Últimamente pienso mucho uno de los primeros blogs que escribí sobre una trampa para monos que hacen en algún país creo recordar africano, en el que con una sencilla vasija y un cacahuete son capaces de atraparlos. Así es la mente humana. Se aferra, se engancha, se obsesiona, se queda apegada a una creencia, a una idea, a una limitación y es esclava de ello. La liberación es tan fácil como abrir la mano y dejar ir el cacahuete, pero… ¿quién puede hacer eso tan fácilmente? En el ser capaces de soltar está una de las claves para crecer, para encontrarte, para ser QRE (Quién Realmente Eres), para avanzar, … si no soltamos nos quedamos estancados, limitados, perdidos y tratando de hacer mil y una cosa para salir de ahí cuando a veces la clave está en dejar de hacer, y simplemente ser. Es una decisión consciente. Lo dejo ir. No voy a hacerme más daño con ello, ni a limitarme con ello, ni a angustiarme. Trata de no juzgarlo. Juzgamos el acto de soltar, también el...

Somos seres consumidores, comprar es una actividad más, muy habitual en nuestra vida del día a día. Como en cualquier otra actividad cotidiana que realicemos, podemos distinguir si practicamos el comprar bien o mal. Podemos mejorar en la acción de comprar, analizando si compramos o no en el momento adecuado, si compramos demasiado o demasiado poco o si compramos por deseo, necesidad o capricho del momento. Hay pensamientos y sentimientos, más o menos conscientes, que nos impulsan a la decisión de comprar. Cuando tenemos dinero en el bolsillo, o cuando podemos acceder a él fácilmente endeudándonos, ¿qué pensamos y sentimos? ¿Nos asustamos por miedo a malgastarlo? ¿Nos “quema” en la cartera y hemos de gastarlo pronto? ¿Nos sentimos codiciosos y queremos aún más dinero? ¿Nos entristece dejar de poseerlo si lo gastamos? ¿Pensamos que se ha de gastar en el beneficio de otras personas, que lo necesitan más o que son más merecedoras de su uso que nosotros? Como en el resto de decisiones que tomamos las personas, en la decisión de comprar hay un elemento inconsciente...

A la hora de tomar decisiones, ya sea que sofá comprar, si volver a estudiar o no, en que acciones invertir o si cambiar de trabajo o no, hay una manera infalible para que tras la elección hecha no sientas que quizás no haya sido la mejor elección. Sigmund Freud dijo “cuando tomo una decisión de poca importancia siempre me resulta útil valorar los pros y los contras. Sin embargo, en temas vitales…, la decisión debería surgir del inconsciente, de nuestro interior.” Los psicólogos Ap Dijksterhuis y Zeger van Olden realizaron un experimento sobre la satisfacción en las elecciones mediante un procedimiento de elección de pósteres a partir de tres técnicas de análisis diferentes. La primera elección se tomaba a partir del examen, durante un minuto y medio, de 5 carteles anotando las principales razones por las que le gustaba o disgustaba cada uno de ellos, analizar las ideas escritas y tomar una decisión eligiendo el póster ganador. El segundo grupo de participantes miraba los 5 carteles y elegía el que más le gustara. Y por...

Einstein aseguraba que la fuerza motriz más poderosa que existía en la naturaleza no era la electricidad o la energía atómica, era la voluntad. La voluntad como determinación, la decisión poderosa de conseguir lo que uno quiere. La voluntad puesta en marcha es la sensación íntima de querer realmente algo, no de buscarlo por la apetencia del momento o por un deber o necesidad. Tener la voluntad es querer. El deseo más potente es el que surge de uno mismo, y es que los deseos prestados son menos poderosos. La voluntad que emana de la propia inteligencia, de la propia intuición, de los propios sentimientos, de las propias creencias y de la propia experiencia es la energía más movilizadora. Otros deseos, los deseos de otros, sus metas y objetivos, pueden parecer más razonables, más posibles, más importantes, más urgentes, más ineludibles… pero si habitualmente se hacen propios los deseos de otros, la voluntad se moverá más desde el deber que desde el querer. La decisión que nace de la voluntad, el querer que surge de lo que...

Persistir o renunciar. Es el dilema que se nos plantea cuando el tiempo, esfuerzo o dinero sobrepasa el objetivo inicialmente proyectado. Es lo que sucede cuando los planes no se ajustan a las previsiones, cuando nuestro negocio no produce beneficios durante demasiado tiempo, o cuando a pesar de dedicar horas y atención al estudio no conseguimos superar el aprobado; o incluso cuando, tras años de convivencia con nuestra pareja, nos planteamos si compensa seguir “intentándolo”. Son momentos de angustia e indecisión. Por un lado, pensamos que abandonar justo en ese momento es desperdiciar toda la inversión anterior. A nuestra memoria acude la ilusión con la que iniciamos el proyecto, las ganas y la pasión con que iniciamos nuestros estudios, nuestra empresa o nuestra relación de pareja. Recordamos las horas que hemos dedicado a que todo funcionara bien, el trabajo que nos ha costado lograr lo que tenemos, el dinero que hemos destinado a hacer realidad nuestro sueño. Nos apegamos a ello como si aún lo tuviéramos entre nuestras manos, como si ese tiempo, dinero o trabajo...

Por nuestra condición de seres sociales, más tarde o más temprano nos toparemos con la crítica de los demás. En algún momento habrá alguien que se sienta con el derecho, y hasta con la obligación, de darnos su opinión sobre nuestra conducta, nuestras ideas, o nuestros sentimientos. En principio, una opinión ajena no tiene por qué ser dañina para nosotros o nuestra autoestima. Es más, conocer el punto de vista de otras personas puede aportarnos una nueva visión y enriquecer nuestra forma de ver la vida. Muchas veces esas opiniones son emitidas con un juicio de valor implícito, y con una intención tácita de redirigir nuestro comportamiento. En suma, el problema deriva de considerar esa opinión como un modelo imitable hacia el que hemos de conducir nuestras acciones o nuestros pensamientos. Pero, por muy demoledora que llegue a ser, la crítica no procede de quien la emite, sino de quien la percibe. En realidad, importa poco que la crítica se haga en buenos o malos términos, ya que su capacidad lesiva reside en la falta de...

En una de las escenas más impactantes y aleccionadoras de la película “El club de la lucha”, uno de los protagonistas apunta con un arma a un joven indefenso al que ha expulsado violentamente de la tienda donde trabaja y le grita que va a morir. Lo que en un principio parece ser un acto criminal lleno de hostilidad y violencia gratuitas poco a poco se va transformando en una oportunidad única en la vida del joven dependiente, en una invitación desde un acontecimiento crítico y con sentido que el protagonista ha provocado para que el chico asuma algo que hasta ese momento no hacía: que no es inmortal y que él decide qué hacer con el tiempo que se le ha dado. A qué se quiere dedicar, dónde quiere vivir, a quién quiere amar. “Vas a morir”, le espeta el protagonista. Este hecho innegociable e inesquivable puede ser un generador de temor para el resto de su vida o un motivador que le ayude a vivir de forma más positiva y enriquecedora. Como dice el...