La palabra que mejor definía a qué se dedicaba emergía de un compendio de otras: consejero, sabio, analista, maestro, experto,… Fuese cual fuese esa palabra que definía su profesión, el proceso era siempre el mismo. Le llamaban cuando un problema no se solucionaba, cuando se había pasado demasiado tiempo atascados en un obstáculo, cuando sucedía una crisis inesperada o cuando un conflicto estaba a punto de estallar. El proceso tenía una parte de método y...