VELOCIDADES DEL CAMBIO

El cambio es algo natural y continuo. Permanentemente estamos cambiando.
A la hora de hacer esos cambios podemos afrontarlos desde diferentes perspectivas. Podemos cambiar de look, cambiar de coche, de ciudad, dejar la pareja, cambiar de trabajo o de profesión, podemos acoger un perro, tener un hijo, casarnos, pintar el salón, dejar de fumar, hacer dieta.

Hay quién trata de cambiar lo que hace en su vida sin modificar en absoluto lo que piensa sobre esa conducta. Personas que dejan de fumar y siguen pensándolo desde la pérdida años después, que piensan que les gustaría seguir fumando, etc.

O quién trata de cambiar el entorno para lograr el cambio que necesitan hacer en ellos mismos. Esperaré a que pasen las fiestas de Navidad para dejar de fumar o ya lo haré cuando no tenga tanto trabajo… E incluso esperan a que otras personas sean las que cambien para ellas hacerlo.

Nada de esto va a funcionar.

Para que el cambio sea real, profundo, sincero debe ser coherente. Debe alinear lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Si no es así no tardarán en repetirse los problemas porque habrás cambiado para no cambiar.

Para que un cambio se consolide debe hacerse de dentro a afuera.

Los cambios reales siguen una secuencia.

Lo primero que debemos hacer es abrir la mente y comenzar a cambiar nuestra manera de pensar, revisar nuestras creencias, nuestros paradigmas e incluso nuestra percepción para lograr ver el mundo con nuevos ojos. Lo primero que hacemos es cambiar nuestros pensamientos.

El siguiente cambio es un poco más lento. Se trata de cambiar lo que sentimos. Las emociones son consecuencia del pensamiento que mantenemos. Si pienso “mal” me sentiré triste, si me preocupo me provocaré tensión y ansiedad,… Por lo que es preciso conocer y manejar nuestros pensamientos como paso previo para ser capaz de gestionar nuestras emociones.

Una vez el pensamiento y la emoción están alineados, es el momento de pasar a la acción. Llega la materialización. Para que las cosas cambien hay que hacer que cambien. Es el momento en el que el cambio se hace real.

Cuando mantenemos esas acciones en el tiempo logramos hábitos de conducta. Ya no fumamos y eso es lo habitual.

En este punto se dan los cambios biológicos, ahora llevamos ese cambio al cuerpo. Ese cambio se manifiesta con la desaparición de somatizaciones o las enfermedades que nos alertaban de la necesidad de hacer el cambio que ahora mantienes, como por ejemplo, estados de ansiedad, problemas en la piel, problemas digestivos, … y el punto en el que esos cambios mentales se traducen neuropsicológicamente hablando en nuevas redes cerebrales que se construyen en tu cerebro.

Todo lo que hacemos, decimos, pensamos, sentimos tiene su representación orgánica en tu cerebro. Pensar, hacer, sentir de otra manera requiere de un cambio cerebral. Date tiempo y persiste porque si lo haces, la transformación se dará.

En último término cambiará tu entorno. Al final, la realidad cambia cuando tu cambias.

Frase: “Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo.” · Mahatma Gandhi

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RECOMENDACIÓN:

“El cambio

Michael Joorgian es el director de la película El Cambio (con título original inglés The Shift), cuyo protagonista principal es el Dr. Wayne Dyer y en la cual se relata de una forma muy humana sus ideas sobre el sentido de la vida, las relaciones entre las personas y la siempre presente posibilidad de que todo puede adquirir un significado. Es una propuesta para volver a descubrir nuestro verdadero yo, nuestro propósito y la vida con sentido que es nuestra verdadera vocación.

 

 

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