IR A LA CONTRA

Cuando ser rebelde es la solución, cuando ir a la contra es la manera de acertar, cuando pensar diferente a una mayoría es estar más cerca de la verdad que ellos, cuando actuar de forma distinta a lo que se venía haciendo hasta ahora es conseguir mejores resultados. Cuando ser rebelde no significa que seas obstinado, terco, desobediente o indisciplinado. Cuando ser rebelde e ir a la contra es la mejor respuesta. ¿Pero cómo saber que el momento de ser rebelde es ahora?

Sabes más de lo que eres capaz de expresar. Tener una intuición y seguirla no es apostar, no es ir al casino esperanzado de que en la ruleta salga el rojo y jugártela porque sí. Una intuición, una corazonada es una idea que aparece rápida y súbitamente en tu consciencia y que se instala en ella. De las razones subyacentes a dicha intuición no eres plenamente consciente pero es lo bastante fuerte para que quieras actuar en función de la misma. El riesgo es actuar cuando lo que te pide tu intuición te hace ir a la contra, de una mayoría, de un paradigma que se ha cumplido hasta ahora, de la opinión generalizada de cómo son las cosas y cómo deberías actuar.

Hasta hace muy pocos años, determinadas ideas y creencias eran aceptadas por una inmensa mayoría e ir en contra de esas ideas significaba ser un visionario, un irresponsable, un excéntrico o un vago. Ideas que sustentaban la economía de los países, como que el precio de los pisos nunca bajaba y siempre eran una buena inversión. Ideas que sustentaban el recorrido académico de toda una generación y el esfuerzo económico consecuente de sus padres, como que la educación universitaria genera un puesto de trabajo estable y de calidad para el resto de la vida. Ideas que sustentaban la salud mental de las personas, como que tener estrés y ansiedad era de personas débiles o asustadizas, por lo que había que esconder dichos síntomas y no consultar por ellos.

Las personas que intuitivamente se enfrentaron a dichas ideas y fueron a la contra tenían cosas en común: se aceptaron tal y como eran, superando el miedo a ser diferentes y a la soledad. Fueron coherentes con sus principios, a los que consideraban irrenunciables aunque a corto plazo fuese difícil vivir desde ellos. Tuvieron la valentía de afrontar su visión diferente, de expresar sus ideas sin el manto de protección que da pensar como la mayoría. Amaron la libertad de poder elegir, como adultos que se responsabilizan de sus decisiones importantes y no las dejan en manos de otros. Es la autoestima, el sentirse seguro de uno mismo para ser verdadero y consecuente.

Frase: “Hasta que no tengan conciencia de su fuerza, no se rebelarán, y hasta después de haberse rebelado, no serán conscientes. Éste es el problema.” George Orwell

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