalamos de la pereza hacia sentimientos mucho más negativos. La pereza nos lleva a resbalar, a veces casi sin darnos cuenta, primero, al remordimiento. Después seguimos resbalando hacia la culpa, y luego incluso a la tristeza y la insatisfacción. Carla se ha quedado viendo la televisión, pero resulta que no se ha quedado tranquila. Empieza a sentir remordimientos por dejar que su madre vaya sola a comprar. Aunque está cómoda en casa viendo la televisión, se empieza a sentir culpable. Pedro sigue en la cama, pero está insatisfecho: sabe que perder peso es muy importante para él, y que para conseguir su objetivo tendrá que hacer las cosas mucho mejor.

La pereza es un sentimiento traicionero. Casi siempre nos dará pereza hacer algo que nos conviene, algo que sabemos que es bueno para nosotros. Casi nunca nos dará pereza dejar algo para mañana, quedarnos más tiempo en la cama, no hacer nada. La pereza nos paraliza, nos aleja de nuestros objetivos, demora e interfiere con la consecución de nuestros logros. Nunca nos sentiremos orgullosos o satisfechos con nosotros mismos por haber cedido a la pereza. Ceder a la pereza es, en definitiva, una forma de auto-traición. Susana traiciona su objetivo de aprobar las oposiciones, y Pedro traiciona su meta de perder peso.Lo contrario a la pereza es la acción. Contra la pereza solo hay un remedio: ponernos en marcha. No debemos permitirnos crear el hábito de ceder a la pereza. Con cada cesión nos alejamos un paso de nuestros logros. Ante el primer síntoma de pereza, ante el primer comentario o pensamiento que evoque pereza, debemos ponernos en marcha y emprender la acción. Si Carla hubiera salido de casa de compras con su madre habría dejado de sentir pereza. Y también hubieran dejado de sentir pereza Pedro y Susana si hubieran ido al gimnasio y estudiado. Todos estarían más cerca de sus logros, y más satisfechos de sí mismos. Sustituye la pereza por acción.

Frase: “Quien se atreve a malgastar una hora de su tiempo no ha descubierto todavía el valor de la vida” · Charles Darwin

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