Algo a precio cero es irracionalmente excitante para las personas. Lo gratis atrae poderosamente y parece no haber razones para negarte a aceptar aquello que no aparenta tener coste alguno para ti ¿Si no tienes que pagar por ello, por qué no cogerlo? Es tan potente su hechizo que tu cerebro no es capaz de detectar las desventajas de lo gratuito y sólo admira las ventajas de no pagar. Pero tiene desventajas, bien ocultas eso sí, muchas veces más importantes que las ventajas que te obnubilan. En cuestión de dinero, puede ser tan fuerte en ti el miedo a perder que el coste cero parece borrar de un plumazo dicho riesgo. ¡No hay nada que perder! O eso parece. Elegir una opción peor sólo porque es gratuita no es una buena elección. Generalmente lo mejor mantiene su valor y no se regala, es aquello peor quien necesita de la trampa de lo regalado para hacerse valer. Un segundo par de calcetines gratis no hacen mejor al primer par, en comparación con otro par más caro y...

Casi todas las personas que tienen éxito son vendedores eficaces, vendedores que saben vender el valor de sus servicios para que otros confíen en ellos y les compren dichos servicios. En esta idea, en el valor que uno pone a lo que hace y ofrece a los demás, se encuentra el primer gran obstáculo para ser un gran vendedor: el miedo a ser rechazado. Para superar dicho miedo, hay un pensamiento central que no debes olvidar. Detrás del cliente hay una persona que tiene derecho a decirte que no. Cuando te dicen no a lo que les vendes, no te están humillando, no te están minusvalorando, no te están juzgando, simplemente ejercen su derecho a negarse a hacer lo que les pides. El primer paso para vender mejor es respetar al cliente como persona. El segundo paso para ser mejor vendedor es tener muy claro por qué quieres vender. La mejor respuesta posible, la que ayuda a que vendas mejor, es que con lo que vendes ayudas a otras personas a conseguir lo que quieren. El...

Somos seres consumidores, comprar es una actividad más, muy habitual en nuestra vida del día a día. Como en cualquier otra actividad cotidiana que realicemos, podemos distinguir si practicamos el comprar bien o mal. Podemos mejorar en la acción de comprar, analizando si compramos o no en el momento adecuado, si compramos demasiado o demasiado poco o si compramos por deseo, necesidad o capricho del momento. Hay pensamientos y sentimientos, más o menos conscientes, que nos impulsan a la decisión de comprar. Cuando tenemos dinero en el bolsillo, o cuando podemos acceder a él fácilmente endeudándonos, ¿qué pensamos y sentimos? ¿Nos asustamos por miedo a malgastarlo? ¿Nos “quema” en la cartera y hemos de gastarlo pronto? ¿Nos sentimos codiciosos y queremos aún más dinero? ¿Nos entristece dejar de poseerlo si lo gastamos? ¿Pensamos que se ha de gastar en el beneficio de otras personas, que lo necesitan más o que son más merecedoras de su uso que nosotros? Como en el resto de decisiones que tomamos las personas, en la decisión de comprar hay un elemento inconsciente...

Queremos sentirnos bien, queremos ser felices en todos los ámbitos de nuestra vida. El área económica no es una excepción, queremos no sentir estrecheces, no preocuparnos por la falta de dinero o poder comprar lo que necesitamos o deseamos. Para mejorar nuestras circunstancias es preciso mejorar nuestra mentalidad. Desgraciadamente, a menudo nos acordamos de nuestro bienestar económico cuando no lo tenemos y nos hace falta o lo deseamos mucho. Cuando no nos gusta nuestro empleo actual y cómo se nos valora económicamente en él, cuando querríamos poner en marcha un proyecto propio desde una idea de negocio que nos parece brillante y rentable o cuando necesitamos dinero urgentemente y no lo conseguimos. Queremos que cambien nuestras circunstancias económicas, pero solemos ser inflexibles y reacios a cambiar nuestra forma de pensar sobre el dinero. Porque muchas veces el camino al bienestar económico requiere desaprender lo que se ha demostrado que no funcionaba pero que se instaló como una verdad intocable en nuestras cabezas. Para conquistar la independencia económica, para ser libres financieramente, se recomienda educarnos cuanto antes,...

Adolescencia es sinónimo de turbulencias, cambios y conflictos. Seguramente sea la etapa evolutiva más confusa, tormentosa y estresante porque en un tiempo relativamente corto se producen cambios biológicos, psicológicos y sociales fundamentales. El tránsito del niño al adulto se realiza en la globalidad de la persona, en todas las áreas de su vida, entre ellas y de las más importantes, en lo relacionado con el dinero y su utilización. En lo que se denomina la inteligencia financiera y su desarrollo en dicho periodo tan crítico para su éxito como adulto. La primera idea que ha de interiorizar un adolescente sobre el dinero es que es una herramienta que debe manejar de la mejor manera posible a lo largo de su vida. Es frecuente que se centren en la adquisición, manejo y aprendizaje de otras herramientas como smartphones y ordenadores ya que su grupo de iguales y la publicidad les invita a ello. El aprendizaje de la herramienta llamada dinero debería ser igualmente potenciado por padres y educadores. La primera lección en el desarrollo de la inteligencia...

¿Cuál es el trabajo ideal? ¿Aquel que consigue que seas feliz, que te realices en él y habitualmente te sientas con energía positiva para realizarlo? ¿Qué características posee? Te propongo 4 claves en las que has de fijarte para analizar si a lo que te dedicas profesionalmente se podría definir como el trabajo ideal. También para que si en un futuro decides cambiar de ocupación tengas una guía en la que apoyarte. En primer lugar, el trabajo ha de otorgarte una independencia económica suficiente. Es la manera habitual que tenemos las personas de ganarnos la vida, de obtener un sueldo, un rendimiento económico a nuestro esfuerzo, un beneficio ante un emprendimiento o la recuperación exitosa de inversiones. Si una ocupación no te otorga dicha capacidad de automantenimiento económico no es un buen trabajo por mucho que te guste, disfrutes o ayudes a otras personas. La independencia económica es un factor fundamental de la calidad de tu labor profesional. En el otro extremo, la desmedida ambición por lo económico puede convertir un buen trabajo en una adicción...

Hay dos tipos de inteligencia que en pleno siglo 21 aún siguen sin fomentarse de forma sistematizada en la escuela. Una de ellas es la inteligencia emocional, el conjunto de habilidades personales que permiten que conectemos con nuestras propias emociones y demos respuesta a las mismas de la forma más equilibrada y eficaz posible. La inteligencia emocional también nos permite comprender mejor las emociones de los demás y actuar en consecuencia. El segundo tipo de inteligencia es del que quiero hablarte hoy, la inteligencia financiera. Se refiere al conjunto de habilidades, herramientas y conocimientos que permiten a una persona tomar las mejores decisiones financieras en cada momento y circunstancia de su vida. La economía, el dinero y las finanzas forman parte de un mundo cada vez más económico en donde crecerán tus hijos y de la inteligencia financiera dependerá una parte importante de su bienestar y de su éxito. Cuanto antes se formen en esta área, cuanto más fomentemos en ellos su inteligencia financiera, más probabilidades tendrán de que su Coeficiente Intelectual (CI) financiero sea una...