Si nuestro estado de ánimo influye en nuestra postura, ¿puede nuestra postura influir en nuestro estado de animo? Si nos cruzamos con alguien cabizbajo, con los hombros caídos, con los brazos colgados sin balanceo, arrastrando los pies,… ¿no pensarías que se trata de una persona triste, abatida, fracasada y pesimista? La postura inversa esta asociada a un estado de ánimo de felicidad, autoseguridad, y confianza. Con la expresión facial ocurre más de lo mismo. ¿No has simulado alguna vez cara de pena y te has sentido profundamente triste incluso te han dado ganas de llorar? Al analizar los efectos que la postura descrita tiene en el organismo se detectan anomalías como alteraciones musculares, disminución de la capacidad torácica y por tanto de la oxigenación sanguínea, dolores de cabeza y trastornos digestivos entre otros. Razones más que suficientes para tratar de ser consciente de la postura que mantienes, corregirla si es preciso y utilizar la postura para ayudar a generar sentimientos positivos. Si cambias tu postura, también cambiarás tu estado emocional. Cuanto más acostumbres a tu cuerpo a colocarse en una...

Decía Víctor Hugo que el recuerdo es vecino del remordimiento. La culpa es el sentimiento atrapado en el pasado, como la ansiedad es el sentimiento que apunta al futuro. La voz que anclada en el pasado nos susurra que no estuvimos a la altura… pero, ¿quién marcó esa altura? La culpa que nace de lo que se nos ha repetido desde pequeños. De todas las voces que nos exigieron ser perfectos, nos insistieron en no ser malos, nos asustaron por excedernos con lo bueno y nos amonestaron por ensuciarnos. Y así, mensaje a mensaje, interiorizamos el reproche: estamos disgustados con nosotros mismos, nos “merecemos” el castigo de la culpa. Somos pecadores, perdedores, miserables, defraudadores… La culpa continuada es el tobogán hacia la depresión. Es la culpa destructiva, que nos inmoviliza en el ejercicio de nuestra vida. La culpa nos hace fácilmente manipulables. La culpa nos convierte en víctimas, aceptamos la definición de nuestra vida, de lo que somos, por lo que nos dicen los demás. A los demás les resulta muy fácil confundir nuestros errores con...

Existen dos tipos de personas, los que explican sus problemas culpando a los demás y los que se culpan a sí mismos cuando algo va mal. Los primeros son expertos en mirar alrededor y buscar culpables con los que justificar el motivo de su frustración. Cuando algo no les funciona en el trabajo enseguida pueden argumentarlo diciendo que han tenido la mala suerte de caer en la empresa inadecuada, la desgracia de tener un incompetente por jefe, de no contar con los medios suficientes, de tener un equipo que no funciona o de que sus compañeros no les pasan la información cuando toca o que se la pasan incompleta. Y el mismo sistema se puede aplicar dentro de casa, si las cosas no van bien es siempre la pareja la que tendría que ser más ordenada, ocuparse más de los niños, estar más dispuesta a hablar y discutir menos o tener relaciones sexuales con más frecuencia. Estos sujetos son expertos en identificar errores ajenos y tienen una sensibilidad exquisita para detectar la imperfección en los demás. Rápidamente toman nota...

¿Qué harías si te quedaran 3 meses de vida? Hay quién se puede sorprender ante una pregunta de estas características e incluso reaccionar impactada por el hecho de pensar en su propia muerte y de una manera tan próxima pero tengamos la edad que tengamos, nunca sabemos cuando vamos a morir. La idea de esta pregunta no es pensar en la muerte, sino en la vida. En vivir. Te propongo esta cuestión a fin de que valores tu rutina, tu día a día, tu felicidad, tus amistades, tu trabajo, tu pareja,… y pienses si seguirías haciendo exactamente lo mismo que haces y compartiéndolo con las personas que te rodean si tan solo te quedaran 90 días que vivir. Si tu respuesta es un sí rotundo, enhorabuena. Si en ella hay matices, analízalos y toma las decisiones que con valentía tomarías si estuvieras a punto de perder lo más valioso que tenemos y cualquiera otra de las pérdidas pasara a un segundo plano perdiendo toda la importancia. De hecho cuando no tomas esa decisión, estás eligiendo. Al no...

El egoísta se excede en el amor a sí mismo, atiende de manera tan exagerada su propio interés que se hace un adicto a sí mismo. Todo empieza y acaba en él, es el alfa y el omega de su vida. Para el egoísta todo es yo, y yo, y más yo. El egoísta es capaz de prender fuego a la casa del vecino para poder freírse un huevo. Su excusa es su necesidad y ese fin justifica cualquier medio. Su individualismo es su pan para hoy y su hambre para mañana. El egoísta tiene una buena idea, la importancia de uno mismo, pero no la culmina con la segunda parte de esa idea: que todos somos grandes, conectados a algo más grande que nosotros mismos. El egoísta es avaricioso. Por la codicia del egoísmo, lo mucho siempre es poco. Como un saco sin fondo, que por mucho que introduzca, siempre sentirá vacío. No hay recursos suficientes en la tierra para todos los egoístas que la pueblan. La ambición del egoísta es su condena, continuamente consciente...

La evolución de la Autoestima pasa por diferentes fases. En la primera fase la persona necesita poner toda su atención y la mayor parte de su energía en ella misma. Suele ser la fase de la urgencia, donde se ha olvidado durante tanto tiempo de sí misma, que suele vivir una vida de abandono, distracción o destrucción, que no reconoce como suya, aunque sea una vida adaptada social o profesionalmente. Es habitual que la persona empiece este giro hacia ella misma después de algún tipo de crisis, tras alguna enfermedad, después de una separación o tras alguna catástrofe profesional. Durante la segunda fase de la Autoestima y una vez que la persona empieza a salir de lo urgente y a resolver sus crisis, comienza el verdadero trabajo de fondo. Empezar a cambiar creencias, reacciones emocionales, paradigmas, hábitos de conducta, actividades, prioridades y relaciones personales. Es el momento de la coherencia y la responsabilidad. En esta fase se produce el cambio importante y estable. Muchas personas no llegan a desarrollar esta segunda fase, porque entienden que una...

Disfrutamos con él, le da sentido a nuestras vidas, lo sufrimos, escribimos sobre él o por él, … pero ¿qué es el amor? Si nos preguntamos que es amar, aparece una dificultad para describir en qué consiste, que supone o de qué estamos hablando concretamente. Amamos a la pareja, la familia, a los hijos, a los amigos y compañeros, a nuestras mascotas, objetos y lugares. ¿Y a ti mismo? ¿Te quieres? No se puede dar lo que no se tiene. No se puede dar amor si uno no se ama a sí mismo. Sabemos que sin amor la vida pierde el color, la esencia misma de la vida pero seguimos sin saber en qué consiste el amor. Podríamos hacer una aproximación y decir que Amar significa: Priorizar, y lo primero de debes poner en el primer lugar eres tú. Eres lo más importante de tu vida por encima de cualquier persona o situación ya que si no te colocas en el centro de tu vida y te conviertes en el protagonista de tu propia historia no te quieres como...

¿Quién quiere una bola de cristal? ¿Quién quiere ver el futuro? Y la pregunta más importante, ¿para qué quiere verlo? Hay quien quiere adelantarse a lo desconocido, saber lo que va a pasar para controlarlo y modificarlo. Está obsesionado con el control y que no le pase nada malo nunca. Se obsesiona con el futuro y le genera infelicidad. Decía Einstein que un hombre feliz está demasiado satisfecho con el presente como para obsesionarse con el futuro. Hay quien ya osa adelantarse al futuro rumiando habitualmente qué le puede llegar a pasar. Es un “¿y si….?” repetido continuamente que genera desesperación. En el fondo desconfía de sí mismo, no de su futuro, que siempre le traerá cosas buenas y malas. Desconfía de su capacidad de enfrentarse al futuro con sus herramientas emocionales presentes. Hay quien quiere ver el futuro para asegurarse que sus sueños se cumplen, que las esperanzas y deseos que ha colocado en el futuro acabarán convirtiéndose en una realidad. Que los sacrificios que realizó en el pasado serán recompensados en el futuro. Que...

Con los años la percepción de la realidad se va modificando, el paso del tiempo hace que nos fijemos en cosas distintas a la juventud, que las valoremos de otra forma y lo que el la infancia parecía, divertido, en la juventud insoportable y en la madurez habíamos olvidado, en la vejez puede volver a llamar nuestra atención. Tal vez esa sea una de las claves del buen entendimiento entre abuelos y nietos. También cambian nuestros estados emocionales, con los años hemos aprendido a templan las emociones, cabe esperar que los impulsos se hayan moderado y que toda esa chispa y bravío de los años pasados se haya ido transformando en una mayor paciencia y en un emociones más estables. Los hábitos de conducta, se van haciendo cada vez más rutinarios, es como si hubieran cristalizado y cada día tiende a ser una repetición del anterior, la repetición produce placer y seguridad por eso salir de esas rutinas inquieta al anciano. Las metas son otras, más sencillas, menos ambiciosas, más a corto plazo, las prioridades...

¿Te consideras una persona pesimista? ¿Prestas atención a tu diálogo cuando tratas de explicar por qué suceden las cosas? ¿a qué achacas las desgracias? Tres son las dimensiones cruciales en la pauta explicativa negativa, la permanencia, la penetración y la personalización: La Permanencia, es la dimensión que valora cuánto de ese suceso negativo es considerado cómo inamovible, cuánto permanecerá, la creencia de que haga lo que haga no desaparecerá, valorándolo en términos de siempre o nunca, etc. como por ejemplo “siempre tengo mala suerte”, “las dietas no sirven”, “soy un desastre”, “nunca funciona”, etc. La Penetración, se refiere a alcance, a la amplitud, cuánto penetra el daño ante un acontecimiento negativo, etc. por ejemplo “todos me odian”, “los libros no valen para nada”, etc. Personalización, hace referencia a cuánto eres tú el culpable de lo malo que te sucede. Por ejemplo, “soy un estúpido”, “soy una mala madre”, etc. Esta última, la personalización, es la dimensión que más fácilmente puede exagerarse y la que controla cómo nos sentimos hacia nosotros mismos, dañando nuestra autoestima cuando se emplea en negativo....