ORDEN, DISCIPLINA Y AUTOESTIMA

Sin orden reina el caos, el desconcierto y la incoherencia. Sin disciplina lo que hay es dejadez, postergación e incertidumbre. Orden y disciplina guardan relación con la excelencia en los resultados, el logro de metas y objetivos, madurez, fiabilidad, solidez, estabilidad, credibilidad y confianza. Y también guardan relación con salud, poder y felicidad.

Cuando tu cuerpo se desordena, y tu corazón late de forma desacompasada y arrítmica, o la respiración se te altera, seguramente sufres algún tipo de problema físico. Cuando tus funciones biológicas se desorganizan y no se ajustan de forma disciplinada a los procedimientos impresos en tu ADN desde hace miles de años, tus digestiones ya no siguen el riguroso proceso habitual o tu sistema nervioso parece haber olvidado el método para que todo funcione con sincronía y precisión, seguramente has enfermado.

Te guste o no, disciplina y orden se relacionan de forma muy estrecha con salud física y psicológica. Todas las adicciones son el resultado de la pérdida de disciplina y lo primero que hay que entrenar para recuperar el control sobre la propia vida y el orden en el día a día es precisamente la fuerza de voluntad, el autocontrol y la disciplina. Una de las características de la depresión es que la persona va abandonando hábitos y rutinas, como la ducha o el aseo personal, y es propensa a pasar demasiado tiempo en la cama o en el sofá delante de la televisión, de una manera relajada y laxa, dejando de lado actividades cotidianas o pidiendo una baja laboral.

Por otra parte todos los modelos de aprendizaje se apoyan en un modelo ordenado para ir adquiriendo capacidades y conocimientos. Así antes de correr, el bebé tiene que aprender primero a mantener el equilibro y posteriormente a andar. Existe un orden insalvable en el proceso de aprendizaje que permite que unas competencias o capacidades se desarrollen soportándose en otras anteriormente adquiridas. Además aprendemos por repetición. Nadie aprendió a comer sopa con la cuchara, atarse los zapatos o a sumar a la primera. Fue necesario repetir muchas veces, de forma disciplinada el ejercicio, hasta lograr la adquisición del aprendizaje.

Lamentablemente existe una tendencia más o menos generalizada que asocia orden y disciplina con sufrimiento, esfuerzo, rigidez, dolor y malestar. De hecho, disciplina no solo es sinónimo de método, regla, sistema o pauta. También lo es de castigo, azote, látigo, cilicio, sometimiento y mortificación. Y es cierto que las recompensas a largo plazo suponen esfuerzo, disciplina, voluntad y constancia. También es cierto que la verdadera felicidad y la autoestima requiere de un trabajo diario y continuo. Que para mantener la salud y la forma física es necesario sudar la camiseta muchas veces y resistir la tentación de la satisfacción inmediata en forma de dejadez o golosina.

Si quieres crecer, aprender, superarte, tener salud, libertad y ser feliz… tendrás inevitablemente que pasar por la disciplina y el orden. Ni tu biología, ni tu psiquismo van a negociar este aspecto. Tu verdadero poder, tu “capacidad de poder hacer cosas” se mueve con el motor del orden y la disciplina. Por lo tanto ponte en marcha ya. Establece prioridades, simplifica, sigue un método, márcate metas y objetivos, persevera con constancia y aprende de cada error, porque en realidad los cometes para aprender. Entrena y práctica una y otra vez. No te rindas. Pon amor, conciencia, ilusión y humor en todo lo que haces. Y descubrirás que la disciplina genera endorfinas, que el sudor del esfuerzo produce satisfacciones muy dulces, que el orden te da seguridad, tranquilidad personal y te devuelve el sentimiento de merecimiento, libertad, poder y autoestima.

Ahora, adelante… porque tú puedes.

FRASE: “Busca la libertad y serás prisionero de tus deseos. Busca la disciplina y encuentra tu libertad”. Frank Herbert

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