LA DOBLE VIDA

¿Te has preguntado alguna vez cuántas vidas mantienes a la vez?

En épocas en nuestra vida, a horas, en momentos o instantes, nos convertimos en otras personas distintas a quién realmente somos. Nos disfrazamos, haciendo uso de los personajes que conforman nuestra identidad, y actuamos como si de una obra de teatro se tratara para un público real o, incluso a veces imaginario.

Socialmente es algo aceptado y también valorado como una buena habilidad. El problema viene cuando no tenemos consciencia de que estamos usando un personaje o si es el personaje el que nos maneja a nosotros.

Existen personas capaces de mantener esos disfraces tanto tiempo puesto que no son capaces de diferenciar quienes son en realidad llegando a confundir la ropa que se ponen con la verdadera piel.

Mentir, ocultar, transformar la realidad, negarla,… genera un fantasía lejana de la realidad por un lado atractiva, ya que en ella te permites cosas que quizás en tu día a día no, pero muy dañina y peligrosa corriendo el riesgo de apreciar más esa vida que creas que la que realmente tienes.

Reconocer y Aceptar tu vida real en vez de engañarte es la opción más sana y eficaz de alcanzar aquello que deseas.

Engaños los hay a muchos niveles. Dobles vidas matrimoniales llegando a tener familias simultáneas que desconocen la existencia la una de la otra es un ejemplo extremo pero real. Pero hay engaños más cotidianos que nos llevan a la fantasía de otra vida mejor.

En vez de engañarte, ves a por ella.

Infidelidades ante relaciones fracasadas, relaciones improductivas que mantenemos a pesar de no soportarlas, comidas familiares y navideñas por compromisos autoimpuestos, sonrisas que ocultan un gran dolor, transformaciones de la realidad que te engrandecen cuando en realidad mentir con ello te lleva a la soberbia, la vanidad y en el fondo el desmerecimiento, hablar cuando queremos estar en silencio, decepcionarte con tu peluquero porque no has sido capaz de sincerarte a tiempo y entonces ya…

Pequeños y grandes engaños que nos alejan de quién realmente somos impidiéndonos con autoestima mostrarnos sin miedo.

Abandonar la mentira y reconocer tu realidad duele. El niño o el adolescente que una vez fuimos y llevamos dentro se revela ante lo que quiere y además ya. No quiere trabajar, esperar y luchar por construir, lo quiere ya. Es “más fácil” seguir engañando a tu pareja que dejar la relación o transformarla con sinceridad y valor. Parece que nos cuesta menos seguir la tradición familiar que nos mantiene en la aprobación y el sentimiento de pertenencia que hacer las maletas e irte a Roma.

Pero en realidad, la doble vida es durísima de mantener. Estar cerca de ti, de quién realmente tu eres es el origen, es lo sencillo, es lo natural. Autoengañarnos, mostrar, prestar más atención a lo de fuera que a lo de dentro, querer gustar, mentir y fantasear con tu vida es un aprendizaje, una construcción que nos aleja de nosotros mismos.

¿Quién eres? ¿Qué te conviene? ¿Qué harías si no tuvieras miedo?

Son algunas de las preguntas que te acercan a ti.

Sincerarte contigo mismo requiere consciencia, disposición y enormes dosis de valentía primero contigo y después con los demás. Reconocer tu infidelidad, dejar de quedar con esa amiga, cambiar o hablar con tu peluquero, innovar en la manera que tienes de celebrar la navidad,… te acercan a esa única vida posible en la que tú te sitúas en el centro de tu vida, coges las riendas y te ocupas de crear la realidad que te mereces.

Frase: «El engaño es una elección, no un error». Paulo Coelho

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