El miedo es la emoción señalizadora de un peligro, el marcador interno que te mantiene alerta ante lo que estás viviendo. Pasar miedo es una sensación displacentera en general y el primer impuso es eliminar dicha sensación y recuperar la seguridad perdida. El miedo a vivir es el temor a los problemas, a los conflictos, al rechazo y al fracaso, ingredientes todos ellos de la vida real. El miedo a vivir es el miedo a dañar y a que te dañen, y en el fondo es el miedo a la muerte como telón innegociable e ineludible de la propia vida. Contra la emoción de miedo la sensación de seguridad es un éxito, es el resultado de tu inteligencia al servicio de tu protección y tu comodidad. La búsqueda de tu seguridad es también la responsabilidad para con la propia salud y bienestar. Pero demasiada seguridad es estancamiento, aburrimiento y hartazgo. El exceso de seguridad, la búsqueda de la inmunidad, es la negación de que vivir es ser vulnerable, estar expuesto a elementos fuera de tu control....

La autoestima es la relación que tú mantienes contigo. Esa relación es buena cuando el amor es el pegamento que une todas las partes que configuran tu realidad: tus pensamientos, tu conducta, tus otras relaciones con las personas, animales o cosas, tu profesión, la gestión de tu dinero, tu tiempo, tu salud o tu imagen física… En definitiva, todo aquello que consideras forma parte de ti y de la vida que vives. En esos momentos te sientes feliz con tu vida y para ti todo tiene un sentido. Sin embargo, cuando tu autoestima es baja, quiere decir que el miedo se ha convertido en el pegamento de alguna, o todas esas áreas de tu existencia. Y entonces notas que nada termina de encajar, te sientes amenazado y sufres. El amor une y armoniza, consigue que las relaciones fluyan. Gracias al amor aceptas y respetas aunque tu manera de hacer las cosas sea diferente, y confías en las personas, los cambios y el mañana. Por amor cuidas, proteges y mimas todas las partes del puzzle de tu...

La incertidumbre es lo que sentimos cuando salimos de la zona de confort. Dentro de ella tenemos la fantasía y la sensación de encontraros seguros y tranquilos. La zona de confort no es en realidad un espacio físico, son un territorio mental e imaginario, donde todo resulta predecible, conocido y familiar. Una especie de “corralito psicológico” estable y previsible. Sin cambios ni sorpresas que amenacen el orden interno. Los “Cisnes Negros” se mueven como fantasmas silenciosos fuera de la zona de confort. Hasta que irrumpen dentro de ella. Nassim Nicholas Taleb el creador de la “Teoría del Cisne Negro”, llama así a los sucesos imprevistos y sorprendentes, que tienen una alta repercusión en nuestras vidas y que solo explicamos a posteriori, una vez que han pasado. Los llama así, porque parece ser que hasta la llegada de los primeros exploradores al continente australiano todos los cisnes conocidos en Europa eran blancos. Taleb afirma que los grandes hechos que han marcado cambios y etapas en la historia, la ciencia, la cultura o la filosofía han sido Cisnes Negros....

Algunas personas confunden la autoestima con un sentimiento de superioridad y suficiencia que les hace sentir por encima de los demás. Es frecuente identificar el orgullo, la soberbia, la arrogancia, el narcisismo o la vulgar chulería con la auténtica autoestima. Nada más lejos de la realidad, porque esas actitudes son una compensación más o menos elaborada para ocultar una fuerte inseguridad personal. Son el disfraz del miedo al fracaso y la dependencia de reconocimiento y atención de otras personas. Y muchas veces da igual que la atención venga en forma de valoración positiva o de crítica negativa, lo que cuenta es estar en el punto de mira de los otros y que nos alimenten el ego con su atención. Detrás de esas conductas de falsa superioridad suele enmascararse la vergüenza, la culpa, el temor o el sentimiento de infravaloración personal. La soberbia es en realidad, la otra cara de la vergüenza y siempre lleva componentes de desprecio y exclusión. Desprecio a la opinión de los otros, a su consejo, a su éxito, a su felicidad o...

Para mantener el orden, ya sea en el ámbito personal, profesional, emocional, de la salud o financiero, necesitarás reglas. Las reglas además te permiten llegar a acuerdos con otras personas y crear sistemas y métodos para hacer las cosas de forma más o menos estable al margen de quien las haga. Las reglas funcionan como un hilo invisible y te conducen paso a paso por el laberinto de lo incierto hacia un final previsible y estable. Por eso cuando las sigues te otorgan seguridad durante el proceso y confianza en los resultados que esperas lograr. Pero para que las reglas te resulten útiles, tienen que ser tus reglas. Las reglas de los otros tal vez no siempre resulten para ti. Eso no quiere decir que sean únicas, puedes compartirlas con otras personas, pero en algún momento has tenido que hacerlas tuyas. Las reglas ajenas son como los zapatos ajenos, a veces no son tu talla, te hacen rozaduras, se te salen, no te permiten avanzar a tu ritmo y puede que te termines cayendo. Para que tu sistema...

Sin orden reina el caos, el desconcierto y la incoherencia. Sin disciplina lo que hay es dejadez, postergación e incertidumbre. Orden y disciplina guardan relación con la excelencia en los resultados, el logro de metas y objetivos, madurez, fiabilidad, solidez, estabilidad, credibilidad y confianza. Y también guardan relación con salud, poder y felicidad. Cuando tu cuerpo se desordena, y tu corazón late de forma desacompasada y arrítmica, o la respiración se te altera, seguramente sufres algún tipo de problema físico. Cuando tus funciones biológicas se desorganizan y no se ajustan de forma disciplinada a los procedimientos impresos en tu ADN desde hace miles de años, tus digestiones ya no siguen el riguroso proceso habitual o tu sistema nervioso parece haber olvidado el método para que todo funcione con sincronía y precisión, seguramente has enfermado. Te guste o no, disciplina y orden se relacionan de forma muy estrecha con salud física y psicológica. Todas las adicciones son el resultado de la pérdida de disciplina y lo primero que hay que entrenar para recuperar el control sobre la propia...

Como todos, naciste seguro, lleno de confianza en la vida y con capacidad para ser feliz. Sobrevivir sin esos requisitos habría sido imposible. Todos llegamos a este mundo dotados de los recursos suficientes como para sentir que la Vida es una experiencia maravillosa de la que saldremos fortalecidos y más sabios. Siendo un bebé, algo dentro de ti sabía que tendrías comida suficiente, aunque no fueras capaz de alimentarte solo por ti mismo, que alguien estaría contigo cuando sintieras frio o malestar, a pesar de no tener ninguna garantía de que iba a ser así. Todos fuimos bebés felices y nos sentíamos seguros al margen de las circunstancias que nos encontramos con nuestra llegada. Y eso fue posible porque todos los bebés llegan dotados de autoestima. ¿Qué sucede entonces para que llegando todos así haya tantos adultos inseguros? Sencillamente, que a partir de un determinado momento aprendemos a vivir con el miedo y dejamos que éste vaya ocupando el espacio que antes perteneció a la seguridad y al amor. El miedo no siempre es la señal de alarma ante...