No todas las personas se relacionan con el estrés de la misma manera. Dependiendo de su personalidad, de su forma de percibirse a sí mismas y a los demás, el modo de responder a las tensiones de su vida es distinta. Os presento varias formas de responder al estrés. La denominada personalidad tipo A se refiere a personas competitivas, muy orientadas al éxito, que disfrutan más el resultado que el proceso para llegar a él. Son hiperactivas, enérgicas y agresivas al relacionarse con los demás. Viven instaladas en la urgencia, sobrecargadas de plazos de entrega, tareas a finiquitar y listas que completar. Su falta de empatía hace que se las perciba como hostiles. Se generan a sí mismas y generan a los demás tensión constante por lo que el estrés suele ser su estado emocional más habitual. Su estrés lo confunden con velocidad, eficacia y contundencia. La denominada personalidad tipo B se refiere a personas relajadas y satisfechas de sí mismas porque la aceptación del mundo tal y como es, es una habilidad que tienen muy desarrollada....

En la vida hay problemas, conflictos, derrotas y decepciones. La vida es tan grande, contiene tantas experiencias que sólo los inconscientes, los ingenuos y los ególatras esperan no tener que enfrentarse nunca a situaciones que les superen, paralicen, descontrolen o desorienten. Desarrollar nuestra fortaleza emocional es uno de los ejercicios más necesarios para prepararnos para la vida, para afrontar todo aquello que sin duda viviremos y que requerirá de nosotros una destreza psicológica notable. La fortaleza emocional es, por tanto, la suma de los recursos psicológicos que nos permiten enfrentarnos a las adversidades y a los retos de nuestra vida y salir airosos de ellos. El primer paso para desarrollar nuestra fortaleza emocional es tener una razón para enfrentarnos a las adversidades. Se trata de encontrar en nuestro interior aquellos motivos que justifiquen el esfuerzo de superar el invierno y llegar a la primavera. Es difícil soportar la tempestad sin la esperanza de un día soleado después. Tener un propósito otorga más fortaleza emocional que ser una veleta que cambia con cada golpe de viento. Con...

El estrés es una sensación de tensión física y psicológica que experimentamos cuando existe un desajuste entre las exigencias que nos plantea nuestra vida y los recursos con los que contamos para hacer frente a dichas exigencias. Cuanto mayor sea la diferencia entre las exigencias y nuestros recursos, mayor será el estrés que padecemos. Un exceso de estrés es nocivo para nuestra salud. Genera trastornos y enfermedades como hipertensión, jaquecas, desajustes gastrointestinales o problemas cardiovasculares. Produce alteraciones en nuestro comportamiento, desde disminuir nuestro rendimiento hasta aumentar los riesgos de tomar decisiones equivocadas. Fomenta el abuso de sustancias como el alcohol como remedio peligroso para disminuir la tensión. En el trabajo corremos el riesgo de “quemarnos”, de agotarnos física y psíquicamente, con un gran sentimiento de insatisfacción personal y con una actitud fría y distante hacia compañeros y clientes. Todo esto hace que nos debamos tomar el estrés como algo muy serio. No es un problema de debilidad psicológica o algo que se va a pasar por sí solo con el tiempo. No se va a...

Llega septiembre y los niños retornan a clase, ya sea porque inician su travesía académica, cambian de colegio o vuelven a la escuela del año anterior. Como los adultos que vuelven al trabajo tras las vacaciones hay un proceso de cambio que cuesta afrontar, mezclado de cierta pereza y nostalgia por el descanso. Nada que no se supere poco a poco tras unos días de actividad. Hay otro proceso en algunos niños relacionado con la vuelta al cole que es más problemático y que puede acarrear consecuencias importantes si no se trata a tiempo: es el miedo al colegio. No se trata de un rechazo a ir al colegio, una decisión más o menos consciente del niño de negarse a acudir a la escuela. Es un miedo irracional, exagerado. Una sensación de ansiedad que le supera y que le vence si los adultos no le ayudamos. El miedo le provoca síntomas físicos como sudoración, tensión muscular, dolor de barriga o alteración de sueño o apetito. Síntomas que el pediatra descarta que estén relacionados con una base...

¿Has sentido alguna vez inquietud, estrés, preocupación, impaciencia, intranquilidad, impotencia, angustia o nerviosismo? ¿Sufres ansiedad? La ansiedad es una respuesta normal o adaptativa que guarda relación con el instinto de supervivencia y que prepara al cuerpo para reaccionar ante una situación de emergencia. Se trata de una señal de “alarma del cuerpo” para tratar de adaptarse lo más rápidamente a una nueva situación, a un cambio o a la incertidumbre. Por tanto se trata de una respuesta normal y sana cuando nos prepara de manera proporcional para responder adaptativamente a las circunstancias que te rodean. En cambio, si se da una respuesta desproporcionada e interfiere en tu funcionamiento cotidiano, afecta o te invalida en otras áreas como tu salud, tu trabajo o tus relaciones sociales, con marcados síntomas físicos y psicológicos y se mantiene más allá de los motivos que lo han desencadenado, puede que estemos ante una respuesta patológica. Seguro que conoces algún caso de personas de tu entorno que han acudido al servicio de urgencia refiriendo taquicardias, mareos, dificultad para respirar, nauseas, vómitos, con una aterradora...

Es habitual confundir orgullo, egoísmo y soberbia con autoestima. Sentirse superior a los demás, más listo, más capaz, más comprometido, con más recursos, con más dominio sobre un mundo que en el fondo tiende a ser incontrolable. El orgullo magnifica los éxitos y los atribuye a las propias fortalezas. Asimismo, el orgullo reniega de los fracasos y los achaca a factores externos a la propia persona como la mala suerte o la ineficacia de otros. Es la soberbia de considerarse único padre de las victorias y víctima cruel de las derrotas. De dicha soberbia surge la arrogancia, la testarudez y el exceso de control. Cuando las derrotas se hacen demasiado numerosas o duran demasiado en el tiempo, cuando una mala racha o un problema no resuelto se tornan en algo crónico, la falta de autoestima queda al descubierto y el orgulloso se queda atrapado en su propia trampa. El orgulloso esconde el problema, intenta amordazarlo, quiere dominarlo, repite constantemente aquellos patrones que le dieron éxito en el pasado porque quien tiene un martillo sólo ve clavos....