La búsqueda de la seguridad

Más que nunca, hoy, queremos sentirnos seguros y ansiamos la tranquilidad que da sentirnos confiados ante nuestro futuro. Pero, ¿qué es realmente la sensación de seguridad? ¿Es una necesidad, es un deseo o es una utopía? A nivel psicológico, ¿qué es realmente sentirnos seguros? ¿Qué grado de seguridad podemos alcanzar y qué es una quimera?

Tener seguridad no es saber qué va a ocurrir mañana, eso es adivinación. Recurrimos a adivinos y videntes porque nos desespera no saber qué nos espera. Nos angustia tanto lo que pueda pasar que nos conformamos con el sedante embustero de un rumor, un chisme o un bulo y lo preferimos a la ausencia de noticias veraces, que aumenta nuestro desasosiego. Sobre el futuro, la seguridad es la confianza de vernos capaces de afrontar lo que pueda pasar aunque aún no sepamos qué va a pasar. Porque nadie sabe qué va a pasar y la mejor manera de adivinar el futuro es construirlo.

Nadie llegó a la seguridad controlándolo todo, así desgraciadamente llegó a la ira y a la desesperación. Tener seguridad no es dominarlo todo. Tener seguridad es aceptar que la vida no se hizo para ser controlada sino para ser apreciada y exprimida. Se siente más seguro quien practica la aceptación y no el control cuando las cañas se tornan lanzas. Tampoco más normas y leyes significan más seguridad. Decía Napoleón que cuando haya demasiadas leyes, nadie estará seguro de no ser colgado. Un exceso de normas es el reconocimiento tácito pero innegable de que se está inseguro e impotente para recuperar la seguridad. Pocas normas ordenan y protegen, muchas normas desconciertan e inquietan.

Tampoco estamos más seguros en la independencia solitaria y ermitaña. No es seguridad empezar una relación con el freno de mano puesto mientras se piensa que al menos uno no pierde si no va bien, si me retiro antes de que me abandonen, si no me comprometo o si no me entrego. Eso es miedo a sentirse herido y poner la venda antes de la herida. Y es que siente más seguro quien se atreve a formar parte de algo más grande que uno mismo.

Nuestra seguridad no radica en nuestra apariencia, no es nuestra fachada externa sino nuestros cimientos interiores lo que nos hacen sentir seguros. Solo un escaparate que coincide con lo que hay en el interior genera seguridad en nosotros mismos. Si no hay coherencia entre lo de dentro y lo de fuera, estamos viviendo desde un personaje, un artificio que nos abandonará cuando de verdad necesitemos una seguridad real. La seguridad no la otorga el aplauso de los demás sino la aceptación de uno mismo tal y como es, con sus luces y sombras. Tampoco la codicia y la acaparación llevan a la seguridad, pues está más seguro quien siente que puede conseguir lo que necesita cuando lo necesita.

En definitiva, la seguridad emocional es otra muestra de tu sana autoestima. Es otra señal de que sabes quererte y cuidarte, no dimitiendo o delegando tu autoestima cuando te sientes amenazado y te sientes incapaz de afrontar el riesgo. Recuerda esto cuando estés asustado: eres más valiente de lo que imaginas.

ESCÚCHALO AQUÍ:

“La seguridad es más que nada una superstición. La vida es una aventura atrevida o no es nada”

Hellen Keller

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