Tenemos 5 emociones básicas, emociones naturales, francas y puras. Emociones básicas que son compañeras desde tiempos inmemoriales y aliadas en nuestra aventura de vivir. La alegría, el asco, la tristeza, el miedo y el enfado no son buenas ni malas, catalogarlas así es reducirlas y subestimarlas. Son parte sustancial de quiénes somos como especie, de nuestras decisiones y del valor que damos a nuestras vidas. El miedo quizás sea la emoción básica más presente en este momento de nuestras vidas y más aborrecida en cuanto que nos genera tensión, ansiedad, angustia e incertidumbre. El miedo es la señal biológica que nos damos a nosotros mismos para avisarnos de que estamos corriendo un riesgo. Es un piloto que se enciende para indicarnos que lo que va a ocurrir entraña una posibilidad de estar en peligro. La valoración de dicho riesgo o peligro, así como de la oportunidad que emana de dicho riesgo, ya no es tanto responsabilidad del miedo como de nuestra parte analítica que ha de evaluar si ese miedo es correcto, exagerado o subestimado. Cuando el...

No somos todopoderosos, no somos invulnerables, no somos eternos, no somos dioses. Somos seres humanos, expuestos a todo aquello que puede traer la vida. Nos trae alegrías y tragedias, nos trae éxitos y fracasos, nos trae personas y nos las quita. Unas veces lo esperamos y otras veces nos coge totalmente desprevenidos. Unas veces nos sentimos capaces de afrontarlo y otras veces sentimos que no vamos a poder con el dolor, la rabia, la culpa o la vergüenza. Unas veces creemos entender lo que nos ha pasado y otras veces maldecimos el sinsentido que estamos viviendo. Cuando la vida golpea muy fuerte nos genera un trauma. No es debilidad de carácter, es una fuerza que nos devasta y amenaza con destruirnos por muy fuertes que hayamos sido hasta entonces. Nos ha golpeado con tal violencia, sorpresa y crudeza que sentimos que hemos caído tan abajo que ya no podremos volver a levantarnos. Y cuando lo esperable es pensar que todo está perdido, que no podemos hacer nada o que no tenemos fuerza para hacer lo que...

Hace tiempo que llegó la hora de irte de donde has estado, de donde has disfrutado, de donde has crecido, de donde has aprendido, de donde has amado, de donde has trabajado. Se ha cumplido un ciclo y lo sabes. Las señales empezaron débiles y dispersas para tornarse en rotundas y constantes. Y no eres tonto, ni estás ciego o sordo. Estás forzando la situación porque te resistes a irte. Niegas el hecho de que todo tiene un inicio y un final, te cuesta aceptar el desenlace y dejar marchar lo que ya no da para más. En donde estás ahora sientes demasiado aburrimiento, ya no hay curiosidad ni motivación por seguir creciendo. Es todo más de lo mismo y siempre lo mismo y otra vez lo mismo y una vez más lo mismo. Lo que en otro tiempo fue un reto ahora es automatismo. Tic, tac, tic, tac, tic, tac. Y no eres un robot. La búsqueda es un inicio, te insta a partir a territorios nuevos y te hace sentir vivo. En donde estás ahora...

Cuando ser rebelde es la solución, cuando ir a la contra es la manera de acertar, cuando pensar diferente a una mayoría es estar más cerca de la verdad que ellos, cuando actuar de forma distinta a lo que se venía haciendo hasta ahora es conseguir mejores resultados. Cuando ser rebelde no significa que seas obstinado, terco, desobediente o indisciplinado. Cuando ser rebelde e ir a la contra es la mejor respuesta. ¿Pero cómo saber que el momento de ser rebelde es ahora? Sabes más de lo que eres capaz de expresar. Tener una intuición y seguirla no es apostar, no es ir al casino esperanzado de que en la ruleta salga el rojo y jugártela porque sí. Una intuición, una corazonada es una idea que aparece rápida y súbitamente en tu consciencia y que se instala en ella. De las razones subyacentes a dicha intuición no eres plenamente consciente pero es lo bastante fuerte para que quieras actuar en función de la misma. El riesgo es actuar cuando lo que te pide tu intuición te...

¿Te has preguntado alguna vez cuántas vidas mantienes a la vez? En épocas en nuestra vida, a horas, en momentos o instantes, nos convertimos en otras personas distintas a quién realmente somos. Nos disfrazamos, haciendo uso de los personajes que conforman nuestra identidad, y actuamos como si de una obra de teatro se tratara para un público real o, incluso a veces imaginario. Socialmente es algo aceptado y también valorado como una buena habilidad. El problema viene cuando no tenemos consciencia de que estamos usando un personaje o si es el personaje el que nos maneja a nosotros. Existen personas capaces de mantener esos disfraces tanto tiempo puesto que no son capaces de diferenciar quienes son en realidad llegando a confundir la ropa que se ponen con la verdadera piel. Mentir, ocultar, transformar la realidad, negarla,… genera un fantasía lejana de la realidad por un lado atractiva, ya que en ella te permites cosas que quizás en tu día a día no, pero muy dañina y peligrosa corriendo el riesgo de apreciar más esa vida que creas que la...

Por falta de valentía, temiendo equivocarte y cometer errores, permites que otros decidan por ti en aquello que te inquieta. Que sea otro quien te despida, en vez de irte de un trabajo en el que realmente lo único que tienes que perder es el sueldo. Que sea otro quien se sitúe en primer plano, se “moje” opinando y diga lo que piensa aunque no sean ideas bienvenidas. Que sea otro quien arriesgue por un sueño, una idea o una relación. Julio Verne decía que todo lo que una persona pueda imaginar, otra podía hacerlo realidad. Que sea otro quien te saque de tu espacio de seguridad para así, si salen mal las cosas, poder culparle en vez de agradecerle que apostase por ti y confiase en ti más de lo que tú lo haces. Puede que no sea miedo a las dificultades y peligros del camino, a lo mejor la decisión que te asusta y que dejas en manos de otros es qué ruta vital escoger porque eso significa dejar de recorrer otros caminos. Por...