Decía Mark Twain que quien dice la verdad no tiene que acordarse de nada. Porque la verdad existe tal cual, sólo inventamos la mentira usando nuestra imaginación para crear algo que no es real. Y cuantas más mentiras creamos, más irreal es nuestra vida. Lo que se apoya en una mentira, por muy importante que sea para nosotros, puede caer ante el más ligero soplo. Las relaciones, las empresas, las amistades,… muchas veces caen porque...

¿Te has preguntado alguna vez cuántas vidas mantienes a la vez? En épocas en nuestra vida, a horas, en momentos o instantes, nos convertimos en otras personas distintas a quién realmente somos. Nos disfrazamos, haciendo uso de los personajes que conforman nuestra identidad, y actuamos como si de una obra de teatro se tratara para un público real o, incluso a veces imaginario. Socialmente es algo aceptado y también valorado como una buena habilidad. El problema viene...

¿Por qué te mienten?, ¿por qué otras personas, pareja, hijos, familiares, amigos, compañeros, socios, jefes, políticos,… te esconden la verdad?, ¿por qué se arriesgan a defraudarte, enfadarte, perderte o a herirte? ¿Por qué te mienten si en el fondo saben que con una mentira puede irse lejos pero sin esperanzas de volver? Pueden mentirte porque en el fondo tú eres un medio para conseguir sus fines. Te necesitan para lograr lo que quieren y te usan...

Mentimos porque queremos evitar consecuencias negativas. Sabiendo que hemos actuado mal, preferimos evitar castigos, sanciones o simplemente dar la cara. Aunque interiormente reconocemos nuestra responsabilidad, nos avergüenza que se sepa. También nos resulta cómodo no airear los trapos sucios. Nos autoengañamos pensando que será la última vez, que es una mentira piadosa y que tampoco es para tanto. Pero las consecuencias de nuestros actos, sean consecuencias positivas o negativas, tienen una finalidad importante: sirven para...