Sí pero no

La coherencia es la clave para mejorar tu seguridad personal y tu credibilidad, y sobretodo es uno de los indicadores de una autoestima saludable. Cuando eres coherente tu vida cobra significado y sentido. Vives de acuerdo contigo y todo lo que haces es por algo y para algo.

Sin coherencia todo es superficial, cambiante, aparente y falso.

Ser coherente significa que lo que piensas es exactamente lo que lo que dices y no otra cosa, expresas tus opiniones con sinceridad y humidad. No las “endulzas ni las maquillas”. Con naturalidad, si algo te gusta lo dices y con la misma naturalidad, si algo te desagrada también lo dices. Además también implica coherencia emocional, eso quiere decir que tus sentimientos están alineados con tus pensamientos y sientes como piensas.

Si eres una persona que valora la justicia, cuando presencias o tienes conocimiento de una situación de injusticia sientes desagrado y malestar, no solo es un pensamiento, es una emoción real. Por último, además la coherencia tiene un componente conductual, y tu comportamiento tiene que estar en consonancia con tus pensamientos, palabras y emociones. Si de verdad crees que tu compañero de trabajo merece una promoción y te alegras por ello, lo coherente es felicitarle. Si ves a alguien robando y piensas que eso está mal, en lugar de mirar hacia otro lado lo coherente es denunciarlo. La coherencia al final son hechos, no solo pensamientos sublimes y emociones nobles.

Así pues son tres aspectos, pensamiento, emoción y conducta, y si falla alguno de los tres, la coherencia se rompe y te conviertes en una persona incoherente. Soy consciente de lo complejo, difícil y arriesgado que resulta ser verdaderamente coherente en estos tiempos que corren, donde tiene más importancia lo que las cosas parecen que lo que son en realidad, lo que dicen los papeles que lo que expresa la persona.

Hoy en día la coherencia es un bien escaso y un ejercicio de valor, primero con uno mismo y luego con el entorno social. Son tiempos de “sí, pero no”. De relativizar las cosas y evitar posturas claras y comprometidas.

Son tiempos tibios donde la credibilidad de la palabra se ha perdido, donde lo que cuenta es salvar las apariencias y donde el honor carece de significado, cuando no es causa de risitas.

Te pones en modo “sí, pero no” cuando prometes algo y no lo cumples, cuando tus compromisos y tus valores cambian según las circunstancias o cuando disimulas y aparentas, alejándote de ti y de lo que realmente son tus deseos. Estás en modo “sí, pero no” cuando dices una cosa pero haces otra, cuando finges una emoción que no sientes, cuando te callas porque tienes miedo al qué dirán o cuando vives una vida que no es la tuya.

Las personas coherentes son incómodas, porque no son políticamente correctas, tampoco son complacientes, ni buscan agradar a todos. Dicen las cosas demasiado directamente y además no solo dan su opinión sino que hacen cambios y nada incomoda tanto a los incoherentes como cambiar. Pero lo peor de todo es que las personas coherentes, con su conducta, denuncian en silencio nuestra propia incoherencia, nuestra vida vacía y aparente que vivimos como muñecos de cuerda, distraídos con asuntos banales y evitando el cambio y el conflicto.

Atrévete a vivir tu propia vida y recupera la coherencia. Que sí sea sí y no signifique no. Ignora las miradas y comentarios de reproche, y vuelve a sentir que la vida vale la pena y tiene un sentido, al menos para ti.

ESCÚCHALO AQUÍ:

“La integridad del hombre se mide por su conducta”

Juvenal

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