AFRONTAR LA VERDAD

La palabra que mejor definía a qué se dedicaba emergía de un compendio de otras: consejero, sabio, analista, maestro, experto,… Fuese cual fuese esa palabra que definía su profesión, el proceso era siempre el mismo. Le llamaban cuando un problema no se solucionaba, cuando se había pasado demasiado tiempo atascados en un obstáculo, cuando sucedía una crisis inesperada o cuando un conflicto estaba a punto de estallar. El proceso tenía una parte de método y una parte de arte. En primer lugar escuchar sin prejuicios, como si fuese la primera vez que escuchase un caso así. Un caso único porque en realidad lo era. Escuchar lo que decían y lo que no decían. Dedicar mucho tiempo a preguntarles, conocerles, entender su recorrido como grupo y adónde querían llegar. Después, comprender qué estaba ocurriendo, no buscando una etiqueta brillante sino percatarse de los pensamientos, sentimientos y procesos que les hacían ser lo que eran y les impedían ser lo que querían ser. Por último, devolver lo comprendido en forma de información honesta, relevante y afectuosa. La sesión de hoy se dedicaba a este paso final. Era un momento apasionante, era la confluencia en este punto temporal concreto del pasado, el presente y el futuro del grupo.

Ocupó su sitio en la reunión como en las últimas semanas y se dirigió a ellos. Les habló como si fuesen uno y a la vez les habló como si lo hiciese de uno en uno. Les agradeció la confianza depositada en él y la apertura que habían mostrado al compartir con quien al principio era un extraño todo lo que les estaba ocurriendo. Les reconoció el cariño que habían depositado en la tarea durante esas semanas tan intensas. Sabía que algunos no habían confiado en él pero no se lo tomó como algo personal sino como una señal más de lo que realmente estaba ocurriendo. Las resistencias y los sabotajes fueron un dato más para llegar a lo evidente. Cuanto más se resisten, más iluminan la verdad.

Les dijo la verdad. Tal y como es: desnuda, neutra, armónica. Les recordó que la verdad no tiene temperatura emocional, que somos nosotros quienes ponemos frío o calor a lo que de verdad ocurre. Y su sensor emocional empezó a detectar emociones ante la verdad.

Alguien se asustó. Se removía en la silla y bajaba la mirada. La verdad implicaba salir del espacio de seguridad y pasar por una época de gran incertidumbre. Tenía miedo. Él le recordó que ya había sido capaz de superar situaciones parecidas y que confiara en su capacidad para resolver la situación. La verdad le estaba reclamando confianza.

Alguien se enfadó. Apretó los puños y frunció el ceño. Sus hombros se levantaron como si se dispusiera a atacar. Sintió su orgullo herido. Arremetió contra él por considerarse agredido. Él le respondió que la verdad hace más daño cuando se le da la espalda que cuando se encara. Si se sentía agredido era porque se sentía amenazado y no iba a superar nunca dicha amenaza desde la negación. La verdad le estaba reclamando humildad.

Alguien se entristeció. Se empezó a encerrar en sí mismo y a desanimar. Lloraba sin que cayesen lágrimas. Interiorizó lo que estaban a punto de perder al encarar la verdad y empezó a sentir nostalgia de tiempos pasados. Quería volver atrás, a momentos idealizados. Él le recordó que para que entre lo nuevo hay que dejarle espacio. La verdad le estaba reclamando aprender a cerrar bien episodios antiguos.

Alguien se alegró Suspiró aliviado. Por fin. Ya no había que disimular. Él le agradeció su sinceridad y le recordó lo que alguien dijo hace ya mucho que la verdad no hace tanto bien como el daño que hacen las apariencias. Sin verdad no habría cambio real. La verdad le estaba reclamando pasar a la acción.

Ahora estaba en sus manos aprovechar la verdad. Convertir una emoción fría, tóxica, amenazante en un sentimiento cálido, sanador y esperanzador. La verdad no se iba a mover ni un milímetro. La verdad no es negociable. La pregunta que les hacía al terminar era siempre la misma: “Ahora que sabéis la verdad, ¿qué vais a hacer? Y deseaba que la respuesta surgiera desde su autoestima. Pero era la elección del grupo, no la suya.

FRASE: “Solo la verdad os hará libres.”· San Juan

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