ANSIEDAD Y AUTOESTIMA

¿Has sentido alguna vez inquietud, estrés, preocupación, impaciencia, intranquilidad, impotencia, angustia o nerviosismo? ¿Sufres ansiedad?

La ansiedad es una respuesta normal o adaptativa que guarda relación con el instinto de supervivencia y que prepara al cuerpo para reaccionar ante una situación de emergencia. Se trata de una señal de “alarma del cuerpo” para tratar de adaptarse lo más rápidamente a una nueva situación, a un cambio o a la incertidumbre. Por tanto se trata de una respuesta normal y sana cuando nos prepara de manera proporcional para responder adaptativamente a las circunstancias que te rodean.

En cambio, si se da una respuesta desproporcionada e interfiere en tu funcionamiento cotidiano, afecta o te invalida en otras áreas como tu salud, tu trabajo o tus relaciones sociales, con marcados síntomas físicos y psicológicos y se mantiene más allá de los motivos que lo han desencadenado, puede que estemos ante una respuesta patológica.

Seguro que conoces algún caso de personas de tu entorno que han acudido al servicio de urgencia refiriendo taquicardias, mareos, dificultad para respirar, nauseas, vómitos, con una aterradora sensación de muerte inminente recibiendo un diagnóstico de ataque o crisis de ansiedad.

Puede que los síntomas psicológicos activaran los físicos o puede que la cadena comenzara al revés.

Desde la autoestima, la ansiedad es la emoción que se encuentra en la frontera de la zona de confort e indica la zona de incertidumbre. Se trata de una emoción que combina la anticipación con el miedo. La ansiedad tiene una función de aviso, como la luz de reserva de nuestro coche, que nos advierte que entre nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras conductas existen incoherencias. Nos dice, que no estamos viviendo conforme a lo que realmente nosotros queremos para nuestra vida. Puede que mediante la manifestación de la ansiedad nos digamos cosas como que: estamos asumiendo demasiados compromisos y actividades, que nos estamos perdiendo el momento presente pensando en asuntos pasados o anticipando el futuro, que estamos yendo contra nuestros principios en alguna cuestión, un diálogo permanente de queja y crítica en vez de gratitud, etc. En definitiva nos avisa de que nos estamos alejando de nosotros mismos y de que no estamos viviendo la vida que realmente deseamos o merecemos vivir.

Esta ansiedad inicial evoluciona hacia otras emociones como el miedo, la rabia, la tristeza, la vergüenza.

Entre las técnicas psicológicas más eficaces para afrontar estados de ansiedad y combatirlos, además de atender la luz de alarma y resolver la cuestión que la enciende, te animo a que pruebes a hacer afirmaciones positivas que orienten tus pensamientos, escribir, ya que la escritura tiene una función terapéutica, reinventar la manera que tienes de pensar sobre temas desencadenantes de la ansiedad, hacer meditación, hacer terapia, entrenar tu respiración, hacer algo de ejercicio físico, bailar, la relajación, etc.

Sobre todo, vuelve a ti, sitúate en el centro de tu vida y verás como la ansiedad se minimiza hasta desaparecer.

Frase: “La parte nunca puede estar bien al menos que el todo esté bien.” · Platón

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