SUEÑOS Y AUTOESTIMA

No es soñar como dormir, es soñar como vislumbrar, imaginar y fantasear. Soñar de verdad es apuntar muy alto con nuestra imaginación. Tan alto, que puede parecernos imposible. Somos capaces de matar nuestros sueños con cuchillos como la falta de tiempo, la falta de recursos, la falta de fuerzas o la falta de ayuda. Si no nos ilusiona, si no nos enciende, si no nos hace volar, entonces no es un sueño. Y la posibilidad de materializar ese sueño, es una de las cosas que hace nuestra vida apasionante.

La huella de un sueño no es menos real que la de una pisada. A veces el sueño puede ser más real que la realidad misma, instalándose en nuestra mente de forma obstinada. Muchas veces lo más real, lo más material, se olvida y se relega. Nuestros sueños en cambio se escogen y se evocan. Nuestros sueños están hechos del primer material necesario para construir nuestro futuro: una idea.

Flaubert llamaba a los sueños las sirenas del alma, que nos llamaban cantando y nunca más retornábamos. Los sueños nos hipnotizan y embelesan, corriendo el riesgo de dormitar en ellos de forma permanente. Quedarnos dormidos es desperdiciar nuestros sueños. Hemos de recordar que para que los sueños se hagan realidad, tenemos que despertar. Volvemos a la realidad para construir nuestros sueños y para ello necesitamos autoestima, creer en nosotros mismos para que nuestros miedos no ahoguen nuestros sueños. Porque sin autoestima, nos decimos “¡ni en sueños!” cuando algo nos parece inalcanzable.

Las pesadillas son la otra cara de la moneda de los sueños. Una pesadilla es el exceso de preocupaciones, bajar la cabeza en vez de mirar hacia arriba. Las pesadillas son centrar nuestra imaginación en lo negativo, en lo que puede salir mal, en lo que no vamos a lograr, en lo que parece que no es para nosotros. Las pesadillas no se borran, se superan con nuestros sueños. Y los sueños van creciendo a medida que lo hacemos nosotros.

Frase: “Un hombre que no se alimenta de sus sueños envejece pronto” · William Shakespeare

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RECOMENDACIÓN:

“Origen

Dom Cobb (DiCaprio) es un experto en el arte de apropiarse, durante el sueño, de los secretos del subconsciente ajeno. La extraña habilidad de Cobb le ha convertido en un hombre muy cotizado en el mundo del espionaje, pero también lo ha condenado a ser un fugitivo y, por consiguiente, a renunciar a llevar una vida normal. Su única oportunidad para cambiar de vida será hacer exactamente lo contrario de lo que ha hecho siempre: la incepción, que consiste en implantar una idea en el subconsciente en lugar de sustraerla. Sin embargo, su plan se complica debido a la intervención de alguien que parece predecir cada uno de sus movimientos, alguien a quien sólo Cobb podrá descubrir.

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