Cuando cambia tu estado emocional, tu mundo también cambia. Si estás “depre” todo se vuelve gris, si sientes alegría, todo se vuelve rosa, si sientes preocupación, todo se vuelve negro. Tu estado emocional puede ser tu tirano o tu aliado, tu motivador o tu debilitador, tu facilitador o tu obstáculo. Cómo te sientes, fisiológica y emocionalmente, influye en cómo piensas. Y lo que piensas, lo que decides, aquella parte de tu mente donde reside tu libertad para elegir, tu imaginación y tus ideas del futuro, están influidos por tu estado emocional. Sin libertad emocional no hay libertad real. Por muy buenas intenciones que tengas, por muchas buenas oportunidades que se te presenten, por mucha gente interesante que conozcas, la ausencia de libertad emocional es un lastre. Y recuerda que libertad es independencia y responsabilidad, no es hacer lo que te da la gana. La libertad emocional no es sentir emociones positivas a cada momento, es saber qué sientes a cada momento y saber cómo gestionar dichos estados emocionales. La libertad emocional empieza por saber calibrarte, reconocer...

El miedo a la muerte es uno de los temores más profundamente grabados en nuestro psiquismo y nuestra biología. Se trata de un terror primitivo, antiguo y oscuro que se pierde en la noche de los tiempos. Algo impreso en nuestro inconsciente colectivo y que nos afecta tanto si se trata de nuestra propia muerte como de la muerte de los otros. Para Erich Fromm, el miedo a la muerte junto con el miedo a la locura, son los dos miedos básicos sobre los que se estructuran el resto de temores, angustias, ansiedades y fobias. La muerte es el final real, innegociable y sin retorno. Pero sobretodo es real, no es una fantasía, ni un deseo, ni algo imaginario. Y es precisamente este contenido real lo que a unos les resulta tan perturbador e inquietante y a otros tan liberador. Tanto cuando se trata de la propia muerte, que podremos vivir como el cierre definitivo de todo aquello en lo que estábamos presentes, como cuando se trata de la muerte es de otras personas cercanas que...

La angustia vivida como un angostamiento, una estrechez perturbadora. El angustiado como oprimido, apretado en el cráneo, en las costillas y en el estómago. Éste es el origen etimológico de la palabra angustia. Una sensación de estrechamiento físico, ahogo pulmonar, inestabilidad psíquica y hasta temblores y escalofríos en todo el cuerpo. Por sufrirla con mucha intensidad y de forma continua, hasta puede llegar la sensación de perder el control y volverse uno loco. La angustia en una de las peores sensaciones que puede llegar a sentir un ser humano y, paradójicamente, una de las patologías más desatendidas por la medicina actual, que se afana en recetar psicofármacos para enmascarar los síntomas sin solucionar las causas. Tratar la angustia sólo con ansiolíticos y antidepresivos es como calmar la sed sólo con refrescos de cola: solución de emergencia a corto plazo que se convierte en sí mismo en otro problema a largo plazo. La angustia es una sensación “flotante”, a la espera de unirse a algo que justifique su existencia. Se puede estar angustiado por todo y por...

En una de las escenas más impactantes y aleccionadoras de la película “El club de la lucha”, uno de los protagonistas apunta con un arma a un joven indefenso al que ha expulsado violentamente de la tienda donde trabaja y le grita que va a morir. Lo que en un principio parece ser un acto criminal lleno de hostilidad y violencia gratuitas poco a poco se va transformando en una oportunidad única en la vida del joven dependiente, en una invitación desde un acontecimiento crítico y con sentido que el protagonista ha provocado para que el chico asuma algo que hasta ese momento no hacía: que no es inmortal y que él decide qué hacer con el tiempo que se le ha dado. A qué se quiere dedicar, dónde quiere vivir, a quién quiere amar. “Vas a morir”, le espeta el protagonista. Este hecho innegociable e inesquivable puede ser un generador de temor para el resto de su vida o un motivador que le ayude a vivir de forma más positiva y enriquecedora. Como dice el...

Puede resultarte sencillo otorgar el derecho a ser libres a personas que están lejos de ti. Lo otorgas cuando opinas sobre otros, tomando un café, cuando te interesas por un conflicto convertido en noticia o cuando enjuicias ideas y creencias. Te indignas si consideras que se coarta ese derecho, participas en manifestaciones, votas desde tus convicciones o donas dinero a las causas que consideras justas. Luchas por la libertad de otros y es bueno que lo hagas. Es más difícil que otorgues el derecho a ser libre a quien tienes muy cerca. Cuando ese derecho ejercido en la práctica en tu ámbito vital genera un conflicto importante en ti. Cuando ser tolerante con la libertad de los demás llega a tener un alto precio o se convierte puntualmente en un obstáculo a tus planes o creencias. ¿Tiene tu pareja derecho a separarse de ti?, ¿tiene tu jefe derecho a despedirte?, ¿tienen tus hijos adolescentes derecho a tener relaciones sexuales?, ¿tienen tus empleados derecho a hacer huelga? San Agustín decía que nadie puede ser perfectamente libre hasta...

La palabra que mejor definía a qué se dedicaba emergía de un compendio de otras: consejero, sabio, analista, maestro, experto,… Fuese cual fuese esa palabra que definía su profesión, el proceso era siempre el mismo. Le llamaban cuando un problema no se solucionaba, cuando se había pasado demasiado tiempo atascados en un obstáculo, cuando sucedía una crisis inesperada o cuando un conflicto estaba a punto de estallar. El proceso tenía una parte de método y una parte de arte. En primer lugar escuchar sin prejuicios, como si fuese la primera vez que escuchase un caso así. Un caso único porque en realidad lo era. Escuchar lo que decían y lo que no decían. Dedicar mucho tiempo a preguntarles, conocerles, entender su recorrido como grupo y adónde querían llegar. Después, comprender qué estaba ocurriendo, no buscando una etiqueta brillante sino percatarse de los pensamientos, sentimientos y procesos que les hacían ser lo que eran y les impedían ser lo que querían ser. Por último, devolver lo comprendido en forma de información honesta, relevante y afectuosa. La...