ANGUSTIA Y AUTOESTIMA

La angustia vivida como un angostamiento, una estrechez perturbadora. El angustiado como oprimido, apretado en el cráneo, en las costillas y en el estómago. Éste es el origen etimológico de la palabra angustia. Una sensación de estrechamiento físico, ahogo pulmonar, inestabilidad psíquica y hasta temblores y escalofríos en todo el cuerpo. Por sufrirla con mucha intensidad y de forma continua, hasta puede llegar la sensación de perder el control y volverse uno loco. La angustia en una de las peores sensaciones que puede llegar a sentir un ser humano y, paradójicamente, una de las patologías más desatendidas por la medicina actual, que se afana en recetar psicofármacos para enmascarar los síntomas sin solucionar las causas. Tratar la angustia sólo con ansiolíticos y antidepresivos es como calmar la sed sólo con refrescos de cola: solución de emergencia a corto plazo que se convierte en sí mismo en otro problema a largo plazo.

La angustia es una sensación “flotante”, a la espera de unirse a algo que justifique su existencia. Se puede estar angustiado por todo y por nada, por lo que podría suceder y por lo que aún no se conoce, por si pasa algo, por si no pasa algo o por si no pasa como uno querría. La angustia es “flotante” porque, a diferencia del miedo, no se asienta en algo concreto. Se tiene miedo a suspender un examen y angustia por lo que será de tu vida si suspendes ese examen. Se tiene miedo a una entrevista de trabajo y angustia por quedarse en el paro indefinidamente. Se tiene miedo por el no de otra persona y angustia por si uno es rechazado. Se tiene miedo por afrontar un reto concreto y angustia por salir del espacio de seguridad. El miedo es miedo a algo, la angustia no necesita un objeto para aparecer.

Por eso la angustia está tan asociada a la libertad, mejor dicho, a la cara menos “atractiva” de la libertad: a la incertidumbre del futuro, a la responsabilidad hacia uno mismo, al principio de realidad, a la capacidad de frustración, a posponer los deseos,… Y amurallarte ante la angustia de la libertad, convertir tu espacio de seguridad en un búnker, tampoco es una solución ya que entonces la angustia te devora por dentro. Uno mismo se convierte en la angustia. El remedio no es encerrarte más, es atreverte a abrir las ventanas. El amor hacia uno mismo como cimiento del crecimiento y la superación de la angustia: uno tiene que ir muy lejos para saber hasta dónde puede llegar y sólo puede hacerlo si realmente se quiere a sí mismo.

Trabaja tu autoestima como solución real y duradera de tu angustia. Si tu angustia es desconfianza hacia la vida, piensa que quizás no confías en ti mismo. Tienes dentro de ti todo lo que necesitas para superar los retos de tu vida. Si tu angustia se origina por tus pensamientos negativos, los ladrillos con los que construyes tu infelicidad, cambia de arquitecto. Piensa de otra forma, más constructiva y con más amor hacia ti mismo. Si tu angustia es miedo al futuro, mírale a los ojos, sonríele y dile: “te doy la bienvenida, porvenir, acepto todo lo que me traigas, lo bueno y lo malo, y agradezco vivir las experiencias que me aportes porque gracias a ellas creceré”. La angustia te empequeñece y aplasta, el amor a ti mismo, te engrandece y alienta.

FRASE: “La angustia es el vértigo de la libertad”. Sören Kierkegaard

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