Nuestro cerebro no es un ordenador que porta componentes nuevos, a la última, que rompe con diseños más antiguos y no porta elementos más antiguos. Nuestro mundo interior está construido por capas, no hubo revoluciones en nuestro desarrollo cerebral sino que hubo evoluciones. Sobre la capa de nuestros instintos, apareció la capa de nuestras emociones. Sobre la capa de nuestras emociones se desarrolló la capa de nuestros sentimientos. Las tres capas siguen ahí, en nuestro cerebro, activándose y actuando unas veces en armonía y otras en completo desorden y caos. En la armonía reside el autocontrol, en el caos reside el descontrol. De la capa más antigua, la instintividad, a la capa más reciente, la racionalidad, pasando por la capa intermedia, la emocionalidad. De lo más antiguo, que responde más rápido pero su análisis es más tosco, a lo más novedoso, que es más lento en su respuesta pero que afina mucho más. De la velocidad de la luz de un instinto a lo pausado de un pensamiento. De la premiosidad de una emoción a la...

El cambio es algo natural y continuo. Permanentemente estamos cambiando. A la hora de hacer esos cambios podemos afrontarlos desde diferentes perspectivas. Podemos cambiar de look, cambiar de coche, de ciudad, dejar la pareja, cambiar de trabajo o de profesión, podemos acoger un perro, tener un hijo, casarnos, pintar el salón, dejar de fumar, hacer dieta. Hay quién trata de cambiar lo que hace en su vida sin modificar en absoluto lo que piensa sobre esa conducta. Personas que dejan de fumar y siguen pensándolo desde la pérdida años después, que piensan que les gustaría seguir fumando, etc. O quién trata de cambiar el entorno para lograr el cambio que necesitan hacer en ellos mismos. Esperaré a que pasen las fiestas de Navidad para dejar de fumar o ya lo haré cuando no tenga tanto trabajo… E incluso esperan a que otras personas sean las que cambien para ellas hacerlo. Nada de esto va a funcionar. Para que el cambio sea real, profundo, sincero debe ser coherente. Debe alinear lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Si...

El GPS es un sistema de orientación que funciona indicándote lo lejos o cerca que estás del lugar al que quieres ir. También te sugiere una o varias rutas a seguir para llegar a tu destino. Y por supuesto te hace saber si vas bien o vas mal. Es un invento fantástico y una ayuda inestimable para poder a llegar a donde has decidido ir. Cuando sigues sus precisas e insistente instrucciones sientes la seguridad de que llegarás y de que estás en buen camino. El GPS además tiene la ventaja de que no se enfada contigo si no atiendes sus propuestas. Puede ser muy insistente, pero jamás deja de hablarte si no le haces caso, o te da mal la dirección en señal de venganza. Si no le obedeces modificará amablemente las indicaciones de la ruta para ayudarte a llegar a tu destino de igual manera. Esther y Jerry Hicks aseguran que tú has nacido con un GPS emocional, que de una forma natural te va marcando la dirección a seguir en tu vida. Tu GPS,...

Con frecuencia nos vemos arrollados por una inercia emocional que nos saca del equilibrio. Sufrimos ataques de rabia, crisis de decepción, episodios de una fuerte ansiedad, … en definitiva un gran malestar concentrado en un corto espacio de tiempo para luego volver a la llamada normalidad. ¿Un mal día? ¿se da por culpa de otros? ¿quizás tu jefe te ha sacado de tus casillas? ¿es tu marido que tiene hoy ganas de guerra?...

¿Has sentido alguna vez inquietud, estrés, preocupación, impaciencia, intranquilidad, impotencia, angustia o nerviosismo? ¿Sufres ansiedad? La ansiedad es una respuesta normal o adaptativa que guarda relación con el instinto de supervivencia y que prepara al cuerpo para reaccionar ante una situación de emergencia. Se trata de una señal de “alarma del cuerpo” para tratar de adaptarse lo más rápidamente a una nueva situación, a un cambio o a la incertidumbre. Por tanto se trata de una respuesta normal y sana cuando nos prepara de manera proporcional para responder adaptativamente a las circunstancias que te rodean. En cambio, si se da una respuesta desproporcionada e interfiere en tu funcionamiento cotidiano, afecta o te invalida en otras áreas como tu salud, tu trabajo o tus relaciones sociales, con marcados síntomas físicos y psicológicos y se mantiene más allá de los motivos que lo han desencadenado, puede que estemos ante una respuesta patológica. Seguro que conoces algún caso de personas de tu entorno que han acudido al servicio de urgencia refiriendo taquicardias, mareos, dificultad para respirar, nauseas, vómitos, con una aterradora...

Las emociones no son más que sustancias químicas que empapan las células de nuestro cerebro acostumbrándose a recibir esa dosis y pidiendo cada vez un poquito más. Todas las adicciones son emocionales. El enganche se produce a la emoción que esa persona, esa actividad o esa sustancia nos produce. Por ejemplo, podemos usar a personas cercanas, a nuestros hijos adolescentes, para sentir decepción, culpa o rabia de manera continuada produciendo una habituación cerebral a esas emociones convirtiéndonos en adictos a ellas. Sí, estoy diciendo justo lo que parece. No somos víctimas de las malas formas de mi hijo adolescente, de las faltas de respeto continuadas o humillaciones, no reaccionamos de manera irremediable ante tanta dejadez, etc. Somos víctimas de nosotros mismos y en nosotros está la solución. El uso de sustancias tóxicas (alcohol, fármacos, cannabis, tabaco,…) o actividades (comprar, limpiar, hacer deporte, jugar al póker,…) como medio para sentir una emoción a la que somos adictos es bastante más conocido que el uso de personas, pero es tan usado o más que cualquiera de las otras dos...

Tu salud está muy relacionada con lo qué piensas y lo qué sientes. Y lo qué piensas y sientes te lleva a tomar unas decisiones u otras y con ellas a actuar de determinada manera, con lo que te creas una experiencia que refuerza lo que piensas y sientes. Y cuando esa experiencia se repite de forma sostenida en el tiempo se modifican tus hábitos y tus hábitos terminan modificando tu biología. Puedes hacer esta meditación tras una sencilla relajación, después de haber tranquilizado tu respiración, tu mente y tu cuerpo. Si la tienes grabada puedes escucharla con los ojos cerrados tratando de concentrarte en sentirla y repitiéndola varias veces al día. Sé consciente de como tú eres quien construye tu realidad. Tú eres el arquitecto de tu destino. Y construyes tu experiencia diaria con tus pensamientos, emociones y conductas. Por eso a partir de este momento, elijes con cuidado cada palabra que piensas y dices, te tratas de una forma amable y cariñosa, te responsabilizas de todo lo que sientes y actúas en consecuencia de una...

Las emociones juegan un papel potenciador en nuestro aprendizaje. Sin entrar en grandes detalles neurobiológicos, cuando ocurre algo que nos provoca una emoción, nuestro cerebro lo recuerda de forma más intensa, más vívida y durante más tiempo. El torrente de cambios neurofisiológicos que se producen al emocionarnos genera un recuerdo potente, una huella permanente que facilitará su registro y posterior evocación. En general, es un buen “truco” que la naturaleza nos ha otorgado para que tengamos una memoria más extensa, precisa y afinada. Así, recordaremos durante mucho tiempo aquellos sucesos que nos emocionaron de una u otra manera. Unos recuerdos se fijaron con amor, otros con enfado, con alegría o con miedo. Las emociones fueron el fruto de una atención más focalizada, de una concentración mayor hacia lo que estábamos viviendo. El triángulo atención-emoción-memoria formó el mejor cemento posible para construir el recuerdo. No obstante, no todo son ventajas en el papel de lo emocional sobre nuestra memoria. Cuando sufrimos un accidente de tráfico, cuando nos atacan y sentimos que nuestra vida está en riesgo o...