LIBERTAD EMOCIONAL

Cuando cambia tu estado emocional, tu mundo también cambia. Si estás “depre” todo se vuelve gris, si sientes alegría, todo se vuelve rosa, si sientes preocupación, todo se vuelve negro. Tu estado emocional puede ser tu tirano o tu aliado, tu motivador o tu debilitador, tu facilitador o tu obstáculo. Cómo te sientes, fisiológica y emocionalmente, influye en cómo piensas. Y lo que piensas, lo que decides, aquella parte de tu mente donde reside tu libertad para elegir, tu imaginación y tus ideas del futuro, están influidos por tu estado emocional. Sin libertad emocional no hay libertad real. Por muy buenas intenciones que tengas, por muchas buenas oportunidades que se te presenten, por mucha gente interesante que conozcas, la ausencia de libertad emocional es un lastre. Y recuerda que libertad es independencia y responsabilidad, no es hacer lo que te da la gana. La libertad emocional no es sentir emociones positivas a cada momento, es saber qué sientes a cada momento y saber cómo gestionar dichos estados emocionales.

La libertad emocional empieza por saber calibrarte, reconocer en qué estado emocional te encuentras. Conectar con tus emociones para reconocerlas rápidamente y no reaccionar ante ellas como si fuesen desconocidas que irrumpen sin aviso, enemigas que no son tú misma en realidad o saboteadoras que impiden continuamente tu progreso. Calibrarte es conocerte, saber que sientes rabia porque las cosas no han pasado como tú creías que deberían ocurrir. Calibrarte es conectar con tus miedos, saber qué te preocupa, qué peligros te están acechando y si son tan peligrosos como los sientes. Calibrarte es reconocer tu alegría, emoción refrescante y gozosa pero que puede hacerte caer en decisiones impulsivas si no la controlas.

Después de la calibración viene el autocontrol, saber dirigir tu estado emocional actual de la manera más rentable posible para ti. Sin autocontrol, las personas tienden a evitar las emociones negativas, o a reprimirlas, o a dejarse llevar por ellas, o a culpabilizar a otros, o a avergonzarse de ellas. El autocontrol es la respuesta más adecuada que puedes dar a lo que te está ocurriendo mientras sientes lo que sientes. Es decir, que el autocontrol implica seguir sintiendo durante un tiempo la emoción negativa, como una mochila que portas sintiendo su peso. Y con ese peso encima, sin negarlo o rebelarse ante él, dar la respuesta más eficaz posible. Si sientes una mochila emocional de 10 kilogramos en tu espalda no puedes proponerte correr una maratón.

El autocontrol no es el final del camino, es más bien un facilitador, una puerta que se abre para permitirte el cambio. ¿Qué opciones aparecen ante ti por autocontrolarte más? ¿Eres más valiente, con más serenidad, más sociable, más responsable? ¿Qué oportunidades reales te otorga el autocontrol? A veces, en el fondo, no quieres controlarte para no tener que afrontar dichas posibilidades nuevas. Prefieres mantenerte en tu espacio de seguridad aunque tengas que seguir sufriendo las emociones negativas de siempre.

También es sumamente rentable para tu bienestar que influyas en tu estado emocional y no simplemente reacciones ante él. En psicología se denomina inducir al proceso de guiarte a un estado emocional en particular. La experiencia emocional no es sólo lo que sientes sino también lo que tú haces con lo que sientes. Inducirte estados emocionales positivos como la calma o el valor, es otra de las características de las personas con libertad emocional. Dejan de ser reactivas emocionalmente y pasan a ser proactivas. Eligen lo que quieren sentir y son capaces de hacerlo realidad. No es magia, es libertad emocional.

 

Frase: “Si no tienes la libertad interior, ¿qué otra libertad esperas poder tener?” · Arturo Graf

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