TIEMPO DE MARCHARSE

Hace tiempo que llegó la hora de irte de donde has estado, de donde has disfrutado, de donde has crecido, de donde has aprendido, de donde has amado, de donde has trabajado. Se ha cumplido un ciclo y lo sabes. Las señales empezaron débiles y dispersas para tornarse en rotundas y constantes. Y no eres tonto, ni estás ciego o sordo. Estás forzando la situación porque te resistes a irte. Niegas el hecho de que todo tiene un inicio y un final, te cuesta aceptar el desenlace y dejar marchar lo que ya no da para más.

En donde estás ahora sientes demasiado aburrimiento, ya no hay curiosidad ni motivación por seguir creciendo. Es todo más de lo mismo y siempre lo mismo y otra vez lo mismo y una vez más lo mismo. Lo que en otro tiempo fue un reto ahora es automatismo. Tic, tac, tic, tac, tic, tac. Y no eres un robot. La búsqueda es un inicio, te insta a partir a territorios nuevos y te hace sentir vivo.

En donde estás ahora sientes demasiado rencor, culpas a otros del desenlace, del despido, de la ruptura… Crees que sentirte víctima, con razón o sin ella, va a atraer cierta justicia que repare el daño causado y reinicie lo que se ha perdido. Piensas que se darán cuenta de su atropello y rectificarán. A veces el rencor te impide ver que otros tomaron decisiones sobre ti que tú deberías haber tomado antes. Quien te despidió, quien te dejó, quien te empujó fue quien empezó tu transformación, no la pares tú ahora. Que no te frene tu orgullo. Aprovecha esa inercia y más tarde comprenderás y agradecerás la fuerza que te puso en marcha.

En donde estás ahora sientes demasiado miedo, más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. ¿Más vale pudrirse que equivocarse? Cambiar de verdad es perder el control, no tener un mapa del tesoro ni una red de seguridad. Cambiar de verdad es eso, ir en serio a un lugar que aún no conoces pero que intuyes es a donde debes ir. La autoestima es interiorizar que te mereces ese cambio y que puedes convertirlo en un nuevo reto superado. Puedes y te lo mereces.

En donde estás ahora te aferras al pasado, a lo que fue y no será. Te haces dependiente de un lugar, de una persona, de un trabajo y no le sueltas, no quieres que te abandone. Como un niño, te enrabietas y enfadas, te asustas y lloras. Como un niño, atacas al adulto que simplemente se comporta como tal y toma sus propias decisiones. Prefieres ser dependiente a libre. Deja ir a lo viejo para que llegue lo nuevo, deshazte de lo antiguo para dejar sitio a lo futuro. En el medio, durante la mudanza, hay desierto e incertidumbre, hay soledad y espera. No es el castigo de los dioses por tu osadía y temeridad. Es el precio a pagar, el precio que te pide la vida para saber si vas en serio en tu cambio o si sólo es maquillaje psicológico. Es tiempo de marcharte. Tu nueva vida te espera.

Frase: “Peca de grosero quien aguarda a que le digan que se vaya.” · Tirso de Molina

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