RELACIONES DE PAREJA

Algunas relaciones de pareja fracasan teniéndolo todo a su favor y otras sin embargo, se mantienen en el tiempo, son estables e incluso parecen felices a su manera, cuando nadie habría apostado nada por ellas desde el principio.

Nos podemos preguntar si existe alguna fórmula que haga posible el buen funcionamiento de una pareja, algún sistema que nos permita entender lo que está pasando en la relación y si cabe que son sirva de ayuda en el caso de que la pareja naufrague.

Tal vez exista esa fórmula o tal vez no. Lo que es cierto es que lo que funciona y va bien en unas relaciones, no sirve de nada en otras. Incluso lo que a una misma persona le servía con una pareja puede serle un inconveniente con otra. Eso es así porque cada pareja es todo un mundo con reglas propias e identidad en sí mismo, que transciende a quienes lo componen. Las personas nos encontramos para crear experiencias comunes con las que aprender y crecer juntos, y aquellas personas que escogemos como nuestra pareja son especialmente importantes.

En una pareja hay cuatro pilares sobre los que la relación de sostiene y dependiendo de cómo sean estos, la relación será más o menos firme y estable o terminará derrumbándose..

El primero es la carga emocional. Es aquello que sentimos por la otra persona. Los afectos, las emociones y sentimientos. Es una experiencia interna y subjetiva porque las emociones rara vez atienden a razonamientos objetivos. Y generalmente asimétrica porque es infrecuente que en una relación de pareja, las dos personas se quieran igual, siempre hay alguien que quiere y otro que se deja querer.

El segundo es la comunicación. La comunicación es la vía del conocimiento. Las personas nos conocemos a través de la observación de la conducta y de lo que hablamos. La comunicación es el alimento de cualquier tipo de relación. Y cuando la comunicación se empobrece, no es directa, hay silencios, omisiones, ocultaciones o mentiras la relación empieza a enfermar. Puede hacerse más cómoda y menos conflictiva, pero habrá empezado el principio del fin. La razón más frecuente por las que las parejas se separan suele ser la “falta de comunicación”. Y curiosamente muchas veces esa pérdida comienza con la convivencia. Confundimos vivir con la persona que amamos, compartir una hipoteca, los hijos o las vacaciones de verano con la comunicación. Como si por el hecho de compartir un espacio común ya no hubiera nada que decir. Y en realidad no tiene mucho que ver.

En tercer lugar está la sexualidad. Entendida no solo como genitalidad sino como algo más amplio. Si la comunicación en el conocimiento de la otra persona, la sexualidad es la comunicación entre los cuerpos. Incluye, deseos, miradas, caricias, abrazos, roces, sonrisas, contacto físico y relaciones sexuales. A veces es el anclaje más fuerte en la relación, porque el deseo y el sexo pueden crear lazos adictivos y dependencia. Por eso muchas parejas resuelven conflictos no sexuales a través del sexo. Y hablan de la fuerza de las reconciliaciones, pero a la larga no funciona, porque no se pueden resolver en la cama asuntos que se crearon fuera.

El último son los proyectos comunes. Y son proyectos comunes todo aquello que nos permite construir un nosotros, aquello que compartimos y acordamos, que decidimos juntos y hacemos juntos. Desde la educación de los hijos, cambiar la moqueta o el destino del próximo viaje.

Estos son los cuatro pilares básicos de una relación de pareja. La situación ideal es que se den los cuatro y más o menos en la misma proporción. Pero lo habitual es que unos compensen a otros, por ejemplo la relación puede apoyarse mucho en la comunicación y tener una sexualidad más pobre. O incluso puede que falte alguno de esos pilares. Con tres la relación puede mantenerse, con dos se cae. De todos el más importante es la comunicación y el más adictivo la sexualidad.

Además existen dos facilitadores: los detalles y los valores. Ninguno de los dos por sí solo da valor a la relación o la dota de contenido, pero si la hacen más fácil o la complican. Cuidar los detalles en la relación, hace que todo sea mucho más fluido, las personas valoramos mucho los detalles, sobre todo los detalles de los otros. Y somos muy sensibles cuando se pasan por alto. Los detalles son la forma en cómo hacemos las cosas y muchas veces esa forma es lo que más nos impacta de una manera determinante. Por eso a veces recordamos de una discusión el tono desagradable pero olvidamos la razón por la que discutimos. El otro son los valores, tener los mismos valores hace que la vida de parea sea mucho más sencilla. Pero curiosamente no es necesario compartirlos, hay parejas que funcionan perfectamente con ideologías políticas diferentes o credos religiosos distintos. Indudablemente ayuda mucho compartir la misma escala de valores, sobretodo si se incluye en proyectos comunes.

FRASE: “Una pareja feliz es una larga conversación que siempre parece demasiado corta”. André Maur

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