No es soñar como dormir, es soñar como vislumbrar, imaginar y fantasear. Soñar de verdad es apuntar muy alto con nuestra imaginación. Tan alto, que puede parecernos imposible. Somos capaces de matar nuestros sueños con cuchillos como la falta de tiempo, la falta de recursos, la falta de fuerzas o la falta de ayuda. Si no nos ilusiona, si no nos enciende, si no nos hace volar, entonces no es un sueño. Y la posibilidad de materializar ese sueño, es una de las cosas que hace nuestra vida apasionante. La huella de un sueño no es menos real que la de una pisada. A veces el sueño puede ser más real que la realidad misma, instalándose en nuestra mente de forma obstinada. Muchas veces lo más real, lo más material, se olvida y se relega. Nuestros sueños en cambio se escogen y se evocan. Nuestros sueños están hechos del primer material necesario para construir nuestro futuro: una idea. Flaubert llamaba a los sueños las sirenas del alma, que nos llamaban cantando y nunca más retornábamos. Los sueños...

Entendemos la autoestima como la relación que mantienes contigo mismo. Al igual que si se tratara de la relación con cualquier otra persona, si te hablas bien, te dedicas tiempo, eres cariñoso y amable, te procuras lo mejor, te cuidas, te quieres, te das valor, etc. mantendrás una interacción sana. Tener una sana relación con uno mismo siempre se traduce en felicidad. Cultiva en ella la integridad. Tener integridad implica ser honesto contigo mismo y no engañarte ante una situación. El autoengaño está en la base de muchas de nuestras peores decisiones. Si no somos capaces de valorar la realidad que nos rodea de una manera objetiva es difícil que actuemos en consecuencia y que nuestra respuesta sea adecuada a esa situación. Querer creer que el chico que acabamos de conocer es de fiar y decidir prestarle el dinero que tanto necesita cuando hay señales, que nos negamos a ver, de que quizás nos estafe podría ser un ejemplo de esa ceguera. La mayoría de nuestros problemas están ocasionados porque nos engañamos a nosotros mismos. De hecho, cuando...

Tu atención es la puerta de tu conciencia. Para ser consciente de algo antes has necesitado enfocarlo con tu atención. La atención es como un foco de luz que ilumina lo que vives y te hace consciente de tu experiencia externa e interna. Puedes vivir la misma experiencia a ciegas, sin poner atención en lo que te sucede, pero es vivirla de forma inconsciente y será como si no hubiera existido. Eso te pasa cuando te despiertas y no recuerdas lo que has soñado o cuando conduces con la cabeza llena de pensamientos y luego eres incapaz de recordar el trayecto. Cuando enfocas la luz de tu atención sobre tu realidad modificas tu percepción y por lo tanto cambias tu experiencia. Puedes hacer la prueba en este mismo momento. Para conseguirlo es necesario que te coloques en lo que los expertos llaman el papel del “observador”. Recuerda que el observador, ni juzga, ni valora, solo presta atención y está presente. Empieza por ser consciente de tu atención y date cuenta de tu postura corporal, simplemente se consciente de...

Si por tendencia eres capaz de saber lo que la otra persona está pensando, si te das cuenta del porqué de los comportamientos de la gente que te rodea, si con audacia descubres los entresijos de las mentes ajenas, este blog será de tu interés. Acaban de entrar, en el mismo café en el que relajadamente tomas un té, un padre con sus tres revoltosos hijos armando un buen revuelo y rompiendo la tan preciada calma que habías logrado reunir. Cada minuto que pasa, los niños se comportan peor y peor ante la mirada perdida del padre y una manifiesta indiferencia. Se levantan de su mesa, revolotean por el café dando golpes en el mobiliario, gritando y armando escándalo,… mientras el padre de los menores allí sigue, impasible. Indignado por la escena piensas en la irresponsabilidad del hombre, en la falta de disciplina de los niños, criticas y juzgas la escena duramente de manera justa ya que solo hay que verla para darte cuenta de lo que allí está ocurriendo, un padre que pasa de sus...

¿Te has preguntado alguna vez cuántas vidas mantienes a la vez? En épocas en nuestra vida, a horas, en momentos o instantes, nos convertimos en otras personas distintas a quién realmente somos. Nos disfrazamos, haciendo uso de los personajes que conforman nuestra identidad, y actuamos como si de una obra de teatro se tratara para un público real o, incluso a veces imaginario. Socialmente es algo aceptado y también valorado como una buena habilidad. El problema viene cuando no tenemos consciencia de que estamos usando un personaje o si es el personaje el que nos maneja a nosotros. Existen personas capaces de mantener esos disfraces tanto tiempo puesto que no son capaces de diferenciar quienes son en realidad llegando a confundir la ropa que se ponen con la verdadera piel. Mentir, ocultar, transformar la realidad, negarla,… genera un fantasía lejana de la realidad por un lado atractiva, ya que en ella te permites cosas que quizás en tu día a día no, pero muy dañina y peligrosa corriendo el riesgo de apreciar más esa vida que creas que la...

Cómo percibimos y valoramos nuestro día a día, nuestra vida, lo que nos pasa o lo que no nos pasa, lo que tenemos o lo que nos falta, el tiempo que hace, el trabajo que tenemos para hoy, las palabras de mi pareja, etc. es lo que crea la realidad. La realidad en si es neutra, no es ni buena ni mala, no tiene color. ¿De qué color pintas tu vida? Trabajos duros, pinchar una rueda, situaciones de pobreza o de enfermedad, duelos o separaciones,… ¿y éstas y otras qué? ¿También son neutras? Pues por extraño que nos suene sí, lo son. He oído a personas decir que la depresión que han padecido es lo mejor que les ha pasado en la vida ya que gracias a ella fueron capaces de cambiar su día a día; disfrutar enormemente y trabajar con pasión en profesiones que muchos consideraríamos abrumadoras; hablar con confianza ciega sobre cómo lo que ahora viven, sin duda es por alguna razón y aunque aún no la comprendan saben que es para su bien,…...

Algunos autores cuando hablan de emociones hacen dos categorías y las dividen en positivas y negativas. Las positivas son aquellas que te ayudan a sentirte bien y las negativas son las que por una razón un otra hacen que te sientas mal. En la primera categoría están la alegría, la serenidad o el amor. En la segunda el miedo, la rabia y la tristeza. Y cuando emocionalmente llevamos las cosas al límite, parece que al final solo existe el amor y su ausencia que para algunos es el miedo. La energía de amor es lo que sientes cuando amas algo o a alguien, a tu hijo, tu pareja, un proyecto, una idea, un perro, un lugar… Te hace sentir vivo, con ilusión, te devuelve el valor para emprender lo que haga falta, para sacar fuerzas y recursos y llegar hasta el final. La energía del amor es lo que sientes también cuando tienes tu autoestima alta y te parece que la vida es tal como tiene que ser, eres consciente de tu propio poder, sientes la conexión...

Vives en una realidad simbólica. Y lo que es real e innombrable lo hemos transformado en una realidad conceptual y abstracta porque codificamos e interpretamos lo que vivimos a través de un lenguaje simbólico. Y así las cosas han dejado de ser lo que verdaderamente son para transformarse en lo que decimos de ellas. Los símbolos son representaciones acordadas socialmente sobre algo. Una bandera identifica a un país y es el símbolo de una cultura. El dinero simboliza el valor económico de las cosas. La cruz simboliza el cristianismo y los cristianos se identifican con ella. Pero la bandera solo es una tela y no el país, el dinero solo papel y no un valor real de las cosas, la cruz solo madera y no una religión. Pero estamos tan inmersos en esa realidad simbólica que confundimos con lo real lo que solo son significados simbólicos, y nos identificamos tanto con ellos y los sentimos tan nuestros, ya se trate de la bandera, el dinero o la cruz por podemos llegar a matar o morir por ellos....