ADICCIONES EMOCIONALES, ADOLESCENCIA Y AUTOESTIMA

Las emociones no son más que sustancias químicas que empapan las células de nuestro cerebro acostumbrándose a recibir esa dosis y pidiendo cada vez un poquito más.

Todas las adicciones son emocionales. El enganche se produce a la emoción que esa persona, esa actividad o esa sustancia nos produce. Por ejemplo, podemos usar a personas cercanas, a nuestros hijos adolescentes, para sentir decepción, culpa o rabia de manera continuada produciendo una habituación cerebral a esas emociones convirtiéndonos en adictos a ellas.

Sí, estoy diciendo justo lo que parece. No somos víctimas de las malas formas de mi hijo adolescente, de las faltas de respeto continuadas o humillaciones, no reaccionamos de manera irremediable ante tanta dejadez, etc. Somos víctimas de nosotros mismos y en nosotros está la solución.

El uso de sustancias tóxicas (alcohol, fármacos, cannabis, tabaco,…) o actividades (comprar, limpiar, hacer deporte, jugar al póker,…) como medio para sentir una emoción a la que somos adictos es bastante más conocido que el uso de personas, pero es tan usado o más que cualquiera de las otras dos categorías anteriores y quizás de una forma más camuflada y auto-justificada para dañar nuestra autoestima y crearnos situaciones de adicción a, en definitiva, el malestar.

Si no somos capaces de parar la situación que desemboca en esa emoción perdiendo el control de nuestro cuerpo, si justificamos y nos auto-engañamos ante lo ocurrido, si progresivamente se da un aumento en la dosis que necesitamos, lo usamos a modo de distractor o de escape acabando por convertirse en un fin en sí mismo y crea dificultades en otras áreas vitales, estamos ante un comportamiento adictivo.

Como digo da igual que sea por medio de una sustancia, una actividad o una persona, lo que mantiene el comportamiento adictivo es la emoción que ese hecho desencadena.

Identificar la emoción que está en la base de las adicciones es clave para poder desprendernos de ellas.

Si somos capaces de discernir para qué me enfado con mi hijo adolescente seré capaz de encontrar el antídoto ¿qué sientes? y ¿cuál es la emoción antídoto?

La emoción antídoto debe impedirte o ser opuesta a la adicción enganche ya que no puedes sentir tristeza y alegría de manera simultánea.

Si cada vez que hablas con tu hijo acabas enfadándote y dándote una buena dosis de rabia ¿Cuál sería el remedio? Puedes pensar:   “ni adicto ni leches, a mi hijo no hay quién lo aguante”. Pero, ¿qué podemos hacer entonces? Si decides relacionarte con él, educarlo y acompañarle en este proceso vital tan significativo por el que atraviesa, aprende a aceptarlo tal y como es y a ser comprensivo con el momento que vive y a partir de ese punto aprende todo lo que puedas sobre cómo manejar las situaciones conflicto con las que debes enfrentarte a diario, invierte tiempo en mejorar la comunicación con él, etc. pero no lo uses de excusa para dañarte a ti mismo.

La aceptación sería la emoción antídoto en este ejemplo y suele ser un buen antídoto para muchas adicciones en las que usamos a personas.

La estructura que mantiene las adicciones emocionales y permite racionalizar y justificar la dosis de rabia o cualquier otra emoción tóxica está construida a partir del pensamiento.

Mediante el diálogo que mantenemos con nosotros mismos vamos generado situaciones, creando expectativas y preparando el terreno para recibir la dosis que el cerebro necesita. Venimos del trabajo diciéndonos “seguro que no ha recogido la lavadora como le pedí” “estará viendo la tele en vez de estar estudiando”… nos cargamos de rabia o de decepción para justo al entrar por la puerta de casa hacerle saber a nuestro hijo cuánto malestar nos hace sentir su actitud.

No solo generamos las condiciones idóneas mediante el pensamiento sino que, tras la dosis, nos auto-engañamos justificando la respuesta. “No me he pasado ni un pelo, a ver si así se entera de una vez”.

Nadie ni nada te hace daño. Tus pensamientos, tus emociones y tus respuestas son tu responsabilidad.

Frase: “Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única”. Albert Einstein

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