La búsqueda de las claves neuronales de la felicidad

En un reciente artículo publicado en la prestigiosa revista de psicología y neurociencia Current Opinion in Behavioral Sciences, Eran Eldar y sus colegas definen la felicidad como la creencia de que aumenta la frecuencia de eventos en nuestra vida que resultan mejor de lo que esperamos. Desde su punto de vista, por lo tanto, alguien que cree que son cada vez más frecuentes los eventos que resultan mejor de lo esperado es feliz. Por el contrario, alguien que cree que son cada vez menos frecuentes los eventos que resultan mejor de lo esperado es infeliz. Se trata de una definición curiosa, y quizás incluso rebuscada. ¿Es la felicidad realmente una creencia? ¿Por qué dar tanta importancia a los eventos que resultan mejor de lo esperado? La respuesta a estas preguntas, y la clave para entender la definición de felicidad que proponen, está en el campo de la neurociencia que se llama neurociencia computacional. La neurociencia computacional tiene como objetivo entender la manera en la que la interacción entre neuronas da lugar a nuestra manera de valorar opciones y resultados presentes o futuros, las decisiones que tomamos, la manera en la que aprendemos de los resultados y decisiones pasadas, y cómo todo esto se traduce también en emociones y sentimientos.

Uno de los hallazgos más transcendentales de la neurociencia computacional es que lo mucho o poco que nos agrada algo (un objeto, un sabor, un olor, una persona, una acción o una palabra) no depende únicamente de ese algo. Lo mucho o poco que nos agrada una experiencia depende en gran medida de nuestras expectativas, de lo que anticipábamos que sería esa experiencia. El sabor más o menos agradable de un helado de chocolate no depende solo de los ingredientes, la textura, o la temperatura del helado. El sabor es el resultado de comparar esas propiedades del helado con lo que esperábamos encontrar. Lo mucho o poco que disfrutamos de una película depende de las expectativas que tengamos acerca de ella antes de verla. Cuando la experiencia es mejor de lo que esperábamos sentimos placer o agrado. Pero cuando la experiencia es peor de lo que esperábamos, sentimos rechazo, decepción o desagrado. En resumen, el grado de placer que sentimos es la diferencia entre lo que experimentamos y nuestra expectativa de lo que íbamos a experimentar. Las claves neuronales de este placer están en la actividad de varios circuitos neuronales cuyo mecanismo fundamental de comunicación es un neurotransmisor llamado dopamina. Cuando el resultado es mejor de lo esperado, nuestro cerebro libera dopamina y se genera placer. Cuando el resultado es peor de lo esperado, se inhibe la liberación de dopamina, y sentimos frustración.

El argumento de Eldar y sus colegas es que la felicidad emerge del seguimiento que hace nuestro cerebro de esas discrepancias entre lo esperado y lo ocurrido. Nuestra experiencia cotidiana se podría entender como series de eventos. Algunos resultan ser mejores de lo que esperábamos, y otros resultan ser peores. Cuando ese mecanismo de seguimiento detecta que aumenta la frecuencia de eventos que resultan mejor de lo que esperábamos, se produce la felicidad. Pero cuando ese mecanismo de seguimiento detecta que disminuye la frecuencia de eventos que resultan mejor de lo que esperábamos, se produce la infelicidad.

A pesar de tratarse de una investigación de primera línea, dista mucho de ser una explicación convincente y útil de lo que es la felicidad. Esta teoría nos viene a decir que para ser felices tenemos que exponernos con frecuencia creciente a eventos que resultan ser mejores de lo que esperábamos: salir más a ver películas que creemos que serán muy malas, ir más a tomar helados que anticipamos que no nos gustarán mucho, o tener más citas con personas que creemos que no nos gustarán. “Haz muchas cosas de las que esperes poco”. De esta manera, hay muchas posibilidades de que disfrutemos más de lo que esperábamos de la película, el helado y la cita. Sin embargo, parece una receta muy pobre para lograr la felicidad.

De hecho, la definición de felicidad que dan Eldar y colaboradores se deja fuera todo lo que hace que la felicidad valga la pena, todo aquello que hace que la felicidad sea mucho más que la mera acumulación de eventos mejores de lo esperado. En primer lugar, en el esquema de Eldar no hay lugar para conseguir metas, superarse uno mismo, o sentirse orgulloso. En ese esquema, nos pasan cosas, pero no participamos de la consecución de esas cosas. La felicidad es algo íntimo, parte de uno mismo y acaba en uno mismo. No tiene tanto que ver con cosas que nos pasan, con la gratificación externa, como con la satisfacción con aquello que logramos, con hacer que las cosas pasen, con metas que nos hemos fijado y conseguimos alcanzar, con límites que conseguimos rebasar. En segundo lugar, en el esquema de Eldar no hay lugar para el amor. La felicidad tiene que ver con amar: tiene que ver con amarse uno mismo, amar lo que uno es, poner amor en todo lo que uno hace, y estar abierto al amor que recibirá del mundo.

Si la definición de Eldar y colaboradores representa el estado actual de la investigación sobre las claves neuronales de la felicidad, solo se puede concluir que estamos muy lejos de comprender las claves neuronales de la verdadera felicidad: aquella que tiene que ver con el placer sereno, íntimo, de amarse uno mismo.

ESCÚCHALO AQUÍ:

“A veces son las personas sobre las que nadie imagina nada quienes logran cosas que nadie pude imaginar”

Alan Turing

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.