MIEDO AL CONFLICTO

No hay relación real sin conflictos. Ya sea en el trabajo, en la familia o en la pareja, la propia dinámica del día a día conlleva la aparición de desencuentros. Es un error de inmadurez confundir relación sana con relación sin problemas. La relación sana es la que resuelve los problemas, no la que los esconde. Esconder un conflicto genera una sensación de armonía artificial, donde la tensión se encuentra latente y estalla en momentos inesperados o se manifiesta continuamente de forma solapada. Einstein decía que la formulación de un problema era más importante que su resolución. En la formulación del problema se incluye su aceptación como tal, la aceptación de las partes que intervienen y de los intereses de cada parte.

Conflicto no es sinónimo de violencia. Conflicto tampoco implica agresión. Conflicto es simplemente diferencia. No somos iguales, tenemos intereses diferentes que provocan posiciones contrapuestas. Lo que convierte al conflicto en algo violento es cómo se encara, no la presencia del mismo. Gandhi decía que para una persona no violenta, todo el mundo era su familia. En el fondo posiblemente hablara de intereses compartidos. El compromiso se refuerza con el afrontamiento, nunca con su evasión.

Desde la falta de confianza, los miembros de la relación a veces se muestran pasivos ante la resolución del conflicto y callan, generando secretismo y ocultación. La sensación íntima y no reconocida de cada parte de que “al menos yo no pierda” es tóxica para la propia relación. También lo es la ambigüedad. Sí pero no. Actuar a medias. Aceptar con peros no es aceptar. Agradar a todos para no contentar a nadie. Se necesita claridad, ser valiente para hablar sin disimulo y exponer la propia opinión antes de atacar la de la otra parte. El miedo a quedar mal, a no complacer o a ser quien inicia una discusión paraliza y se convierte en enemigo de la resolución.

Desde la falta de confianza también se ataca violentamente, se intenta destruir la posición del “rival” para no enfrentarse a lo que de verdad asusta: el interés personal legítimo de la otra parte. El prejuicio es la barrera de defensa primaria para negar al otro, sus derechos e intereses. La intolerancia quiere aplastar el conflicto, anulando la importancia de la otra persona en su resolución. Enfrentarse con determinación al problema, no a las otras personas decía Joseph Conrad.

La clave es la comunicación. Hablar y escuchar. Reuniones, las justas y necesarias para exponer lo que ocurre y resolverlo. Si no hay conflicto, no hacen falta las reuniones ya que se convierten en meras charlas que hacen perder el tiempo. Si hay conflicto, reuniones hasta que se resuelva. Nadie se levanta de la mesa sin un compromiso compartido. ¿Y si el problema es irresoluble? El compromiso es que todas las partes lo aceptan así.

También cuando se está resolviendo un conflicto, las cosas suelen empeorar antes de empezar a mejorar. Sólo la autoestima es capaz de aplacar al ego individual de cada miembro cuando hay tormenta y parece que el desastre aguarda en cada esquina. Cuidado con el orgullo que está más cómodo dentro del problema que resolviéndolo. Otra vez la confianza como base del acuerdo. Otra vez la negociación desde el paradigma ganar/ganar para que el conflicto sea productivo y haga crecer a todas las partes.

FRASE: “¿Acaso no destruimos a nuestros enemigos cuando los hacemos amigos nuestros?”. Abraham Lincoln

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1 Comment
  • sonsoles
    Posted at 20:49h, 02 junio

    muy claro, mil gracias
    la frase “Cuidado con el orgullo que está más cómodo dentro del problema que resolviéndolo” me ha sido muy reveladora, es verdad que a veces parece que nos gusta la discusión. Lo dicho, muy claro

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