VOLUNTAD Y AUTOESTIMA

Einstein aseguraba que la fuerza motriz más poderosa que existía en la naturaleza no era la electricidad o la energía atómica, era la voluntad. La voluntad como determinación, la decisión poderosa de conseguir lo que uno quiere. La voluntad puesta en marcha es la sensación íntima de querer realmente algo, no de buscarlo por la apetencia del momento o por un deber o necesidad. Tener la voluntad es querer.

El deseo más potente es el que surge de uno mismo, y es que los deseos prestados son menos poderosos. La voluntad que emana de la propia inteligencia, de la propia intuición, de los propios sentimientos, de las propias creencias y de la propia experiencia es la energía más movilizadora. Otros deseos, los deseos de otros, sus metas y objetivos, pueden parecer más razonables, más posibles, más importantes, más urgentes, más ineludibles… pero si habitualmente se hacen propios los deseos de otros, la voluntad se moverá más desde el deber que desde el querer.

La decisión que nace de la voluntad, el querer que surge de lo que en realidad uno desea, sin colorantes ni conservantes, es la decisión que más vértigo genera. Por eso con demasiada frecuencia se tiende a sabotear desde dentro; por eso se boicotea, para que el despliegue de la voluntad, del poder que uno es capaz de generar no produzca la sensación de miedo, incertidumbre, descontrol o egoísmo. Pero la fuerza de la voluntad no se somete desde el control, se libera desde la autoestima. No manda el ego, dirige el amor hacia uno mismo.

Desde la autoestima, la voluntad se inicia con la autoconciencia de quién es uno mismo, y así no caer en la complacencia hacia los demás. Gracias a la conciencia clara y valiente de uno mismo, se puede conseguir el autodominio y el equilibrio emocional. Desde la autoestima, la voluntad se despliega con entusiasmo, el empuje necesario y sano ante las decisiones difíciles. La alegría de hacer las cosas con amor. Desde la autoestima, la voluntad ayuda a centrar y mantener la atención en lo que uno quiere, sin distracciones, prisas ni ocurrencias. La atención mide el cariño real que se tiene a las personas, a las cosas y a las tareas que se realizan. Aquello a lo que uno presta atención es aquello a lo que realmente uno quiere. Desde la atención, aparece la planificación, el orden y la organización, no como ejercicio obsesivo de control sino como resultado natural de interesarse por algo.

La voluntad nace como un deseo a conseguir, crece como una decisión valiente a tomar, se desarrolla como un impulso a la acción y se plasma en un resultado y en un crecimiento personal. La voluntad que brota desde la autoestima es responsabilidad hacia uno mismo, hacia su desarrollo como persona. La voluntad es poder, y todo gran poder conlleva una gran responsabilidad, la de quererse a uno mismo.

FRASE: “A nadie le faltan fuerzas; lo que a muchos les falta es voluntad”. Víctor Hugo

ESCÚCHALO AQUÍ:

No hay comentarios

Deje un comentario