Los impulsos son esas respuestas emocionales inmediatas que nos hacen pasar a la acción de forma automática. Se disparan muy rápidamente y cuando vivimos una experiencia emocionalmente intensa, los sentimientos inundan y contaminan el pensamiento,  empezando a caer por la pendiente de la subjetividad y el descontrol. Todo se tiñe emocionalmente, los afectos condicionan nuestra percepción de la realidad y respondemos conductualmente dependiendo del color emocional del momento. Lo que llamamos emociones son las reacciones físicas a determinadas sustancias bioquímicas que produce nuestro propio organismo. A veces la fuerza emocional es tan fuerte que algunos autores hablan de secuestro emocional. Durante el tiempo que dura este secuestro, el cuerpo se pone en piloto automático, momentáneamente se anula la voluntad y la capacidad de análisis. Estas vivencias emocionales guardan relación con una parte primitiva de nuestro cerebro que nos pone en modo supervivencia. Ante una situación de vida o muerte se activan respuestas automáticas de lucha o huida. Todo se reduce a eso. Y aunque en la actualidad, cultural y tecnológicamente, hemos llegado muy lejos y hemos avanzado a gran velocidad, biológica y evolutivamente seguimos siendo los mismos sapiens de siempre....

Pensamos en el cuerpo como algo cercano pero ajeno a nosotros, de hecho hablamos de algo nuestro, no de algo que seamos. Lo entendemos más como una propiedad que como un signo de identidad. De hecho no decimos “yo soy mi cuerpo”, sino “yo tengo un cuerpo”. Cuando hablamos de atribuciones psicológicas, sí nos identificamos con ellas, por ejemplo decimos “soy inteligente, o soy una persona sensible”. Esta percepción de propiedad sobre el cuerpo, puede llevarnos a pensar que se trata de algo así como un animal doméstico que nos obedece ciegamente, algo que controlamos como el equipo de música o la televisión, mediante el mando a distancia de nuestro pensamiento o nuestra voluntad. Pero no siempre es todo tan sencillo. Hay veces que es el cuerpo el que toma el control de nuestra voluntad, nos arranca de un zarpazo el “mando a distancia” de nuestra mente, nos arrincona y hace que hagamos cosas impensables. Puede ocurrir cuando el miedo nos paraliza y nos impide pensar y reaccionar, porque aunque queramos hacer algo notamos el cuerpo y la...

Un sujeto proactivo según la RAE es aquel que “toma activamente el control y decide qué hacer en cada momento, anticipándose a los acontecimientos”. En términos generales podemos hablar de tres maneras de afrontar las circunstancias a los que todos estamos expuestos: Pasividad: Consiste en no hacer nada frente a los sucesos de nuestro entorno. Son esas personas que ante una perdida emocional, un despido o una enfermedad se bloquean. No reaccionan. Se limitan a esperar que sean los otros, el estado o la suerte quienes resuelvan su situación. Reactividad: Pasan a la acción y hacen cambios solo cuando las circunstancias del entorno se han modificado. Son los que apagan el fuego en el momento que ven las llamas. Intentan arreglar su pareja ante una posible separación o se toman muy en serio las recomendaciones del médico tras el diagnóstico de una enfermedad. Proactividad: Va más allá porque estos se anticipan y emprenden acciones con las que van modificando sus circunstancias y evitan sucesos no deseados o se adaptan más fácilmente. Los proactivos están más preparados para transitar...

La autorregulación es la segunda competencia de la inteligencia emocional. Significa la capacidad de controlar las propias emociones evitando que lo emocional se desborde y contamine otras áreas de la persona. Se trata de impedir que lo que estás pensando llegue filtrado por lo que estás sintiendo. De evitar que los afectos se mezclen con el razonamiento, para que no se produzca una distorsión en el análisis y la observación. Impedir que la atención sea secuestrada por las emociones y solo te fijes en determinadas cosas, produciéndose una pérdida inevitable de objetividad. Este tipo de cosas suceden cuando tienes miedo y cualquier bulto en la penumbra se convierte en una amenaza, o cuando sientes rabia y cualquier comentario te pone a la defensiva, o cuando estás muy alegre y todo te parece bien. Cuando la interferencia emocional es muy fuerte, puedes perder el contacto con la realidad, percibir las cosas de una manera alterada y razonar sin coherencia. El otro aspecto importante del autocontrol emocional es que te ayuda a regular la conducta. Las emociones funcionan como...

¿Prácticas algún deporte? ¿Te planteas hacerlo pero no acabas de comprometerte? ¿No sabes muy bien como retomarlo? El deporte, sea el que sea, jugar a pádel, pedalear, nadar, el yoga o escalar montañas, es una fuente de autoestima. No solamente porque cuides de tu salud o de tu imagen o cambie tu estado de ánimo por eso de la liberación de endorfinas que sí, sino porque el deporte es un reto constante. Volver al gimnasio tras años de abandono y tener que ponerte unas mallas en público, para muchas personas ya es un paso enorme. Afrontar el miedo, la vergüenza y la incertidumbre al salir a lo desconocido, son algunas de las barreras con las que se encuentran las personas que tratan de comenzar una actividad deportiva. Ante esas resistencias la clave está en la insistencia y, en esa insistencia, el crecimiento. Pasa la vergüenza siendo amable contigo mismo, afronta el miedo con valentía y no vuelvas corriendo a tu cueva, exponte y persiste porque pronto, antes de lo que tú te crees, esas mayas y esa sala...

¿Qué tal son tus menstruaciones? Muchas de nosotras sufrimos mensualmente un gran desequilibrio emocional debido al cambio hormonal. El síndrome premenstrual, ese amplio rango de síntomas emocionales o físicos que se presentan de 5 a 10 días antes de que una mujer comience su ciclo menstrual y generalmente desaparecen cuando la menstruación comienza o poco después, es el responsable de ese desequilibrio. O no? Podemos hacer algo? Ser capaces de manejar nuestras emociones ante cualquier situación es clave para consolidar una vida llena de autoestima. Sin entrar mucho en cómo el profundo dolor que muchas mujeres sufren que incluso interfiere en la vida diaria según los grados de intensidad, con síntomas tan molestos como sudores fríos, vómitos, diarrea, dolor de espalda y piernas, espasmos pélvicos...

Nuestro cerebro no es un ordenador que porta componentes nuevos, a la última, que rompe con diseños más antiguos y no porta elementos más antiguos. Nuestro mundo interior está construido por capas, no hubo revoluciones en nuestro desarrollo cerebral sino que hubo evoluciones. Sobre la capa de nuestros instintos, apareció la capa de nuestras emociones. Sobre la capa de nuestras emociones se desarrolló la capa de nuestros sentimientos. Las tres capas siguen ahí, en nuestro cerebro, activándose y actuando unas veces en armonía y otras en completo desorden y caos. En la armonía reside el autocontrol, en el caos reside el descontrol. De la capa más antigua, la instintividad, a la capa más reciente, la racionalidad, pasando por la capa intermedia, la emocionalidad. De lo más antiguo, que responde más rápido pero su análisis es más tosco, a lo más novedoso, que es más lento en su respuesta pero que afina mucho más. De la velocidad de la luz de un instinto a lo pausado de un pensamiento. De la premiosidad de una emoción a la...

Vas conduciendo por la autopista, algo sucede con tu coche y no responde como esperas. Por un momento piensas que no tienes el control y puedes tener un accidente. Es una situación peligrosa. Tal vez choques con otro coche. Una sensación de pánico asciende por tu espalda, aprietas con las manos el volante hasta que los nudillos se quedan blancos, vuelves a pisar el freno, consigues reducir la velocidad y tratas de salir al arcén. Notas el sudor frio, la musculatura tensa, la boca seca y los latidos de tu corazón. Por fin logras detener tu vehículo. Te has asustado mucho. Ahora estás a salvo. Afortunadamente no ha pasado nada. Sales fuera de tu vehículo y aun te tiemblan las piernas. Te preguntas qué ha pasado. No comprendes nada. Respiras hondo. No sabes si reír o llorar. Te has podido matar. Afortunadamente ahora estas bien. Notas la camisa empapada de sudor. Estás en otra de esas discusiones de pareja que sabes que terminarán mal. No quieres discutir. No te gusta. Pero siempre terminas de la misma...

Cuando algo te gusta mucho, te apetece un montón o lo vives casi como una necesidad, puede ser comerte un trozo de chocolate, comprarte algo o estar con una persona concreta. Si no consigues quitártelo de la cabeza y quieres vivir esa experiencia a toda costa, estás sintiendo un fuerte deseo. Eduard Punset en “El alma está en el cerebro” afirma “el deseo nos saca de nosotros mismos, nos desubica, nos dispara y proyecta, nos vuelve excesivos, hace que vivamos en la improvisación, el desorden y el capricho, máximas expresiones de la libertad llevada al paroxismo. El deseo reivindica la vida, el placer, la autorrealización, la libertad”. El deseo nace de las tripas, no del corazón ni por supuesto la cabeza, en todo caso se elabora y se transforma allí más tarde. Por eso va asociado a cierta tensión interna, ansiedad e inquietud, porque se alimenta de la falta, de algo que no tenemos en ese momento, incluso algo que tal vez perdimos hace tanto tiempo que lo hemos olvidado y solo nos queda el vacío que...

Un parásito es un organismo que vive a costa de otro. Puede ser un animal o un vegetal, se nutre del organismo que parasita, debilitándolo aunque, por lo general, sin llegar a producirle la muerte. Etimológicamente la palabra procede el latín “parasitus” y esta a su vez del griego antiguo y significa “comensal”. Podemos tener emociones con las que convivimos que aunque no son realmente nuestras y no responden a las circunstancias que vivimos en ese momento nos acompañan como si nos pertenecieran y se expresan de una manera ilógica y desproporcionada. Se nutren de experiencias vividas en el pasado y de las reacciones que tuvimos entonces, de recuerdos infantiles, de los modelos afectivos que nos acompañaron y sus conductas siendo nosotros pequeños, de los mandatos, las prohibiciones y los permisos que recibimos siendo niños, y de las creencias irracionales y los paradigmas que hemos ido construyendo. En ese sentido nos parasitan y debilitan porque nos dejan atascados en una realidad ajena, subjetiva y atemporal que no guarda relación con nuestro momento presente. Cuando tienes emociones parásitas, es como...