PON TUS REGLAS

Para mantener el orden, ya sea en el ámbito personal, profesional, emocional, de la salud o financiero, necesitarás reglas. Las reglas además te permiten llegar a acuerdos con otras personas y crear sistemas y métodos para hacer las cosas de forma más o menos estable al margen de quien las haga.

Las reglas funcionan como un hilo invisible y te conducen paso a paso por el laberinto de lo incierto hacia un final previsible y estable. Por eso cuando las sigues te otorgan seguridad durante el proceso y confianza en los resultados que esperas lograr.

Pero para que las reglas te resulten útiles, tienen que ser tus reglas. Las reglas de los otros tal vez no siempre resulten para ti. Eso no quiere decir que sean únicas, puedes compartirlas con otras personas, pero en algún momento has tenido que hacerlas tuyas. Las reglas ajenas son como los zapatos ajenos, a veces no son tu talla, te hacen rozaduras, se te salen, no te permiten avanzar a tu ritmo y puede que te termines cayendo.

Para que tu sistema de reglas te funcione es necesario que tengas en cuenta tres criterios.

En primer lugar, tienen que ser pocas. Demasiadas reglas harán que te olvides de ellas. Tienes que entender que no lo puedes regularlo todo, siempre hay cosas que se te escaparan y quedarán fuera. Y también tienes que tener en cuenta que cuando empiezas a poner normas de funcionamiento te vas dando cuenta de cómo una regla te lleva a otra y comienzas una escalada sin fin haciendo que tus reglas se multipliquen y sean difíciles de seguir. Un sistema demasiado regulado acabará por asfixiarte, te resultará excesivamente estrecho y rígido, por lo que terminarás por intentar salirte de él por muy tuyo que sea. Y al final te revelarás contra él, y todo habrá sido inútil. Pocas reglas te dan la posibilidad de crear un marco amplio de actuación dentro de los limites que tu has creado y puedes moverte con libertad, comodidad y flexibilidad. Así pues, lo primero es: pocas reglas.

En segundo lugar, tienen que ser claras y concretas. Las reglas demasiado generales son difíciles de aplicar en la vida cotidiana, muchas veces no se entienden y por ser tan amplias al final son poco prácticas y no dicen nada. Además por ser demasiado generales llevan también a demasiadas excepciones y eso pueden crean confusión. Tienen que resultarte sencillas de entender, han de estar redactadas para niños pequeños. Por lo tanto cuando más claras, más fáciles resultarán de entender y mejor se podrán seguir.

Y en tercer lugar, tienen que ser consecuentes. Has creado un sistema de reglas para algo y por algo. Cuando se cumplen tienen que dar un resultado y cuando no se cumplen tienen que tener consecuencias. Si una regla se incumple y no pasa nada porque no tiene ninguna consecuencia, y da lo mismo cumplirla que no. Entonces es que no sirve de nada y por lo tanto es mejor sacarla. Se trata de una regla inútil.

Finalmente algo que se nos olvida muchas veces. Tus reglas son siempre un medio para lograr un fin. Y el fin siempre tienes que ser tú, ellas nunca pueden convertirse en un fin en sí mismas, porque entonces habrás creado un sistema perverso que te esclavizará. El objetivo de tus reglas es ayudarte a construirte una realidad mejor en la que puedas moverte con seguridad y confianza. Tus reglas tienen que servirte ellas a ti, no tú a ellas, para que con ellas puedas crecer, de la misma manera que una guía ayuda al árbol a crecer derecho. Tienen que permitirte crear y entrenar la mejor versión de ti. Si has construido un buen sistema, te será fácil de aplicar y sentirás que con él tu autoestima mejora.

FRASE: “Tan perjudicial es rechazar las reglas como ceñirse a ellas en exceso”. Luis Vives

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