Está mal visto cometer un error cuando en realidad es de las mejores herramientas que tenemos de aprender y de cambiar.   Sin ellos y sus consecuencias muchas veces nos quedamos estancados, no arriesgamos, no evolucionamos y por tanto no crecemos.   Cometer errores es sano. Eso sí, a poder ser no siempre los mismos. Para ello con consciencia y reflexión conviene que aprendamos que nos llevó a ello, cómo analizamos la situación en ese momento, que decisiones tomé, cómo me sentí y qué consecuencias obtuve. Y que tuve que hacer para resolverlo o solucionarlo si se pudo o, incluso, si haría algo diferente si me volviera a suceder. Existen resistencias en este proceso de aprendizaje. Una importante que te aleja del crecimiento es la falta de responsabilidad, el echar balones fuera y no analizar la situación desde ti sino desde los otros. Buscar culpables, enfadarte, no aceptar, querer venganza si hay otras personas implicadas, etc. no te va a traer nada bueno. Pregúntate, ¿yo qué?   Por otro lado, victimizarte, lamentarte, quejarte o criticar tampoco te va ayudar, es...

Todas y cada una de las experiencias dolorosas que vivimos a lo largo de nuestra vida tienen un sentido final, por ello, resulta indispensable saber gestionar el dolor para poder marcar la diferencia ante las consecuencias que este nos pueda generar. Estas experiencias están íntimamente ligadas a la oportunidad de aprendizaje, tras cada “mala experiencia” hay un potencial infinito de introspección y escucha que debemos escuchar y validar. El dolor es lo más parecido a sentirnos desnudos, vulnerables, frágiles. La experiencia del dolor se convierte en algo personal, único e intransferible, sin embargo debemos estar preparados, ya que la experiencia del sufrimiento es intrínseca al ser humano. Existe una cantidad ilimitada de situaciones que nos pueden generar dolor o sufrimiento. Algunos ejemplos de ello pueden ser: Perdida del trabajo, la aparición de una enfermedad, la pérdida de capacidades cognitivas o motrices, conflictos con seres queridos, rupturas emocionales o la muerte de seres queridos. Al igual que ocurre con el dolor físico, el dolor emocional es, en cierta medida funcional y adaptativo, siempre y cuando no nos dejemos arrastrar por...

El ser humano está programado para errar, para equivocarse y para rectificar a través del aprendizaje. Hasta aquí parece estar todo correcto, sin embargo, nada más lejos de la realidad, el aprendizaje es nuestra asignatura pendiente. Muchas veces, cuando algo nos molesta, o nos fastidia o nos irrita, experimentamos una sensación de displacer y acto seguido, nuestra mecánica emocional se pone en marcha para gestionar dicho mal estar. Aquí es donde se produce una pequeña interferencia en el aprendizaje de la autogestión emocional. La mayoría de las veces, “creemos creer” gestionar correctamente dicha incomodidad, alejando nuestra atención del problema e ignorando por completo lo que nos dicen nuestras emociones. Esto es errar y perpetuar un mal aprendizaje. Negando lo hechos o las evidencias de que algo que hemos vivido no nos ha ido bien, avivamos el conflicto latente entre el yo, mi conflicto y el otro, relegando de tal modo la sanación a un lugar recóndito de nuestro ser. Callar no es una opción y bien sabemos que es la primera respuesta que adoptamos. Si guardamos silencio ante algo...

No saber perder es montar en cólera cuando pierdes, con reacciones de frustración exageradas. No saber perder es aceptar cualquier medio para el fin de ganar, renunciando a valores como la honestidad, la humildad y la integridad. No saber perder es culpabilizarte demasiado por haber cometido un error y no ser compasivo para perdonarte por tu equivocación y seguir adelante. No saber perder es no arriesgarte por miedo a fracasar, no tomar riesgos por pánico a que las cosas salgan mal. No saber perder es no aceptar que otro pueda ser mejor que tú, estar más preparado que tú o simplemente pueda haber tenido más suerte que tú. No saber perder es sentirte humillado por la derrota, avergonzado y con ganas de desaparecer. No saber perder también es humillar a otros cuando tú ganas y reírte de ellos. Se aprende a perder desde pequeños, con el juego como experiencia para aprender a frustrarse, como primer contacto con la competición y a través de la socialización con otros niños. Jugando, aprendemos a frustrarnos, a desarrollar nuestra disciplina...

Decía Confucio que el hombre que comete un error y no lo corrige, comete un error más grande. Lo peor por tanto no es cometer un error, sino tratar de justificarlo y camuflarlo en vez de aprovecharlo. Ser obstinado y no aceptar lo que se ha hecho, por orgullo y ego. Creer que uno es omnipotente, infalible, que todo lo hace bien. Y lo que hace mal escapa a su control, es obra de otros o dependiente de causas externas de las que no se hace responsable. Es muy fácil y cómodo pensar que lo que uno hace bien depende de sí mismo y lo que hace mal es culpa de otros. No todo error debe calificarse como necedad, negligencia o fracaso. Por supuesto que estos errores son errores que restan, que empequeñecen a quien los comete. Son los errores que hay que evitar. Errores por no hacer lo que uno sabe que tiene que hacer. Errores por creerse más listo que los demás y saltarse las normas. Errores por ser orgulloso y confiarse demasiado en...

Tu crecimiento personal y tu bienestar no siempre se desarrolla en línea recta. En el ser humano son habituales y seguramente necesarios las idas y venidas, los pasos adelante y los pasos atrás. Aprendemos por ensayo y error. Y tan importantes son los aciertos como los fallos. En muy frecuente que cuando estás trabajando un área de tu vida que quieres mejorar, puede ser por ejemplo tu alimentación, la gestión de tus emociones o el control de tus pensamientos. Y llevas un tiempo trabajando duro, siendo cada vez más consciente, aplicando con disciplina lo que has aprendido, viendo los primeros resultados, incluso empezando a sentir esa satisfacción de quién acaricia el éxito. De repente “todo se tuerce” y te das un atracón o comes cosas que sabes te sentarán mal, tus emociones vuelven a desbordarte y ves cómo te acercas peligrosamente a la espiral del sufrimiento o pierdes completamente el control de lo que piensas y comienzas ese discurso destructivo que sabes el daño que te hace. ¿Qué ha pasado? Esa es una excelente pregunta. En realidad solo...