Carla había acordado con su madre que la acompañaría a hacer la compra esta tarde. Pero llegado el momento siente pereza, y prefiere quedarse en casa viendo la televisión. Pedro lleva unos días yendo al gimnasio por la mañana, pero hoy está perezoso, y cree que por un día que se quede en la cama durmiendo un poco más no pasa nada. Susana se está preparando unas oposiciones, pero hoy le da pereza estudiar y se pasa la mañana en las redes sociales. La pereza es un sentimiento paradójico: es muy común pero poco entendido. Es decir, por un lado lo sentimos muchas personas y con bastante frecuencia, pero por otro lado, generalmente sabemos bastante poco sobre él. La pereza es un sentimiento que evocamos al anticipar en negativo los costes de alguna acción que tenemos prevista, especialmente cuando los comparamos con los beneficios de no realizar la acción. Los costes anticipados pueden ser la molestia, el tiempo, esfuerzo físico o mental, o la incomodidad que supondrán emprender la acción. Los beneficios de la alternativa suelen ser el entretenimiento, descanso, la comodidad, poder no...

El miedo es la emoción señalizadora de un peligro, el marcador interno que te mantiene alerta ante lo que estás viviendo. Pasar miedo es una sensación displacentera en general y el primer impuso es eliminar dicha sensación y recuperar la seguridad perdida. El miedo a vivir es el temor a los problemas, a los conflictos, al rechazo y al fracaso, ingredientes todos ellos de la vida real. El miedo a vivir es el miedo a dañar y a que te dañen, y en el fondo es el miedo a la muerte como telón innegociable e ineludible de la propia vida. Contra la emoción de miedo la sensación de seguridad es un éxito, es el resultado de tu inteligencia al servicio de tu protección y tu comodidad. La búsqueda de tu seguridad es también la responsabilidad para con la propia salud y bienestar. Pero demasiada seguridad es estancamiento, aburrimiento y hartazgo. El exceso de seguridad, la búsqueda de la inmunidad, es la negación de que vivir es ser vulnerable, estar expuesto a elementos fuera de tu control....

Me siento orgullosa de mí misma. Soy una persona especial y maravillosa. Aporto a quienes me rodean mi forma única de ver el mundo, mi sentido del humor peculiar, y mi manera personal de querer y amar. Disfruto de vivir mi vida, desde los pequeños detalles, como el café de la mañana, hasta los grandes proyectos y responsabilidades, como el trabajo o el educar a mis hijos. Enfrento los retos que me plantea la vida con ilusión y optimismo, centrándome en disfrutar del proceso, del trayecto. Doy gracias por todas las cosas maravillosas que forman parte de mi vida. Me alegro de haber vivido todas mis experiencias pasadas, porque constituyen el camino que me ha llevado a crecer y convertirme en la fabulosa persona que soy hoy. Doy la bienvenida a las experiencias futuras que me quedan por vivir, porque son el camino que tengo por delante. Me ilusiona pensar en las nuevas vivencias sorprendentes e inesperadas que me depara el futuro, y que aprovecharé para aprender de mí, para transformarme, para crecer, para madurar emocionalmente, y para ser más auténticamente yo misma. Siempre aprendo algo de las personas que me rodean. Me...

La atención negativa es la victoria del miedo, la búsqueda automática de culpables para digerir sin entender lo que va mal y la sensación de que cualquier error es la antesala del fracaso inevitable. Fijarse habitualmente en lo malo es una señal inequívoca de baja autoestima, de conformismo y fatalismo sobre el propio destino y de parálisis ante los cambios que podrían mejorar tu vida. La atención positiva es la victoria de la consciencia sobre la ignorancia, de la gratitud sobre la rabia y del presente sobre el pasado y el futuro. La atención positiva es pasar del sedentarismo mental al dinamismo, de ser un peón de los propios pensamientos a ser un constructor de los mismos. La atención positiva no es simplemente ser optimista, con la esperanza de que si uno piensa cosas buenas éstas ocurrirán y alejarán lo malo. Eso es superstición, liberándote de la responsabilidad sobre tu vida. Es más bien la búsqueda de un sentido valioso a lo que te va ocurriendo ahora. Es el ejercicio diario de observar lo bueno a...

De todas las relaciones que construimos a lo largo de nuestras vidas, la primera es la que construimos con nosotras y con nosotros mismos. Es la primera en orden cronológico, porque empezó antes que ninguna otra. Es la primera, porque es la más importante. Y es la primera porque de ella son reflejo las demás. Todas la demás relaciones que construyamos a lo largo de nuestras vidas siguen a la que tenemos con nosotras y nosotros. La siguen porque empezaron después, porque son secundarias en importancia, y porque reflejan la primera. Por estos motivos, si no tenemos una buena relación con nosotras y nosotros mismos, no es posible tener relaciones gratificantes con las personas que nos rodean: nuestras parejas, nuestros amigos, nuestras familias, nuestros vecinos, o nuestros compañeros y compañeras de trabajo. Pero tampoco será posible entablar relaciones gratificantes con nuestro entorno: nuestro hogar, nuestras posesiones materiales, nuestro trabajo, nuestra economía, etc. Si la relación que mantenemos con nosotras y nosotros mismos no es buena, tendremos propensión a pasar de un conflicto a otro con los demás, y a sentirnos insatisfechas o insatisfechos con nuestro entorno. Es muy común que pasemos por alto...

La palabra demasiado convierte lo bueno en malo. Demasiado conciliador es convertir una visión adaptativa, armoniosa y tolerante del mundo en una visión acomodadiza, huidiza e indecisa del mismo. Demasiado conciliador es evitar los conflictos y olvidarse de uno mismo, un ataque frontal a la propia autoestima, al deseo legítimo de estar bien. Demasiado conciliador hace a la persona perezosa y lenta para con las propias necesidades, mal líder de sí misma y poco eficaz por perderse en los demás, en sus planes y opiniones. La búsqueda compulsiva del consenso se convierte en un tirano que limita la posibilidad de crecer a través de conflictos e independencia. El exceso de amor y unión con los demás torna en insignificante el sentido personal de la vida para fundirse con otros evitando desagrados e incomodidades. Demasiado conciliador es refrenar la propia rabia, aquellos enfados legítimos y protectores que salvaguardan a la persona de abusos y dependencias. El enfado bien encauzado es una fuente de energía necesaria para afrontar retos importantes y por lo tanto perturbadores. El enfrentamiento provoca incomodidad...

Tomamos muchísimas decisiones en nuestro día a día. De muchas de ellas prácticamente no nos damos cuenta. Tomamos decisiones acerca de pequeñas cosas, decisiones con poca trascendencia, cómo que calcetines ponernos hoy. Y tomamos decisiones acerca de grandes cosas, decisiones con mucha trascendencia, como lanzarnos a invertir en un hogar, o cambiar de trabajo. Ante algunas de estas decisiones podemos sentir una tensión entre dos posibles focos de la decisión. Podemos enfocar la decisión hacia lo que deseamos nosotros, hacia lo que sabemos que es bueno para nosotros, hacia lo que sabemos que nos conviene. O podemos enfocar la decisión hacia lo que esperan los demás de nosotros, hacia lo que creen los demás que deberíamos hacer, hacia la satisfacción de expectativas ajenas. Podemos vivir nuestras vidas orientados hacia lo que esperamos de nosotros mismos, hacia logros de los que sabemos que nos vamos a sentir orgullosos, hacia ser, en definitiva, más auténticos, más realmente nosotros mismos. O podemos vivir nuestras vidas más orientados hacia lo que esperan otras personas de nosotros, hacia metas que nos han marcado otros, orientados, en definitiva, a vivir una vida que jamás terminaremos de sentir como propia. Las relaciones...

No hay atajos para llegar a metas importantes. Sólo los ingenuos, los egocéntricos y los inmaduros pretenden que lo valioso se otorgue como lo leve. El camino para llegar a los objetivos importantes de tu vida es un camino duro y extenso, que requiere de ti una determinación que continuamente se pone a prueba. Tu voluntad es el despliegue de tu potencia emocional, intelectual y conductual para conseguir lo que te propones. Tus emociones, tus pensamientos y tus acciones se conjuran para lograr lo que deseas y si sólo uno de ellos se desalinea del objetivo, éste se pone en riesgo. Hay peligros en el camino que ponen a prueba tu voluntad, dificultades que testan tu compromiso con lo que dices desear y que marcan la diferencia entre anhelar algo que te gustaría conseguir o querer realmente obtenerlo. No es lo mismo que te apetezca a que lo quieras. No es lo mismo que debas hacerlo a que quieras hacerlo. El verbo de la voluntad es el verbo querer. No uses dicho verbo en vano,...

Nuestra inteligencia no es solo una capacidad deliberada y consciente. No es simplemente aplicar una lógica a aquello que queremos resolver. Hay también un tipo de inteligencia que funciona más allá de lo que somos conscientes. Son nuestras intuiciones, aquellas reacciones e “instintos” mentales que nos descubren razones nuevas y valiosas. La inteligencia del inconsciente es aquella que nos ayuda a decidir aún cuando no somos plenamente conscientes de lo que está pasando o sobre qué tenemos que decidir, porque no siempre tenemos el conocimiento y los datos necesarios para tomar una decisión plenamente reflexiva. Decía Einstein que la única cosa realmente valiosa es la intuición. Es una manera de entender nuestra inteligencia que choca con el paradigma de que lo inconsciente, lo emocional, lo instintivo es lo más bajo y oscuro de nuestra vida mental. Como si lo brillante y superior fuese solo el pensamiento racional y reflexivo. La verdad es que ambas inteligencias son necesarias e incluso en muchos momentos se complementan con éxito en la vida real, aquella que es compleja e incierta. Pensar...

Hay niños problemáticos que lo son por inadaptados y desajustados, que se nos muestran conflictivos porque aún no saben ser mejores de lo que son en ese momento. Lo hacen lo mejor que saben pero eso no es suficiente aún. Y demasiadas veces su incapacidad choca con la impaciencia y rigidez de sus educadores. Son niños a contracorriente, que al adulto le parecen retadores y destructores. Son niños que invitan al castigo o peor, a la rendición ante su futuro. Son habituales de la mano dura, cuando nadie ha triunfado gracias a la mano dura sino más bien a pesar de ella. Cuántos niños eligen malos caminos porque no se sienten merecedores de los buenos. A estos niños problemáticos se les educa con las dos manos, una mano firme y otra mano cariñosa. Cuándo usar cada mano es más un arte que una ciencia, y el educador que domina dicho arte vale su peso en oro. Es ese educador que los niños más adelante recordarán como aquel que marcó la diferencia en su vida. Aquel que...