SEGURIDAD Y AUTOESTIMA

Como todos, naciste seguro, lleno de confianza en la vida y con capacidad para ser feliz. Sobrevivir sin esos requisitos habría sido imposible. Todos llegamos a este mundo dotados de los recursos suficientes como para sentir que la Vida es una experiencia maravillosa de la que saldremos fortalecidos y más sabios.

Siendo un bebé, algo dentro de ti sabía que tendrías comida suficiente, aunque no fueras capaz de alimentarte solo por ti mismo, que alguien estaría contigo cuando sintieras frio o malestar, a pesar de no tener ninguna garantía de que iba a ser así. Todos fuimos bebés felices y nos sentíamos seguros al margen de las circunstancias que nos encontramos con nuestra llegada. Y eso fue posible porque todos los bebés llegan dotados de autoestima.

¿Qué sucede entonces para que llegando todos así haya tantos adultos inseguros?

Sencillamente, que a partir de un determinado momento aprendemos a vivir con el miedo y dejamos que éste vaya ocupando el espacio que antes perteneció a la seguridad y al amor.

El miedo no siempre es la señal de alarma ante un peligro real. Puedes sentir miedo de hacer una llamada, pedir aumento de sueldo o decirle a alguien que le quieres, cuando no hay ningún peligro real. Y sin embargo, puedes conducir a 180 km/hora, consumir drogas o destruir tu vida familiar sin sentir el menor temor.

El miedo paralizante y sin peligro verdadero es una emoción de rápido aprendizaje porque nuestro sistema de realidad se ha construido no sobre lo real, sino sobre lo simbólico. Y de esta forma, no son los hechos y los acontecimientos que vivimos los que nos paralizan, sino lo que pensamos y lo que nos decimos a nosotros mismos con relación a eso que nos sucede. Porque primero creamos la realidad en nuestra mente y luego buscamos de manera inconsciente la experiencia que nos confirme eso que hemos pensado y creemos.

El miedo se coló en nuestra vida y arruinó nuestra inocencia a través del sistema de socialización por el que somos inscritos en la cultura a la que pertenecemos. Nos llegó de la mano mama o papa cuando ellos nos traspasaron sus propias inseguridades y temores. Nos llegó a través del colegio, la iglesia, la televisión o el sistema económico o político porque si sentimos miedo somos más fácilmente domesticables y se nos puede manipular mucho mejor. De esta forma, nuestro miedo garantiza la seguridad del sistema.

La buena noticia es que siempre puedes recuperar lo que te pertenece por derecho de nacimiento. Tú eres la única persona que puede cambiar tus pensamientos. Nadie puede pensar por ti. Solo tú puedes cambiar tus creencias y tus limitaciones. Y la forma de hacerlo es elegir pensar de otra manera. Escoger pensamientos que te ayuden a reconstruir esa seguridad natural con la que llegaste al mundo. Pensamientos que te devuelvan la confianza en que es posible volver a ser feliz y tener el tipo de vida que siempre deseaste vivir. Viktor Frankl, el psiquiatra austriaco que estuvo prisionero en un campo de concentración durante la II guerra mundial, llamaba a esta decisión la “última libertad”, la que nadie puede quitarte, porque solo tú puedes elegir qué pensar y cómo hacerlo. Él se dio cuenta de que en las peores circunstancias, escoger unos pensamientos u otros, era la línea que separaba a los que sobrevivían de los que se morían. Es ahí donde reside tu propio poder y el motor de tu seguridad.

Es cierto que si llevas años entrenando pensamientos que alimenten la inseguridad, la desconfianza y el temor, vas a necesitar una buena dosis de voluntad y disciplina, porque en cuanto te descuides los viejos pensamientos que has automatizado durante tanto tiempo se resistirán con fuerza, ya que a tu inconsciente no le gustan los cambios. Y porque aunque te cueste creerlo, eres adicto a tus propias emociones de miedo e inseguridad. Por eso cuando te faltan, creas nuevas experiencias que te permitan volver a sentirlas. Y así vuelves a mantener tus niveles de victimismo, angustia y malestar.

También será necesario que te alejes del proveedor oficial de miedo y escojas con mucho cuidado la información que quieres para ti, porque el propio sistema se encarga de echar leña al fuego de tus angustias personales para mantenerse a salvo.

Pero si abres la conciencia, puedes empezar a cambiar desde este mismo momento. No necesitas nada más que voluntad y disciplina de hacerlo. Tal vez ya hayas superado otras adicciones. Puedes empezar practicando un minuto. Solo un minuto con pensamientos de seguridad. Y luego otro minuto. Y así, pensamiento a pensamiento, minuto a minuto, recuperarás la seguridad y la confianza que siempre te han pertenecido y que son la llave que abre tu felicidad.

FRASE: “Es toda una experiencia vivir con miedo ¿verdad?. Eso significa ser esclavo”. Blade Runner

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