Tenemos 5 emociones básicas, emociones naturales, francas y puras. Emociones básicas que son compañeras desde tiempos inmemoriales y aliadas en nuestra aventura de vivir. La alegría, el asco, la tristeza, el miedo y el enfado no son buenas ni malas, catalogarlas así es reducirlas y subestimarlas. Son parte sustancial de quiénes somos como especie, de nuestras decisiones y del valor que damos a nuestras vidas. El miedo quizás sea la emoción básica más presente en este momento de nuestras vidas y más aborrecida en cuanto que nos genera tensión, ansiedad, angustia e incertidumbre. El miedo es la señal biológica que nos damos a nosotros mismos para avisarnos de que estamos corriendo un riesgo. Es un piloto que se enciende para indicarnos que lo que va a ocurrir entraña una posibilidad de estar en peligro. La valoración de dicho riesgo o peligro, así como de la oportunidad que emana de dicho riesgo, ya no es tanto responsabilidad del miedo como de nuestra parte analítica que ha de evaluar si ese miedo es correcto, exagerado o subestimado. Cuando el...

Pensamos en el cuerpo como algo cercano pero ajeno a nosotros, de hecho hablamos de algo nuestro, no de algo que seamos. Lo entendemos más como una propiedad que como un signo de identidad. De hecho no decimos “yo soy mi cuerpo”, sino “yo tengo un cuerpo”. Cuando hablamos de atribuciones psicológicas, sí nos identificamos con ellas, por ejemplo decimos “soy inteligente, o soy una persona sensible”. Esta percepción de propiedad sobre el cuerpo, puede llevarnos a pensar que se trata de algo así como un animal doméstico que nos obedece ciegamente, algo que controlamos como el equipo de música o la televisión, mediante el mando a distancia de nuestro pensamiento o nuestra voluntad. Pero no siempre es todo tan sencillo. Hay veces que es el cuerpo el que toma el control de nuestra voluntad, nos arranca de un zarpazo el “mando a distancia” de nuestra mente, nos arrincona y hace que hagamos cosas impensables. Puede ocurrir cuando el miedo nos paraliza y nos impide pensar y reaccionar, porque aunque queramos hacer algo notamos el cuerpo y la...

Aprender a renunciar como parte de nuestro camino en la vida. Dejar ir aquello que ya tuvo su momento, que antes tenía sentido pero ya no lo tiene. Aquello que una vez fue magnífico, intenso, enriquecedor y novedoso pero que ya no lo es. Aprender a dejar ir cuando nuestro ego se niega a aceptar lo que está ocurriendo, a aceptar que lo dejamos ir porque ya no nos hace falta. Renunciar a nuestro ego que se apega a lo que ya no es bueno para nosotros, por miedo, rencor u orgullo. Y la mejor manera de dejar ir y superar nuestro orgullo es agradecer a aquello que soltamos por todo lo que nos dio. Gracias. Adiós. Decidir es renunciar, vaciar para otorgar espacio a lo que ha de venir. Escoger es abandonar, elegir una opción es renunciar a otras. Abandonar no es lo mismo que abandonarse, lo primero puede ser necesario para volver a sentirnos bien o para seguir creciendo. Abandonarse es rendirse, es una de las mayores señales de baja autoestima. Abandonar sobre todo...

¿Eres consciente que tu problema de sobrepeso no es un problema con la comida? O por lo menos no se reduce a eso. Tratamos de ocuparnos de él haciendo gimnasia con más o menos frecuencia (esto último suele llevarse la palma), visitando a nutricionistas, haciendo dietas por un tiempo, tomando batidos “mágicos” y nada más, … No vas a resolverlo si sólo te ocupas de esa manera. De hecho, ¿a que no se resuelve? Quizás pierdes algo o incluso mucho para, sorprendentemente estar en el mismo punto o muy cerca en un tiempo record. ¿Por dónde van los tiros entonces? ¡Pues fíjate! Hay 3 “razones ocultas” que mantienen tu problema de obesidad: La primera razón es porque con ello te mantienes fuera del mercado. Así, crees, no te verás expuesto a mantener una relación de pareja o sexual que probablemente temes, aunque conscientemente puedes decirte que la anhelas. O, por el contrario, ya tienes pareja y el sobrepeso te protege del deseo del otro.   La segunda está relacionada con el miedo, la desprotección, la inseguridad. La grasa que...

Mantenemos nuestros hábitos alimenticios por insanos que sean, nuestra manera de ser y de actuar, de relacionarnos, conducimos siempre por las mismas carreteras, nos quedamos enganchados a trabajos que detestamos, … ¿por qué lo hacemos? ¿por qué nos cuesta tanto cambiar? Por miedo es una de las respuestas más claras y por “no tener que pensar” y poder seguir en piloto automático sería seguramente la segunda razón más evidente. Pero así no crecemos. Es más, así nos destruimos. “Un rey recibió como obsequio dos pichones de halcón y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara. Pasados unos meses, el instructor le comunicó al rey que uno de los halcones estaba educado pero que no sabía qué le sucedía al otro. Desde que había llegado al Palacio, no se había movido de la rama, hasta tal punto que había que llevarle el alimento. El rey mandó llamar a curanderos y sanadores pero nadie pudo hacer volar al ave. Entonces hizo público un edicto entre sus súbditos y, a la mañana siguiente, vio al halcón volando en sus jardines. -...

Desde la Piscología entendemos la procrastinación como un sentimiento de ansiedad generado ante la presión inconsciente que sentimos antes de empezar o concluir una tarea. Adquirir el mal hábito de postergar, nos lleva a sustituir quehaceres más significativos por otros irrelevantes; y nos excusamos con argumentos del tipo: “Empezaré luego” , “Mañana es mejor momento”, “Ahora no me va bien”, “Justamente me hace falta esto para poder empezar”. Todo esto nos aleja de poder ir cerrando las tareas importantes. Para poder trabajar la procrastinación primero debemos ser capaces de entender que detrás de esta conducta nos encontramos con el miedo. Miedo al fracaso, a equivocarnos, a la responsabilidad, a la frustración, al miedo de uno mismo, a la propia valía y a la propia incapacidad de poder desarrollar correctamente una tarea. El miedo, junto al hábito de procrastinar, nos induce a multitud de consecuencias que se tejen sutilmente a nivel psicológico y fisiológico: baja autoestima, inseguridad crónica, sentimientos de incapacidad, alta frustración, trastornos del sueño, somatizaciones cutáneas, problemas gástricos o el posible desarrollo de un trastorno...

No es soñar como dormir, es soñar como vislumbrar, imaginar y fantasear. Soñar de verdad es apuntar muy alto con nuestra imaginación. Tan alto, que puede parecernos imposible. Somos capaces de matar nuestros sueños con cuchillos como la falta de tiempo, la falta de recursos, la falta de fuerzas o la falta de ayuda. Si no nos ilusiona, si no nos enciende, si no nos hace volar, entonces no es un sueño. Y la posibilidad de materializar ese sueño, es una de las cosas que hace nuestra vida apasionante. La huella de un sueño no es menos real que la de una pisada. A veces el sueño puede ser más real que la realidad misma, instalándose en nuestra mente de forma obstinada. Muchas veces lo más real, lo más material, se olvida y se relega. Nuestros sueños en cambio se escogen y se evocan. Nuestros sueños están hechos del primer material necesario para construir nuestro futuro: una idea. Flaubert llamaba a los sueños las sirenas del alma, que nos llamaban cantando y nunca más retornábamos. Los sueños...

Llega septiembre y los niños retornan a clase, ya sea porque inician su travesía académica, cambian de colegio o vuelven a la escuela del año anterior. Como los adultos que vuelven al trabajo tras las vacaciones hay un proceso de cambio que cuesta afrontar, mezclado de cierta pereza y nostalgia por el descanso. Nada que no se supere poco a poco tras unos días de actividad. Hay otro proceso en algunos niños relacionado con la vuelta al cole que es más problemático y que puede acarrear consecuencias importantes si no se trata a tiempo: es el miedo al colegio. No se trata de un rechazo a ir al colegio, una decisión más o menos consciente del niño de negarse a acudir a la escuela. Es un miedo irracional, exagerado. Una sensación de ansiedad que le supera y que le vence si los adultos no le ayudamos. El miedo le provoca síntomas físicos como sudoración, tensión muscular, dolor de barriga o alteración de sueño o apetito. Síntomas que el pediatra descarta que estén relacionados con una base...

¿Quién quiere una bola de cristal? ¿Quién quiere ver el futuro? Y la pregunta más importante, ¿para qué quiere verlo? Hay quien quiere adelantarse a lo desconocido, saber lo que va a pasar para controlarlo y modificarlo. Está obsesionado con el control y que no le pase nada malo nunca. Se obsesiona con el futuro y le genera infelicidad. Decía Einstein que un hombre feliz está demasiado satisfecho con el presente como para obsesionarse con el futuro. Hay quien ya osa adelantarse al futuro rumiando habitualmente qué le puede llegar a pasar. Es un “¿y si….?” repetido continuamente que genera desesperación. En el fondo desconfía de sí mismo, no de su futuro, que siempre le traerá cosas buenas y malas. Desconfía de su capacidad de enfrentarse al futuro con sus herramientas emocionales presentes. Hay quien quiere ver el futuro para asegurarse que sus sueños se cumplen, que las esperanzas y deseos que ha colocado en el futuro acabarán convirtiéndose en una realidad. Que los sacrificios que realizó en el pasado serán recompensados en el futuro. Que...